El Salto, P.N. Dgo., 3 de mayo de 2007

 

 

Mensaje de los Obispos
de la Provincia Eclesiástica de Durango

“He venido para dar la Vida a los hombres y para que la tengan en plenitud.
Yo Soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da la vida por las ovejas…”

Jn.10,10

A los presbíteros, religiosos, religiosas y fieles laicos
A los hombres y mujeres de buena voluntad

El Arzobispo de la Arquidiócesis de Durango, los Obispos de las Diócesis de Mazatlán, de Torreón y de la Prelatura de El Salto, al concluir nuestra tercera reunión de la Provincia Eclesiástica de Durango efectuada los días 2 y 3 del presente mes en El Salto, P.N. Dgo., conscientes de nuestra misión de hacer presente al Buen Pastor, queremos compartir nuestra reflexión en torno a la vida y al aborto, realidades que en las últimas semanas han estado en nuestro corazón de pastores.

Con Jesús, el Buen Pastor que ha venido a dar Vida y a darla en abundancia, nos declaramos a favor del absoluto e irrestricto respeto a este REGALO maravilloso que recibimos del Creador y Padre de todos, fruto del amor de nuestros padres en el momento de la concepción. El mandamiento grabado en el corazón del hombre y de la mujer: “NO MATARÁS”, no sólo pone un límite a las decisiones y acciones que las personas pueden realizar, sino que las coloca frente a una rica vertiente de amor y respeto por los seres humanos, creados todos a imagen y semejanza de Dios. Asumir este mandato con todas las consecuencias que esto implica -aún en las situaciones más problemáticas de la existencia- garantiza la conquista de la auténtica libertad, que no consiste en actuar irresponsable y caprichosamente buscando los propios intereses, sino en “amar hasta el extremo” como el Señor Jesús nos ha amado. (Jn 13,1)

Anunciando el Evangelio de la Vida, queremos tocar la conciencia y el corazón de cada persona para suplicarle desde nuestro corazón de padres, pero con la firmeza de nuestra fe cristiana: ¡Que no se repita hoy la historia de Caín y Abel! ¡QUE NADIE MANCHE SUS MANOS CON SANGRE INOCENTE! ¡Que no grite desde la tierra la sangre de los hermanos! ¡Que nadie escuche en su conciencia el doloroso reclamo de Dios: “¿DÓNDE ESTÁ TU HERMANO?”... “¿QUÉ ES LO QUE HAS HECHO?” (Gen. 4,8ss)

La vida de las personas sólo le pertenece a Dios. Decidir sobre quien debe vivir o no, es algo que no le corresponde a ningún ser humano. Hacerlo es pretender ocupar el lugar de Dios y -como no lo somos- quien así lo haga, seguramente estará recorriendo el camino que le hará sucumbir ante el espejismo de que todo lo puede, y que todo le está permitido, haciéndose así esclavo de la dictadura de sus más profundos egoísmos y temores.

Abrazar la vida es confiar en Dios. Es creer que Él ha llamado a cada ser humano a un encuentro maravilloso de salvación y plenitud. Respetar la vida de todo ser humano, desde la concepción hasta su muerte, es creer que si Dios le ha dado la oportunidad de existir y de llegar a la Plenitud de la Vida, nosotros no podemos privarle de ese derecho divino.

Con firmeza reiteramos hoy lo que ya todos los Obispos de México afirmamos el pasado 19 de abril, al concluir la LXXXIII Asamblea General del Episcopado. Entonces dijimos: “Los Obispos, como pastores del Pueblo de Dios, compartimos nuestra preocupación sobre el tema de la vida y recordamos que “una obligación primaria del Estado consiste en velar y defender el derecho natural de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte. Si una ley positiva ‘priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del estado de derecho’” (Del Encuentro con Jesucristo a la Solidaridad con todos, No. 283). Ningún hombre o mujer, profese la religión católica o no, debe apoyar las propuestas sociales o políticas que favorezcan acciones contra la vida como el aborto o la eutanasia. Debe constar con toda claridad que “el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito” (Juan Pablo II, Evangelio de la Vida, 62).

Con estas reflexiones realizadas con mirada y corazón de pastores, hemos querido exhortar a los creyentes en Cristo y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a permitir que su existencia entera, y las formas de pensar y actuar, sean iluminadas por la luz del Evangelio de la Vida. Creer en Cristo es asumir su enseñanza y colocar el Evangelio como norma fundamental de toda conducta humana.

Que la Santísima Virgen María, quien con amor y delicadeza llevó en su seno al Autor de la Vida, nos ayude a seguir proclamando con firmeza y claridad el valor y la dignidad de todo ser humano, y nos sostenga en los esfuerzos por defender la Vida plena a la que Dios, Padre amoroso, ha llamado a todo ser humano.

Con nuestra bendición de Pastores:

 

+ Mons. Héctor González Martínez
Arzobispo de Durango


+ Mons. José Guadalupe Galván Galindo
Obispo de Torreón

 

+ Mons. Mario Espinosa Contreras
Obispo de Mazatlán


+ Mons. Ruy Rendón Leal
Obispo de El Salto

 

+ Mons. Juan de Dios Caballero Reyes
Obispo Auxiliar de Durango

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