Tehuacán, Puebla., 21 de febrero de 2008

 

Jesús, la samaritana y nuestro camino cuaresmal

San Juan, en el capítulo 4 de su Evangelio, nos habla del encuentro y diálogo de Jesús con una mujer samaritana, junto al pozo de Sicar. “Dame de beber”, dice Jesús a la mujer. Jesús está fatigado y sediento. Pero, como explica san Agustín, “en realidad, de lo que tiene sed es de la fe de aquella mujer”.

En la figura de la mujer nos vemos colocados nosotros. “Dame de beber”, nos dice Jesús.
Tanto a la mujer como a nosotros, Jesús dice en seguida: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”.

Jesús tiene sed de nuestra fe, para ofrecer un agua viva que da la vida eterna.

Colgado en la cruz, Jesús exclamará: “tengo sed”. A su vez, del costado de Jesús brotará “sangre y agua”: la sangre, símbolo de la Eucaristía; el agua, símbolo del bautismo; ambas, sangre y agua, símbolo de la fecundidad espiritual que Jesús nos da con su muerte.

Con nuestras obras de piedad –oración, ayuno y limosna- especialmente durante este tiempo de Cuaresma, saciamos la sed de Jesús y la sed de tanta gente en torno nuestro. A su vez, con dichas obras de piedad, Jesús nos da el agua viva que da la vida eterna.
Invito a usted a que no dejemos de reconocer cuánto bien nos hace y cuánto bien hacemos con las obras de piedad a lo largo de nuestro día.

 

+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán

 

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