Morelia, Mich. a 6 de abril de 2008

 

Palabra del Obispo:
Por Cristo, la Eucaristía nos une al Padre: San Hilario

San Hilario nació en Las Galias (hoy Francia) alrededor del año 310, de una familia distinguida. Se educó en Burdeos, centro cultural en aquella época. Pidió el Bautismo siendo ya adulto y fue elegido Obispo de Poitiers a los 40 años de edad. Valiente defensor de la divinidad de Cristo contra la herejía de los arrianos, fue desterrado al Asia Menor del 356 al 360. Durante esos años escribió su obra más importante acerca de la Santísima Trinidad. Habiendo regresado a su Diócesis murió en 367.

A partir de la reflexión sobre la Eucaristía, San Hilario quiere demostrar que Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, se une a nosotros por su Cuerpo y su Sangre, y nos une al Padre porque conserva plenamente su naturaleza divina. De ahí también se deriva la unidad de la Iglesia a semejanza de la unidad que se da entre las Divinas Personas.
“ Todos nosotros somos una sola cosa, porque Cristo está en el Padre y Cristo está en nosotros… Si verdaderamente Cristo asumió la carne de nuestro cuerpo, y verdaderamente aquel hombre que nació de María es Cristo, y nosotros verdaderamente recibimos en el Sacramento la carne de su Cuerpo, seremos por ello una sola cosa, dado que el Padre está en Él y Él en nosotros”.

Al recordar que el Señor Jesús se presentó diciendo “Yo soy el Pan vivo bajado del Cielo”, con firmeza y claridad proclama el poder y la divinidad de Aquel cuya concepción no está en la concepción humana. Por ello es “Pan de vida eterna”. Pero al mismo tiempo advierte que “ha asumido la carne concebida por el Espíritu Santo y nacida de la Virgen” para hacerse verdadero pan. En la Eucaristía recibimos, pues, al Verbo Encarnado.

San Hilario es testigo de la fe de la Iglesia de su tiempo acerca de la Eucaristía como sacrificio, cuando describe la brutalidad con la que los perseguidores arrestaban en la misma celebración a los sacerdotes. “Lucio mandaba que se echara a los perros, si me es lícito decirlo así, el sacrificio realizado por sacerdotes íntegros y santos”.

La interpretación eucarística del Padrenuestro resalta en aquel texto que se le atribuye: “¿Qué otra cosa quiere Dios, sino que cada día habite en nosotros Cristo, que es el Pan de vida y Pan del Cielo? Y como esta oración es cotidiana, todos los días oramos que se nos conceda”.

Este Sacramento es prenda de vida eterna para nosotros porque, al recibirlo, nuestra vida y la de Cristo quedan compenetradas. “Es la mesa del Señor, de cuyo alimento comemos, quiero decir del pan vivo, cuya virtud consiste en que, viviendo Él, también vivifica a aquellos que lo reciben”.


+ Alberto Suárez Inda
Arzobispo de Morelia

 

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