Tehuacán, Pue., 17 de abril de 2008

 

Ordenaciones sacerdotales en Tehuacán

Mañana viernes 18 de abril tendremos en la iglesia catedral la ordenación de un diácono –Hilario Montalvo Bolaños, originario de Coyomeapan- y de dos sacerdotes –Juan Carrera Ramírez y Jesús Edmundo Flores Beristáin, ambos originarios de esta ciudad de Tehuacán-. Me vienen a la mente y al corazón muchos pensamientos y sentimientos: recuerdo mi propia ordenación de diácono y de sacerdote, con la alegría que me embargaba, pero también con la responsabilidad que asumía, al llegar a una meta largamente esperada, la cual se convertía, a su vez, en punto de partida para el servicio en el ministerio sacerdotal.

Ahora como Obispo, al prepararme y luego al realizar la ceremonia de la ordenación diaconal o sacerdotal, me lleno de esperanzas pero también de interrogantes sobre lo que pueda ser la libre respuesta de cada uno de los que se ordenan. Los pongo en el corazón de Cristo Jesús: que Él siga siendo su gran Ideal; que ellos decidan configurarse con Cristo Jesús, para hacerlo presente a través de su servicio. Y si anhelo que ellos y cada sacerdote asuma el camino de la santidad, yo debo ser testigo que lo va logrando y quiere acompañarlos. Quiero “servir y dar la vida” con ese objetivo.

Pero somos frágiles y a veces nos gana lo humano que se aleja de Dios en lugar de aceptar ser redimido. Aquí recuerdo y hago mías las palabras del Papa Benedicto XVI en el viaje pastoral que está realizando a los Estados Unidos, cuando todavía antes de bajar del avión respondió a las preguntas de los reporteros. Acerca de los abusos sexuales de los sacerdotes, con humildad, valentía y precisión comentó el sufrimiento y la vergüenza que siente por los actos de pederastia de los sacerdotes, quienes fracasaron en la misión de llevar alivio y el amor de Dios a esos niños; que quien es verdaderamente culpable de pedofilia no puede ser sacerdote; que es importante ayudar a las víctimas; también hay que intensificar la atención para que los seminaristas reciban una profunda formación espiritual, humana e intelectual, realizando igualmente un discernimiento muy severo, porque es más importante tener buenos sacerdotes que tener muchos.

Reitero que los sacerdotes somos frágiles y debemos continuar en espíritu de formación permanente, que incluye la conversión para ser auténticos discípulos y misioneros de Jesucristo y, más aún, actuar “en persona de Cristo Cabeza, Pastor, Siervo y Esposo de la Iglesia”.

Invito a usted a orar por los sacerdotes: por los que andan titubeantes, desanimados, cansados; por los que se sienten solos; desde luego también por los que han gastado silenciosamente su vida en entrega generosa a los demás, por los que nos han escuchado, comprendido y ayudado, los cuales, bendito sea Dios, son muchos.

Oremos especialmente por Hilario, Juan y Jesús Edmundo y por todos los que estén por ordenarse en estas fechas a lo largo del mundo entero.

Y que todos, sacerdotes, religiosas y laicos, nos lancemos en el seguimiento y anuncio de Cristo Jesús, el Tesoro escondido por El que vale la pena relativizar lo demás.


+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán

 

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