Morelia, Mich. a 13 de abril de 2008

 

Palabra del Obispo
San Cipriano: de la Eucaristía, al cáliz del martirio

San Cipriano nació alrededor del año 210, de familia pagana. Desde niño se distinguió por su carácter apacible y bondadoso. Convertido al cristianismo, fue elegido Obispo de Cartago cuando aún no tenía 40 años. Tuvo que afrontar tiempos muy duros de persecución, sufrió el destierro y murió decapitado en 258. Sus escritos abundan en referencias doctrinales y también de orden práctico respecto a la Sagrada Eucaristía.

Como es explicable, resalta la relación de la Eucaristía con el Martirio. En una carta que dirige al Papa Cornelio, expresa que el Cuerpo y la Sangre de Cristo son las armas que defienden en el combate a los cristianos. "¿Cómo los vamos a preparar para el cáliz del Martirio, si primero no los admitimos a beber en la Iglesia el Cáliz del Señor?"

Da importancia a la práctica de honrar en la liturgia la memoria de los Mártires. "Que me hagan saber los días en los que nuestros dichosos hermanos parten de la cárcel a la inmortalidad con una muerte gloriosa, y celebremos aquí oblaciones y sacrificios en conmemoración de ellos".

Atestigua la costumbre de celebrar todos los días la Eucaristía invitando a los fieles a participar asiduamente en los santos misterios. "Los Sacerdotes que celebramos a diario los sacrificios de Dios preparamos hostias y víctimas para el Señor. Cuando amenaza una lucha más dura y feroz, los soldados de Cristo beben todos los días el Cáliz de la Sangre de Cristo para poder derramar la sangre por Cristo".

La unidad de los bautizados con Cristo y entre sí está simbolizada en los signos sacramentales. "Si sólo ofreces vino, Cristo está ahí sin nosotros; si sólo ofreces agua, estaría el pueblo sin Cristo; más cuando ambos se mezclan de tal modo que se confunden uno con el otro, entonces se realiza el sacramento espiritual. De modo semejante a como la harina sola o el agua sola no pueden ser el Cuerpo del Señor, si no están amalgamadas en la masa formando un solo pan, así debemos aprender que en Cristo, Pan del Cielo, hay un solo Cuerpo al cual está unida la multitud de nuestro pueblo".

Un tema delicado que tuvo que afrontar fue el de la admisión a la Eucaristía de los "caídos", es decir, de aquellos cristianos que atemorizados por la amenaza de muerte cedieron sacrificando a los ídolos. Ante dos posturas extremistas de algunos pastores que, sin dar mayor importancia a esa defección, les daban la Comunión y de otros rigoristas que se la negaban, opta por una vía equilibrada dando la absolución y la Comunión a quienes se mostraban sinceramente arrepentidos.

También entiende San Cipriano la oración del Padrenuestro en clave eucarística, de modo que al pedir el pan de cada día piensa en que no nos falte el Cuerpo de Cristo, "Pan de Vida".


+ Alberto Suárez Inda
Arzobispo de Morelia

 

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