Tehuacán, Pue., 24 de abril de 2008

 

Está próximo el 30 de abril, Día del Niño



Los niños son don de Dios y signo de Su presencia en las familias y en la sociedad.
“Jesús escogió a los niños con especial ternura (cf. Mateo 19,14) y presentó su capacidad de acoger el Evangelio como modelo para entrar en el Reino de Dios (cf. Marcos 10,14; Mateo 18,3)” (Documento de Aparecida 438).

Es saludable que los adultos nos dejemos invadir y llenar de la sonrisa y cariño de los niños, quienes de esa manera nos ayudan a romper la monotonía, el aislamiento, a superar la experiencia frustrante de tantas situaciones difíciles de la vida.

Me llena de regocijo encontrarme con niños espontáneos y expresivos, de mirada limpia y sonriente, señal de que han crecido en un hogar donde se han experimentado amados.

Felicito y bendigo a las personas e instituciones que dedican tiempo y energía a favor de los niños, especialmente los discapacitados y los desprotegidos por venir de hogares en conflicto, a quienes el Papa Juan Pablo II se refería como “niños huérfanos de padres vivos”.

Me duele saber de niños que sufren violencia al interno de su familia; de los que experimentan la presión de tener que trabajar para llevar dinero a la casa, pero que, peor aún, el papá utiliza inadecuadamente, por ejemplo para embriagarse; de los niños que han soportado abuso sexual, especialmente me uno a la vergüenza del Papa Benedicto XVI cuando los abusadores han sido sacerdotes. Pero no nos disparemos en la condena de otros; invito a usted a que hagamos un reconocimiento humilde y valiente, con espíritu de arrepentimiento, de lo que hayamos hecho o dejado de hacer en contra de los niños.

Celebrar el Día del Niño nos lleva a comprometernos por ofrecer a los niños:

• Un hogar, una familia integrada, con el amor de papá, de mamá, de los hermanos;
• Una educación integral y de acuerdo a su edad en la afectividad, la sexualidad, la libertad y la responsabilidad;
• Testimonio y ejemplos concretos de vida de fe, de oración, potenciando los procesos de iniciación cristiana, que culmina en la vivencia plena de la Eucaristía mediante la comunión;
• El apoyo y acompañamiento para que den testimonio de Jesús como verdaderos misioneros.

Usted puede dialogar en casa -en familia-, para hacer tangible el que los niños sean en verdad “la primavera de la familia y de la sociedad”.

El Día del Niño sea una ocasión especial para que la familia y las instituciones promuevan el valor de la vida humana, como don y tarea que inicia desde la concepción y se prolonga en ejercicio de solidaridad.


+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán

 

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