Durango, Dgo. 17 de febrero del 2008

 

E P I S C O P E O
LA MODERNIDAD (2)

Rómulo, último emperador romano occidental, fue destituido en el año 476, marcando con ello el fin de una época y dando lugar á la época carolingia. Para nuestro propósito, la caída de Constantinopla en poder de los turcos en 1453, junto con el descubrimiento de América en 1492 y la reforma protestante en 1519 inician el comienzo de otra época, que es en la que estamos y cuyos síntomas nos afectan considerablemente. Ya el Santo Padre Juan Pablo II, expresó en Santo Domingo en 1992: “en nuestros días se percibe una crisis cultural de proporciones insospechadas” (Discurso de apertura, n. 21).

No olvidemos pues, que desde la entrega del pasado 7 de octubre, con algunas interrupciones, venimos tratando el tema del “Cambio de Época” o desarrollo del secularismo, como desarrollo de las ideas que nos afectan hasta el momento. Propiamente, ya no cambios cada cien, cincuenta, treinta, diez o cinco años dentro de una misma Época, sino cambio a otra Época.

Vayan hoy estas premisas como apoyo, porque de repente la lectura se vuelve difícil y puede despistar por tratarse de abstracciones, siempre exigentes de concentración, como hoy que tratamos el tema de la Modernidad. Parece difícil, pero es necesario esforzarse en entender. Las premisas de apoyo reorienten el hilo conductor del tema.

Retomando pues el hilo, con algo de esfuerzo fijemos la mente en dos corrientes filosóficas de los siglos XVII y XVIII. El racionalismo continental y el empirismo británico; corrientes que ponen a los seres pensantes en el centro de la especulación filosófica.

El racionalismo desarrolla un pensamiento como nuevo intento de comprensión sobre el hombre, el mundo y Dios. Se introduce la frase de Descartes “pienso, por tanto existo”, es casi una tesis revolucionaria trasladando la razón del existir humano, de Dios al hombre y su razón, a sí mismo y su pensamiento. Por ahí siguen otros pensadores como Malebranche, Spinoza y Leibnitz. Los temas característicos serán: la búsqueda de la certeza, las ideas claras y distintas, los problemas derivados de la sustancia extensa y pensante, el espíritu de sistema que reconoce la verdad como coherencia lógica, el método deductivo y matemático, claridad, distinción y unidad, cierto desprecio y distanciamiento de la experiencia vivida y sensible. El método es más deductivo que observador, le interesan definiciones exactas y precisas más que la descripción de fenómenos reales.

El empirismo británico, comparte la búsqueda de la certeza, pero como su nombre lo indica, no se interesa por la especulación abstracta: no le interesa tanto el ser, sino cómo partiendo de la experiencia del conocer y de la afectividad se pueda llegar al conocimiento de la realidad. El empirismo queda ligado a la experiencia sensible: toda idea debe apoyarse en un dato sensible; toda abstracción es un mero producto de la imaginación separada de la experiencia. En cuanto al método, en vez de la deducción matemática del racionalismo, el empirismo sostiene la inducción, como espíritu analítico y observador de la experiencia.

Aterrizando un poco, podemos decir que, racionalismo y empirismo tienden a afirmar la autonomía absoluta del hombre y de su aislamiento respecto al Creador y las criaturas. El dicho “pienso, por tanto existo”, encierra al sujeto en la propia conciencia y obstaculiza alcanzar la realidad de las cosas; racionalismo calificado como una construcción imaginaria y artificial. Por su parte el método empirista igualmente para llegar al conocimiento, se debe detener en la misma sensación subjetiva. Como consecuencia: estos sistemas empujarán hacia la Ilustración del siglo XVIII, pero esa dirección terminará en ef escepticismo, esto es que el método para conocer la realidad de las cosas será una quimera, la teología como ciencia una contradicción y la moral objetiva será una ética hedonista y utilitaria. Para abrir esa cerrazón, habrá que esperar al espiritualismo y al personalismo contemporáneos, que abrirán al sujeto a la riqueza de la comunicación con el Absoluto y con los demás criaturas.

Por lo pronto, hoy es nuestra marcha por 20 de noviembre a favor de la vida, don de Dios.

 

+ Héctor González Martínez
Arzobispo de Durango

 

© 2008 CEM :: CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO