Tehuacán, Puebla., 14 de febrero de 2008

 

Día del amor y la amistad

Se ha ido consolidando prácticamente en todos los ambientes el 14 de febrero como el Día del amor y la amistad. Fecha para intercambio de regalos muy variados, pequeños o costosos, y con manifestaciones de amor auténtico o caricatura de amor. Invito a usted a que aprovechemos el Día para renovar el ejercicio de dar y recibir amor noble y elevado.

Efectivamente, quien es discípulo de Cristo Jesús, reconoce que “Dios es Amor”, como nos dice san Juan en su primera Carta (1Jn 4, 16) y el Papa Benedicto XVI recoge en su primera Encíclica, llamada precisamente “Dios es Amor”, y explica con detalle, profundidad y belleza, partiendo de cómo, desgraciadamente, “el término « amor » se ha convertido hoy en una de las palabras más utilizadas y también de las que más se abusa, a la cual damos acepciones totalmente diferentes.” (Dios es Amor, 2).

Si Dios es Amor y nosotros hemos sido creados “a imagen y semejanza de Dios” (cf. Gen 1, 26), por lo mismo estamos llamados a vivir el amor en plenitud, en la actitud de saber recibir y dar amor.

Pero de hecho en nuestras actitudes y comportamientos nos vemos movidos por dos fuerzas antagónicas: una según un impulso espontáneo, emotivo, de actuar según el agrado o desagrado, en actitud egocéntrica, o sea centrados en nosotros mismos; y otra fuerza según un impulso reflexivo, de lo que conviene o no, más allá de que nos guste o no nos guste, en perspectiva de trascendencia. Con nuestros comportamientos repetidos vamos definiendo cuál de estas dos es la fuerza principal que nos impulsa. Es normal que el niño se oriente principalmente por impulsos de tipo emotivo y en complacencia egocéntrica. Se supondría que el adulto se deja guiar por impulsos reflexivos y trascendentes; pero no siempre es así. Por otra parte el proceso de madurez no significa que desaparezca la primera tendencia –emotiva y egocéntrica- y sólo quede la segunda –reflexiva y trascendente-; sino que la primera tendencia –que sigue existiendo toda la vida- se subordine a la segunda.

Quien dice amar pero se deja guiar por impulsos emotivos y egocéntricos, lo que hace es someter a la otra persona a los caprichos personales. Con otras palabras, en este caso la expresión “te amo”, en verdad significa “te deseo para mí, busco mi bien”. Esto es caricatura del amor, es abuso de la otra persona.

En cambio quien dice amar y se deja guiar por impulsos reflexivos y trascendentes, con la expresión “te amo” deja de ponerse a sí mismo como centro y pone en el centro a la otra persona y su bien. En este caso, el “te amo” significa “deseo tu bien, me alegra tu felicidad”.

Esta segunda expresión de amor es la adecuada de quien se decide a ser discípulo de Cristo Jesús, porque aprende de su estilo de vida, ya que Jesús dijo que “no vino a ser servido, sino a servir y dar la vida por los demás” (cf. Mateo 20, 28). Este seguimiento de Jesús no nos despersonaliza ni nos empequeñece; al contrario, nos da la vida plena, porque nos sana, nos fortalece, nos humaniza y diviniza. “La vida en Cristo incluye la alegría de comer juntos, el entusiasmo por progresar, el gusto de trabajar y de aprender, el gozo de servir a quien nos necesite, el contacto con la naturaleza, el entusiasmo de los proyectos comunitarios, el placer de una sexualidad vivida según el Evangelio, y todas las cosas que el Padre nos regala como signos de su amor sincero.” (Aparecida, 356). “La vitalidad que Cristo ofrece nos invita a ampliar nuestros horizontes, y a reconocer que, abrazando la cruz cotidiana, entramos en las dimensiones más profundas de la existencia.” (Aparecida, 357). “La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás.” (Aparecida, 360).

Aprendiendo de Cristo Jesús y siguiendo su estilo de vida, en la medida que crecemos en responsabilidad con nosotros mismos y en nuestra vida de relación, especialmente en la medida que asumimos responsabilidades en relación con otras personas, invito a usted a que vivamos cada día -no sólo el 14 de febrero-, el amor y la amistad.

+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán

 

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