León, Gto., 27 de marzo del Año 2007


“FAMILIA, SÉ LO QUE ERES”


El afán de este comentario no es entrar en un ambiente de confrontación o de polémica, sino expresar, de manera serena y convencida, algunas de las convicciones que constituyen el fundamento de lo que entendemos por identidad de la familia y del matrimonio. No se trata de afirmaciones que sólo se sostienen en convicciones religiosas, sino que arrancan de la misma verdad del hombre, de su vocación y de su misterio. Esto es lo que llamamos la base antropológica de la familia que ha sido asumida y perfeccionada por Dios mismo.

Es injusto y ofensivo colocar adjetivos y descalificaciones a la doctrina de la Iglesia, como si ella hubiera establecido las bases sobre las que se fundamenta la verdadera identidad de la vida familiar, y como si estuviera en su poder modificar las características fundamentales de esta institución humana. No, la Iglesia encuentra la estructura esencial de esta célula de la sociedad, que es anterior al Estado y a la Iglesia misma, y solamente la predica, la profundiza y ayuda a su comprensión. Ya Aristóteles había afirmado que no puede entenderse la sociedad sin la familia y esta es “anterior y superior al Estado” (Ética a Nicómaco- VIII, 15-20).

La actitud prejuiciada a toda enseñanza que viene de la Iglesia lleva, a no pocos, a descalificar de entrada toda palabra del magisterio eclesiástico, rechazándolo sin una verdadera reflexión y sin valorar sus fundamentos.

La verdad es que la familia no nos pertenece, no es hechura humana. “La familia es la célula original de la sociedad humana y es anterior a cualquier reconocimiento de la autoridad pública. Los principios y valores familiares constituyen el fundamento de la vida social. La vida de familia es una iniciación a la vida de la sociedad” (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica – 457).

Estas afirmaciones sólo pueden ser desechadas por quienes están convencidos que todo está sujeto a la libre decisión de la voluntad humana, expresada en leyes y reglamentos subjetivos y siempre cambiantes. Si algo es aprobado por la decisión de las mayorías eso es verdadero, es justo y es conforme al funcionamiento de una sociedad democrática. Olvidando que la democracia está sujeta a una verdad superior y sin cuyo respeto la vida democrática acaba destruyéndose ella misma.

Muchas de las afirmaciones que hoy se hacen sobre el significado de la familia y del matrimonio arrancan de una concepción reductiva de la verdad del hombre mutilan su dimensión espiritual y sólo aceptan los aspectos exclusivamente relativistas y cambiantes. La verdad de la institución del matrimonio, tomando como punto de partida su misma conformación, y no sólo convicciones religiosas, consiste en la unión de amor y de vida entre un hombre y una mujer, en entrega de complementariedad y de fecundidad, para toda la vida. Los poderes públicos deben respetar, proteger y favorecer la verdadera naturaleza del matrimonio, la moral pública, los derechos de los padres y el bienestar doméstico.

Hoy en día se hace necesario proclamar con valentía estas convicciones, oscurecidas por ataques que vienen de un pensamiento materialista y consumista. Con frecuencia se pretende generar confusiones, utilizando lenguajes manipulados con el fin de hacer aparecer como inofensivas y hasta completamente aceptables, afirmaciones que llevan a la destrucción del matrimonio y de la vida familiar. Es el caso de palabras como “interrupción voluntaria del embarazo” “pro-choice” “parejas de hecho” “sociedades de convivencia”, etc.

La defensa de la verdad constitutiva de la familia es indispensable porque en ello se juega el futuro de la humanidad, la realización del ser humano y sus posibilidades de fidelidad y de felicidad. Estamos frente a una realidad que debe interesar al hombre y a la sociedad como tales, a creyentes y a no creyentes.

Nuestro empeño no es imponer a quienes no tienen nuestra fe lo que se desprende de nuestro credo, sino lograr que la familia cumpla su vocación propia. “FAMILIA, SÉ LO QUE ERES”.


† José G. Martín Rábago
Arzobispo de León.

 

© 2007 CEM :: CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO