Oaxaca, 29 de junio de 2008

 

Solidaridad y responsabilidad ante la Carestía

Comunicado de Prensa

La preocupación principal de cualquier padre o madre de familia es la alimentación y la salud. La alimentación está ligada a la salud y a la calidad de vida de las personas. Una alimentación deficiente o una mala alimentación repercuten en el desarrollo físico, emocional e intelectual de los niños y niñas y, en consecuencia, en su propio futuro. Todas las amas de casa ven como el gasto diario tiene que estirarse para comprar lo indispensable. La tortilla, el frijol, el arroz, el aceite, el huevo, el jitomate y los demás artículos de primera necesidad, junto con el gas y el transporte han incrementado considerablemente su precio desde el inicio de este año. Esta realidad la padecen de una manera más dramática aquellos que no tienen, mes con mes, un salario asegurado, ni prestaciones que les permitan hacer frente a esta crisis.

El encarecimiento de los alimentos no puede ser una preocupación menor pues en la alimentación se juega la vida y el futuro de generaciones. Este problema necesita la atención de todos. No podemos quedarnos en una actitud de indiferencia mezquina frente a las necesidades del prójimo, pensando que es un problema exclusivo del gobierno; que es únicamente a él al que le toca responder a las necesidades de quienes no alcanzan a llevar a la mesa la comida suficiente para vivir. Sin duda que el gobierno tiene una enorme responsabilidad social frente a las necesidades del pueblo y debe actuar de manera rápida y eficaz para que los más pobres no queden desprotegidos frente a las leyes de una economía sin rostro humano; el hambre del pueblo nunca ha sido buena consejera, por el contrario es el caldo de cultivo de los rencores sociales.

Como sociedad, esta crisis, que se refleja en la carestía de los alimentos, es la oportunidad de demostrar que el hambre de los más pobres está por encima de cualquier interés particular; esto significa que es necesario unir nuestras fuerzas por el bien de los que tienen menos y de la sociedad misma, antes de que la crisis provoque daños mayores; de otra manera sólo nos manifestaremos como una sociedad egoísta e insensible, o se hará evidente una actitud perversa que busca sacar ventaja, ya sea económica o política, con el hambre del pueblo.

Por eso se hace necesario y urgente que el gobierno, los comerciantes, los empresarios, los sindicatos y los diferentes grupos de la sociedad civil busquemos juntos respuestas solidarias que permitan mejorar, no sólo la cantidad sino también la calidad de la alimentación de quienes casi siempre han padecido hambre. Todos los niveles de gobierno y todos los niveles de la sociedad debemos asumir nuestra responsabilidad. Es necesario mejorar las condiciones del campo y animar la producción de alimentos, para depender menos, pero también es necesario que se supere la corrupción y no se queden las ganancias en los intermediarios. Frente a la carestía de los alimentos también se necesitan actitudes de mayor austeridad entre todos, pues muchas veces por irresponsabilidad se desperdicia hasta lo poco que se tiene.

Con nuestra bendición para todos.


+ José Luis Chávez Botello
Arzobispo de Antequera-Oaxaca

+ Oscar Campos Contreras
Obispo Auxiliar de Antequera-Oaxaca

 

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