Parroquia de San Bernardo, Guadalajara, Jal, 10 de abril de 2008

 

Cálida y piadosa ceremonia
Experiencia y frescura: los dos nuevos Obispos
José de Jesús Parada Tovar


Todos los Obispos presentes impusieron las manos
a sus nuevos compañeros en el Colegio Episcopal.
Fotos: Brenda Garnica


Muy en sintonía con el tiempo pascual de la Resurrección de Jesús, la ordenación episcopal de los dos nuevos Obispos Auxiliares de la Arquidiócesis de Guadalajara: Mons. Juan Humberto Gutiérrez Valencia y Mons. José Francisco González González, constituyó una ceremonia llena de solemnidad, de ricos signos litúrgicos y de inocultable alegría entre los casi 40 Obispos y más de 300 sacerdotes concelebrantes, decenas de religiosos y religiosas, centenares de seminaristas y miles de fieles que colmaron el templo y los anexos de San Bernardo para participar en la Misa de Consagración, presidida por el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, Arzobispo Metropolitano.

Por cuarta vez, este espacioso recinto parroquial fue el escenario para una ceremonia de unción de nuevos prelados, y todas las anteriores fueron también en la persona de Obispos Auxiliares de esta jurisdicción diocesana. Poco antes de las 11 de la mañana del jueves 10 de abril, fue introducida al presbiterio del templo la venerada imagen de Nuestra Señora de Zapopan, aclamada con cantos, ovaciones y plegarias. Fueron tomando posesión de sus lugares los Monseñores, los Canónigos del Cabildo y los Presbíteros que concelebraron la Eucaristía.

Al hacer su ingreso, los 37 Arzobispos y Obispos, encabezados por el Cardenal Juan Sandoval y el Nuncio Apostólico de la Santa Sede en México, el Arzobispo francés Christophe Pierre, las campanas tocaron a rebato y la Schola Cantorum del Seminario Diocesano Mayor entonó, de entrada: “Tierra entera, canta con gozo al Señor”. Al fondo, testigo mudo e imponente, que incita lo mismo a la piedad que a la admiración, el mural del singular pintor Alfonso de Lara Gallardo, que resume la Historia de la Salvación y centra precisamente el discurso temático en Jesucristo Resucitado.

Rito especial
Obviamente, varía la liturgia en este género de celebraciones, por tratarse de una particular solemnidad y motivo. Al Obispo Juan Gutiérrez lo acompañaron, a ambos lados: su hermano Luis, sacerdote religioso, y el Canónigo y Monseñor Ramiro Valdés Sánchez, Vicario General de la Arquidiócesis; al Obispo Francisco González: sus hermanos presbíteros Juan y Miguel Ángel. Al primero de ellos lo representó, entre los prelados concelebrantes y próximos al Cardenal y al Nuncio, el Arzobispo de Oaxaca, José Luis Chávez Botello; al segundo: el Obispo Auxiliar y Rector del Seminario Diocesano, Miguel Romano Gómez. También junto al presidente de la celebración, el Obispo de Texcoco, Carlos Aguiar Retes, máximo dirigente de la Conferencia Episcopal Mexicana.

Además de cantos comunitarios y del “Veni Creator” polifónico, el grupo coral de seminaristas interpretó la Misa “Regina Pacis”, de Pietro A. Yon y, a la salida, el “Ecce Sacerdos Magnus”, de Licinio Refice, bajo la dirección del Mtro. Víctor Manuel Amaral Ramírez.

Gracias a la oportuna distribución de folletos instructivos, la asamblea de fieles fue siguiendo paso a paso el curso y significado de la ceremonia.

Como parte de la Liturgia de la Palabra, un hermana de Mons. Gutiérrez Valencia dio lectura a versículos de los Capítulos 20 y 38 del Libro de los Hechos de los Apóstoles, referidos a las recomendaciones del Apóstol Pablo a los primeros presbíteros. Un hermano de Mons. González leyó parte de la segunda Carta del Apóstol Pablo a Timoteo, a quien exhorta a revivir el don de Dios adquirido mediante la imposición de las manos.

El Buen Pastor
El Evangelio de San Juan, en su Capítulo 10, habla de la afirmación de Jesús como el Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas, las conoce, y éstas a Él. Tema por demás alusivo a un Obispo. Por eso el Nuncio Apostólico, en la homilía, advirtió a los nuevos Obispos que esas bellas palabras no son mera poesía, sino teología que exige sacrificio: “El Buen Pastor da la mejor comida, defiende a sus ovejas, las guía, conoce y ama. Nos libera de la esclavitud, aniquila el mal, la injusticia y el desamor”.

Luego enfatizó el representante papal que la vida consagrada, por el Sacramento del Orden, perpetúa la obra del Pastor, demanda valentía, humildad y perseverancia. Y añadió: “La vida sacerdotal no es auténtica sin una respuesta radical y generosa. Aquí, para un pueblo inmenso y tan diversificado, se requieren pastores fieles, atentos, cuidadosos, dinámicos y valientes; que sean sal y luz; que sean maestros de la fe, la esperanza y la caridad con su palabra y sus ejemplos; que vivan constantemente alimentados con la oración”. Finalmente, aludió al necesario acompañamiento de María como Madre y profesó su admiración por la arraigada devoción hacia la Virgen de Zapopan.

Los emotivos pasos
Conforme a la secuencia ritual, antes de ser consagrados, los obispos preconizados (elegidos por el Santo Padre) reciben una carta de aceptación, llamada “mandato apostólico”, que es leída a la asamblea, y proceden a proclamar, ante el Obispo consagrante, las promesas de fidelidad, obediencia y entrega a su tarea de pastores. El Coro entona enseguida la Letanía de todos los Santos, momento en que se postran de bruces los próximos a ser ordenados.

En uno de los instantes más solemnes, y ante la plena atención de la asamblea, el Cardenal Juan Sandoval impuso las manos sobre las cabezas de sus próximos Auxiliares, invocando al Espíritu Santo. Otro tanto hicieron, uno por uno, los 38 restantes prelados. Acto seguido, les impuso también, sobre la crisma, los Santos Evangelios, y proclamó la plegaria de ordenación. Luego ungió con el santo Crisma la cabeza de los ordenados, arrodillados ante él, les entregó los Libros de los Evangelios, para que los anuncien “con sabiduría y perseverancia”; les impuso el anillo, símbolo de fidelidad a la Iglesia, esposa santa de Dios; les impuso la mitra, signo de santidad, y les entregó el báculo, distintivo del pastor.

Tras el abrazo de paz, ya investidos con todos los elementos episcopales, los flamantes Obispos se sentaron alternamente por un momento en la sede o cátedra, y luego al lado del Arzobispo Metropolitano.


El Obispo tiene autoridad para enseñar la Palabra de Dios.
Por eso el signo del Evangelio sobre su cabeza.
Fotos: Brenda Garnica


Gratitud, ante todo
Al término de la Misa, instantes después de que los nuevos mitrados bendijeron a los asistentes tomando en sus manos la imagen de la Virgen de Zapopan, el Cardenal Sandoval Íñiguez tomó la palabra para agradecer al Papa Benedicto XVI, en la persona de su Nuncio en México, “su trabajo diligente para lograr, en poco tiempo, esta ayuda tan valiosa para la Arquidiócesis de Guadalajara mediante la aceptación y nombramiento de dos Obispos Auxiliares”.

De la presencia de tantos Obispos, encomió este gesto de colegialidad de la Iglesia, así como la concurrencia de numerosos sacerdotes, muchos de ellos venidos de lejos. A sus recién consagrados les dijo: “Gracias que aceptaron... ¡pero ya verán de lo que se trata!. Hoy es como un Domingo de Ramos, pero un Obispo vive muchos Viernes Santos. De todos modos, nunca falta la ayuda de Dios”.

Luego, al solicitarles una atención comedida a los sacerdotes, se dirigió a éstos pidiéndoles que tengan confianza en los Obispos Auxiliares y acudan a ellos con la seguridad de que lo que traten con ellos lo avalará el Arzobispo. Y, coloquialmente, les apostilló: “Ya sé que los procurarán con frecuencia en estos días para confirmaciones o fiestas patronales, porque, ‘siendo nuevo, aunque sea de manta’, como dice el refrán”.

Previamente, Mons. Gutiérrez Valencia externó su gratitud a Dios, al Sumo Pontífice, al Nuncio y al Cardenal esta elección, y dijo experimentar dos sensaciones, equiparables a los pasajes evangélicos de la Transfiguración del Señor en el Monte Tabor (“¡Qué bien se está aquí!”), y la contemplación de la Ascensión de Jesús, por lo que representa la presencia de la Iglesia y su inmediata disposición a trabajar por el Reino de Dios.

En su turno, Mons. Francisco González, vitoreado desde los pisos altos del templo por sus ex pupilos del Seminario Menor, reconoció como ardua y pesada su nueva labor ante las mayores exigencias de servicio y aun de comprometer una actividad eficaz, cimentada en la vida interior y la oración.

Concluido el acto eucarístico, la euforia se abrió paso y soltó amarres. Los familiares de los recién ordenados Obispos apenas se daban abasto para compartir las congratulaciones, al igual que los festejados. Se combinarán la experiencia de uno y la frescura y dinamismo de otro para renovar y reforzar el servicio pastoral en Guadalajara, según lo había dicho el mismo representante del Papa.

 

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