Morelia, Mich. a 10 de febrero de 2008

 

Palabra del Obispo:
San Ireneo y la Eucaristía

A San Ireneo se le ha llamado “Padre de la Teología Católica” por ser el primer eclesiástico que dejó una exposición más amplia de la fe enseñada por los Apóstoles. Oriundo de Asia Menor, nació por el año 130 y fue discípulo de San Policarpo, a quien dejó nada menos que el Apóstol San Juan al frente de la Iglesia de Esmirna (Turquía). Emigró a las Galias donde fue Presbítero y luego Obispo de Lyon (Francia). Murió mártir durante la persecución de Septimio Severo el año 202.

Sus escritos Contra los herejes y Demostración de la fe católica son, como sus títulos lo indican, de carácter apologético, es decir, dan argumentos contra diversos errores y exponen positivamente la doctrina católica. Respecto a la Eucaristía, podemos señalar algunos puntos principales.

Los dones del pan y el vino son parte de la creación material que es buena puesto que es obra de Dios. No es aceptable la teoría de los gnósticos, quienes afirmaban que la materia fue creada por un dios secundario quien dio principio a las cosas por pasión o ignorancia. La materia sería un “producto de desecho”.

La Encarnación del Señor es verdadera. El cuerpo, la carne, las venas y los huesos de Jesucristo no son algo aparente. El Verbo de Dios no se avergüenza de haber tomado esta realidad nuestra. Esa carne humana que tomó para Sí no está corrompida, tiene una dignidad.

El pan y el vino se transforman realmente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, al pronunciarse sobre ellos la Palabra de Dios. Es esa misma Palabra poderosa que plasmó el universo, incluso el trigo y la vid cuyos frutos se traen como ofrenda al altar. Por primera vez se menciona la “epíclesis”, es decir, la invocación al Espíritu Santo para que se realice la consagración.

Al recibir nosotros el Cuerpo y la Sangre del Señor nos hacemos miembros suyos. Son un sacramento que se nos da para nuestra salvación. Haciéndonos uno con Cristo es como se asegura la resurrección de nuestro cuerpo.

La Eucaristía es pues el momento y el medio privilegiado para confesar la fe. “Para nosotros concuerdan lo que creemos y la Eucaristía y, a su vez, la Eucaristía da solidez a lo que creemos”. En cambio, observa San Ireneo, los incrédulos se apartan de la salvación al despreciar la Eucaristía.


+ Alberto Suárez Inda
Arzobispo de Morelia


 

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