Irapuato, Gto., 27 de enero de 2008

 

Se necesitan nuevos ciudadanos para transformar el país

El pasado 1 de enero, entró en vigor la última etapa de desgravación arancelaria del Tratado de Libre Comercio entre nuestro país, los Estados Unidos y Canadá. Con este paso se abren totalmente las fronteras para la importación y exportación de productos agropecuarios. Esto significa que se podrá comprar y vender maíz, fríjol, azúcar, leche en polvo y otros productos, sin restricciones arancelarias entre los tres países.

La Comisión Episcopal para la Pastoral Social dirigió un mensaje sobre las consecuencias de la desgravación para los indígenas y campesinos. México no puede cerrar sus fronteras indefinidamente no sólo porque no somos autosuficientes en todo, sino porque actualmente el mercado sobrepasa los límites nacionales, con sus beneficios y sus limitaciones.

En nuestra diócesis de Irapuato entre 400 y 500 mil personas viven y trabajan en zonas rurales. Existe el riesgo de un mayor empobrecimiento y de empujar a muchos campesinos a abandonar el campo y emigrar a las ciudades que no están preparadas para recibirlos, a emigrar o ceder a la tentación de los cultivos ilícitos.

Me hago solidario con mis hermanos, expreso mi preocupación y deseo colaborar en la aplicación de medidas oportunas que nos permitan enfrentar estos nuevos desafíos. El Papa Benedicto XVI nos recordó en su encíclica Deus Caritas est núm. 28 que “el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política y no de la Iglesia. Pero la Iglesia no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia”.

Se hizo muy poco en México para preparar este momento, pero no es posible dejar solos a nuestros hermanos en el campo. Por eso apoyamos la iniciativa de que se estudien y se negocien las cláusulas de excepción ya previstas en el tratado mismo. Es urgente e impostergable destinar más recursos estatales al campo y cuidar su recta aplicación en asesoría, capacitación, nuevas tecnologías, organización de los pequeños y medianos propietarios que con cooperativas de cultivo y consumo hagan más rentables los cultivos.

Estos riesgos vividos tan agudamente nos vuelven a hacer concientes de que no necesitamos paliativos temporales para situaciones de emergencia, sino una solución al problema estructural del país que sus habitantes, con poca participación y corresponsabilidad ciudadana, no acaban de sentir suyo sino acaso de sus partidos y de sus élites, donde el sistema produce pocos dueños y muchos empleados; pocos ricos, una débil clase media y 40 millones de pobres, de donde cientos de miles de personas al año emigran.

La educación está atorada y la desigualdad es lacerante. El país ha funcionado explotando los recursos naturales, para cubrir sus gastos de funcionamiento, sin poder invertir suficientemente en la educación integral de su población, resignada, conformista, con escasos 8 años de escuela.

El sistema educativo actual cuesta mucho y rinde poco. Los sindicatos que controlan la educación están satisfechos con sus prebendas y no parecen buscar una reforma educativa innovadora que proponga cómo avanzar, que anteponga el interés de muchos, que forme ciudadanos emprendedores. En nuestro estado, en educación nos encontramos entre los últimos: el lugar 28. Con decisión se abrieron nueve nuevos planteles universitarios, pero nos estremece conocer que el 50% de quienes llegan a este nivel educativo lo abandonan antes de terminar.

Renovemos nuestro amor a México y renovemos nuestra fe en que podemos participar y conseguir su transformación. Necesitamos ser ciudadanos dispuestos a cambiar y a compartir la responsabilidad de transformar al país. Nosotros somos el país. Que esta actitud se transforme en convicción de muchos en las acciones cotidianas, sin estar esperando un gobernante que solo pueda solucionarlo todo.

Participemos responsablemente para que nuestros gobernantes, de verdad, puedan gobernar y no se vean constreñidos por la indiferencia a sólo administrar las inercias.

 

Mons. José de Jesús Martínez Zepeda
Obispo de Irapuato

 

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