Morelia, Mich. a 3 de febrero de 2008

 

Palabra del Obispo:
San Justino articula Eucaristía, fe, culto y caridad

Hoy me refiero a los escritos de San Justino, un gran pensador que, habiendo nacido de una familia griega pagana, buscó apasionadamente la verdad en varias escuelas filosóficas y se convirtió al cristianismo al encontrar en Cristo la respuesta a sus profundas interrogantes e inquietudes. Fue tal su convicción, que se dedicó con ardor a difundir abiertamente su fe; fundó una escuela en Roma y ahí mismo derramó su sangre cuando en el año 165 fue decapitado junto con otros mártires.

En sus Apologías y en el Diálogo con el judío Trifón menciona varias veces el tema de la Eucaristía como algo central en la vida de la comunidad cristiana. Nos da una descripción detallada de la celebración litúrgica y presenta aspectos de la doctrina sobre este Sacramento.

Cuando se acusaba a los cristianos con la burda calumnia de ser antropófagos, él defiende con claridad que se nos da “la carne y la sangre de Jesús”. Hace la comparación de que, así como “por la Encarnación el Verbo de Dios se hizo hombre y tomó carne y sangre para nuestra salvación”, también el pan y el vino “eucaristizados” por la fuerza de la palabra de oración no son ya “pan ordinario ni bebida ordinaria”.

Más aún, la fuerza de este Sacramento es capaz de transformar a los cristianos “para que seamos dignos de ser hallados perfectos conocedores de la verdad, buenos administradores y cumplidores de los mandamientos con obras, de suerte que consigamos la salvación eterna”.

El fruto de la participación en la Eucaristía se ha de manifestar, como lo dicen los Hechos de los Apóstoles, en el compartir de los bienes. “Nosotros, por tanto, después de esto (del Bautismo y de recibir la Eucaristía), recordamos ya para adelante estas cosas entre nosotros; y los que tenemos, socorremos a todos los abandonados, y siempre estamos unidos los unos con los otros”.

Y, abundando en esto mismo, dice: “Los ricos que quieren, cada uno según su voluntad, dan lo que les parece, y lo que se reúne se pone a disposición del que preside, y él socorre a los huérfanos y a las viudas y a los que por enfermedad o por cualquier otra causa se hallan abandonados, y a los encarcelados y a los peregrinos y, en una palabra, él cuida de cuantos padecen necesidad”.

Vemos pues cómo desde el principio han estado perfectamente articulados en la centralidad de la Eucaristía, cumbre y fuente de la vida cristiana, la fe, el culto y la caridad. Los cristianos creen, celebran y viven las exigencias de su vocación de “verdadera raza sacerdotal de Dios”, gracias a nuestro “Sacerdote” Jesucristo.


+ Alberto Suárez Inda
Arzobispo de Morelia


 

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