HOMILIA DE S.E. MONS. CHRISTOPHE PIERRE, NUNCIO APOSTOLICO EN MÉXICO, EN OCASIÓN DE LA TOMA DE POSESIÓN DE S.E. MONS.
JOSÉ MARÍA DE LA TORRE, OBISPO DE AGUASCALIENTES

(Jueves, 13 de Marzo de 2008)


1. Hace casi un año, la muerte de S.E Mons. Ramón Godínez dejaba huérfana a la Iglesia de Aguascalientes. Sin embargo, el Pastor amado, llamado por Dios a la comunión perfecta, ha dejado a este pueblo el ejemplo de un verdadero servidor del Evangelio. De su ser de Pastor, que Uds. experimentaron y conocieron, se manifestó un profundo amor a Cristo y a su Iglesia. Con el testimonio de su vida y de su muerte, él ha contribuido a “edificar” esta Iglesia que peregrina en Aguascalientes y que hoy va a ser confiada a las manos vigilantes de Mons. José María de la Torre.

Durante la sede vacante de la Diócesis el Arzobispo de León, Mons. Martín Rábago, aceptó con generosidad de acompañar esta Iglesia hasta el día de hoy. En nombre propio y del Santo Padre Benedicto XVI, quiero agradecer profundamente a este Buen Pastar por haber conducido esta Iglesia con sabiduría y amor.

Las lecturas que hemos escuchado, nos ayudan a descubrir el sentido profundo de la celebración de hoy, en este nuevo inicio para Iglesia de Aguascalientes. El Señor, que guía a su Iglesia, quiere ofrecerle un Pastor según su corazón; un Obispo que sea según el modelo del Buen Pastor que da la vida por sus ovejas.

Como dice el documento de Aparecida, “Los obispos, como sucesores de los apóstoles, junto con el Sumo Pontífice y bajo su autoridad, con fe y esperanza hemos aceptado la vocación de servir al Pueblo de Dios, conforme al corazón de Cristo Buen Pastor” (Aparecida, 186).

Monseñor De la Torre, la acogida que se le ha reservado a Usted después de su nombramiento por parte del Santo Padre, la alegría que brota espontáneamente del corazón e ilumina la cara de miles de diocesanos de Aguascalientes — Sacerdotes, Diáconos, Religiosos, Religiosas y Laicos — son una manifestación clara que Usted es recibido como un Don de Dios. Usted, por tanto, podrá ayudar a los fieles de esta Iglesia de Aguascalientes a seguir a Jesucristo, a escuchar su voz, a encontrarse con Él y a dejarse modelar y trasformar por su ejemplo y a ser Iglesia, Pueblo de Dios, animados por el Espíritu y testigo eficaz en el mundo del amor del Padre, al cual solamente el Hijo único puede darnos acceso.


2. Permítanme tomar, de la frase ya citada del Documento de Aparecida, tres palabras significativas, que nos permitirán y ayudarán a comprender la importancia y profundidad de este momento.


2.1. “Con fe y esperanza, Ud. aceptó la vocación de servir al Pueblo de Dios”. En su primera Declaración, Usted, Mons. José María, ha manifestado su sorpresa por haber sido “llamado”, por el Santo Padre, como Obispo de esta Diócesis de Aguascalientes; pero, sin dudar, Usted ha aceptado. Esta respuesta es un hecho coherente con la actitud de obediencia a Dios y a la Iglesia que marca su existencia de bautizado, de sacerdote, de Obispo. Nuestra vida toma su sentido cuando es vivida como una “vocación”, con su doble dimensión de llamada y respuesta. Las grandes figuras del Antiguo Testamento desde Abraham, los discípulos de Jesús y los Santos, que son al mismo tiempo motor y fruto del misterio de la Iglesia, todos ellos supieron responder con todo su ser a esta escogencia amorosa y exigente de Dios en su vida.

Nada de sorprendente por consiguiente, que el Obispo, a quien el Señor ha marcado con su amor y formado a través de una larga historia, se muestre dispuesto a su nueva Misión, bella, apasionante, como también llena de retos y obstáculos.

Usted ha recibido ese llamado con fe y es esta fe, alimentada con la esperanza la que nos permite responder con generosidad a la llamada del Señor. Como nos ha dicho el Profeta Isaías en la primera lectura, Usted reconoció desde ahora que el espíritu del Señor está sobre Usted, porque él le ha ungido, y le ha enviado a llevar la buena noticia a los pobres, a curar los corazones heridos, a proclamar la liberación de los cautivos (ls. 61,1)

2.2. La segunda palabra que me ha llamado la atención es “SERVIR”. Querido Mons. De la Torre, su Misión es la de “servir el Pueblo de Dios”. Enviado por Dios para comunicar el amor del Padre que nos permite compartir su vida. Cristo “se ha rebajado, para someterse a la muerte y una muerte de cruz” (Fil. 2). Él se ha hecho el servidor y pide a sus servidores, servir. “Como Pastores, servidores del Evangelio, somos conscientes de ser llamados a vivir el amor a Jesucristo y a la iglesia, en la intimidad de la oración, y en la donación de nosotros mismos a los hermanos y hermanas, a quienes presidimos en la caridad (Aparecida, 186).

Su “servicio” será, antes que nada, el testimonio de una vida enteramente entregada a la oración, que es la única fuente de nuestro apostolado. Así será también el ejercicio concreto del triple ministerio de enseñar el Evangelio y de la verdad aportada por Cristo y confiada a su Iglesia; de conducir efectivamente a Él, a todos aquellos que nos son confiados de modo que haciéndose también ellos discípulos de Cristo, puedan descubrir el camino de la santidad.

Sus numerosos sacerdotes, que han ya contribuido a dar a la Iglesia de Aguascalientes ese rostro de una Iglesia ferviente y renovada en el amor, esperan de su nuevo pastor aquello que les ayudará a penetrar más profundamente el misterio de su vocación, y a vivir, sin miedo ni complejos, su ministerio, entre sus hermanos que tienen hambre de Dios, pero que en el contexto de la cultura de hoy se dejan muchas veces tentar por la indiferencia y el relativismo.

Los centenares de Religiosos, que son la corona de esta tierra de la Asunción de María, esperan que el enviado de Dios les pueda ayudar a implantar la extraordinaria riqueza de sus vidas, ofrecidas y donadas, para que su carisma en el servicio a la Iglesia, pueda ser más bello y permita a las mujeres y hombres de nuestro tiempo conocer “cuán ancho, largo, profundo y alto, es el amor de Cristo” (Ef 3,18).

Los laicos, incorporados a Cristo por medio del bautismo y miembros vivos del Cuerpo de Cristo, esperan ser llamados a trabajar en su viña. Ellos ven en Usted un maestro de vida, un maestro del Evangelio, para ayudarlos a asumir sus responsabilidades en el mundo como discípulos de Jesús.

Todos esperan trabajar bajo su guía, para permitir, en la caridad para la unidad, ser a la Iglesia, el sacramento de la presencia de Dios en medio del mundo; para permitir al mundo acercarse a Dios que viene hacia nosotros.

2.3. No es nada difícil comprender qué un tal “Servicio” no será efectivo y eficaz sino es “conforme al Corazón de Cristo, Buen Pastor”.

El Papa Benedicto XVI ha dicho a los Obispos en Aparecida lo siguiente; “Ser discípulos y misioneros de Jesucristo y buscar la vida “en Él” supone estar profundamente enraizados en Él”

¿Qué nos da Cristo realmente? ¿Por qué queremos ser discípulos de Cristo? Porque esperamos encontrar en la comunión con Él, la vida, la verdadera vida digna de este nombre, y por esto queremos darlo a conocer a los demás, comunicarles el don que hemos hallado en Él. Pero, ¿es esto así? ¿Estamos realmente convencidos de que Cristo es el camino, la verdad y la vida?

Monseñor José María, esta será la cuestión que desde hoy Usted deberá proponer a este su nuevo pueblo, como fiel testigo de Cristo Pastor, cabeza y corazón de su Iglesia, que por vocación y ordenación, ha sido llamado a hacer presente.

Pongamos en las manos de Nuestra Madre de la Asunción, tan venerada y querida por este pueblo, como lo he podido experimentar y constar durante mi visita, a estas hermosas tierras de Aguascalientes, el pasado 15 de Agosto, el Ministerio y la persona del Nuevo Pastor. María al término de su camino terrenal ha sido recibida en la Gloria de Dios, su destino final es coherente con una vida de generosa respuesta a la llamada de Dios, por eso encontramos en ella el modelo de la Iglesia. A nosotros que todavía caminamos en la historia, con sus oscuridades y sus miserias, Ella nos ayuda a no perder de vista la dirección, y seguir siendo fieles y disponibles, obedeciendo en cada momento a Dios que nos ama y nos guía. AMEN.


 

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