Alocución en la Celebración Eucarística

Presentamos las palabras de Mons. José María De la Torre Martín, durante la Celebración Eucarística con la que dió inicio su misión como Obispo de la Diócesis de Aguascalientes.

 

Como buenos administradores de Dios

“Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo Señor, nuestro, cuya es la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén” (Pe 4, 10 s).

Hermanos cristianos-pastores, hermanos cristianos-fieles, amados de Cristo Jesús.

Es otra vez San Pedro quien me presta sus palabras para presentarme ante la comunidad de creyentes. Hace seis años tomé sus palabras “In verbo auten tuo” (Porque Tu me lo dices) Sólo porque Tu me lo pides echaré las redes), para presentarme ante la Iglesia de Cristo peregrina en Guadalajara, ahora estas las reafirmo para decir “aquí estoy” en esta Iglesia de Cristo peregrina en Aguascalientes. “Aquí estoy, porque Tu lo has dicho”

Es evidente que “no es por mí ni para mí” que vengo como si Pastor Vengo porque el Señor me ha enviado porque el mismo me lo ha pedido por conducto del Santo Padre Benedicto XVI. Vengo a compartir con ustedes el mayor don que he recibido del Señor, después del Bautismo, el don episcopal. Vengo a coordinar y dar unidad, en esta amada: porción que el Señor me encomendó, a los distintos dones de los que ustedes a su vez son portadores, y que habrán de poner, siguiendo mi ejemplo, al servicio de la comunidad.

Como dijo San Leandro de Sevilla “No soy yo quien vengo a tomar posesión de ustedes, sino mas bien ustedes a partir de hoy toman posesión de mi pues no soy su señor, sino mas bien su servidor”. No tengo otro propósito, se los digo con toda claridad, sino el de que en Cristo, representado por mi humilde persona y ministerio, sea glorificado el Padre Celestial, de quien proceden todas las bendiciones y nuestra común vocación a la santidad Sé, como bien lo expresa el Directorio para el ministerio pastoral de los obispos, que como “Vicario del “gran Pastor de las ovejas” (Heb 13,20) Jesucristo, “el Obispo debe manifestar con su vida y ministerio episcopal la paternidad de Dios, la bondad, la solicitud, la misericordia la dulzura y la autoridad moral de Cristo que ha venido para dar la vida y para hacer de todas los hombres una sola familia reconciliada en el amor del Padre: y la perenne vitalidad del Espíritu Santo, que anima la Iglesia y la sostiene en la humana debilidad” (AA 1 ).

Como Cristo, buen Pastor

Si bien las diferentes y abundantes imágenes de la tradición cristiana, referidas todas a Cristo, muestran al Obispo como hombre de fe y de discernimiento, de esperanza y de empeño real, de mansedumbre y de comunión (pastor, pescador, guardián solicito, padre, hermano, amigo, portador de consuelo, servidor, maestro, hombre fuerte, sacramentum bonitatis), la imagen de Pastor ilustra con particular elocuencia el conjunto de lo que habrá de ser mi ministerio episcopal, en cuanto que pone de manifiesto su significado, su fin y estilo.

En la contemplación de la imagen evangélica del Buen Pastor, he de encontrar el sentido del don continuo de mi propia persona, recordando que el Buen Pastor ha ofrecido la vida por el rebaño y ha venido para servir y no para ser servido; y también la fuente de mi ministerio pastoral, por lo que las tres funciones de enseñar, santificar y gobernar deberán ser ejercitadas con las notas características del Buen. Pastor Se que la fecundidad mis sentimientos y comportamiento sentimientos y comportamiento. Cristo buen Pastor indica al Obispo la cotidiana fidelidad a la propia misión, la total y serena entrega a la Iglesia, y la alegría de conducir al Señor al Pueblo de Dios que se le confía.

Con enorme gusto y con suma gratitud acepté esta designación que para mi es un grande honor y una grande responsabilidad. Que oportunas y familiares me resultan ahora las palabras de San Agustín: “Si por un lado me aterroriza lo que soy para ustedes por otro me consuela lo que soy con ustedes. Soy Obispo para ustedes soy cristiano como ustedes. La condición de obispo connota una obligación, la de cristiano un don, la primera comporta un peligro, la segunda una salvación” Como el joven Salomón, quiero en esta solemne ocasión, en la sin dejar de ser cristiano con ustedes, soy obispo para ustedes, suplicar al Señor como gracia singular, un corazón que sepa escuchar, un corazón que se sepa conducir prudentemente. Suplicar al Señor me concede discernimiento y sabiduría para conducir sabiamente el pueblo que ahora me confía.

Agradezco de todo corazón

Agradezco el gesto singular de comunión afectiva y efectiva de todos los miembros del Episcopado Nacional- mis queridos hermanos. Del Señor Cardenal Don Juan Sandoval, nuestro obispo metropolitano, del Nuncio Apostólico- Don Christopher Pierre, Don Guadalupe Martín Rábago, Arzobispo de León, y hasta mi nombramiento Administrador Apostólico de esta diócesis. Gracias por acompañar a esta diocesis durante el luto por la partida de Mons Godínez. Sé que esta Iglesia aun extraña su exquisito humor, Su trato fino y sus prudentes enseñanzas. Le guardo particular aprecio pues fue mi maestro, hermano en el episcopado y entrañable amigo. Don Guadalupe, usted era el más indicado para facilitar esta transición. Gracias por las finas y atinadas observaciones que me ofreció. Aprecio la amabilidad que han manifestado con su servidor las autoridades gubernamentales tanto estatales como locales, especialmente al Sr. Gobernador, Ing. Luis Armando Reynoso Femat, y al Presidente Municipal, lng. Gabriel Arellano Espinoza, que vienen en este momento acompañados de sus familias y colaboradores más cercanos. Gracias, mil gracias.

Gracias a todos mis hermanos, familiares y amigos, venidos de aquí y de allá a acompañarme en este singular día, que para mi será inolvidable. Gracias a todos lo sacerdotes, religiosos y seminaristas que han querido acompañarme en esta Eucaristía. Gracias a todos los fieles representantes de las parroquias y comunidades. Les agradezco su presencia, sus muestras de afecto y sobre todo sus oraciones. Las que han hecho en espera de su pastor y las que de hoy en adelante sin duda alguna seguirán haciendo por su servidor

In verbo auten tuo luxabo retes

Hace casi seis años hice unas promesas que han guiado mi servicio episcopal en estos casi seis años y que ahora en presencia de ustedes quiero renovar con el mismo jubilo y gratitud. Ese día exclame “In verbo autem tuo”, y ahora las retomo de nuevo “porque el Señor Jesús me lo pide de nuevo. Por eso, con toda humildad confiado en su gracia en su Espíritu, con estas palabras renuevo mi voluntad de servirlo en el seno de la Iglesia.

- Me consagraré hasta la muerte, al ministerio episcopal que heredé de los Apóstoles, y que por la imposición de las manos me fue conferido con la gracia del Espíritu Santo
- Anunciaré con fidelidad y constancia el Evangelio de Jesucristo en esta diocesis de Aguascalientes que ahora el Santo Padre me confía.
- Conservaré integro y puro el depósito de la fe, tal como fue recibido de lo Apóstoles y que la Iglesia ha conservado siempre y en todo lugar.
Fortaleciendo la opción por los más pobres y excluidos; -para asumir con mayor brío y generosidad, un nuevo talante, más evangélico, en nuestro servicio pastoral.

En este Documento Episcopal, “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en El tengan vida”, como bien nos dice el Santo Padre Benedicto XVI “debemos encontrar numerosas y oportunas indicaciones pastorales, motivadas con ricas reflexiones a la luz de la fe y del contexto social actual, que no sólo las Conferencia Episcopales sino cada diócesis están llamadas a estudiar y llevar a cabo, convocando para ello a todas las fuerzas vivas, de modo que caminando desde Cristo se busque constantemente su rostro”.

Los invito, los convoco consiguientemente a todos a tomar en nuestras manos nuestro Plan de Pastoral y dar aún unos pasos más: - Concretar la animación bíblica de toda nuestra pastoral, - Llevar a plenitud la vida de nuestro pueblo en la participación de la Eucaristía dominical; - Renovar todas nuestras estructuras eclesiales para que sean esencialmente misioneras; - Reafirmar nuestra opción preferencial por los pobres excluidos;- Crecer juntos en un estilo de mayor cercanía cordial a nuestro pueblo; - Estimular el compromiso de todos en la vida pública, corno dimensión social de nuestra fe cristiana

- Que se destaque claramente en todas nuestras preocupaciones y tareas pastorales 1a necesidad de que cada uno se encuentre personalmente con Jesucristo y lo siga corno fiel discípulo, - que todos y cada uno nos demos cuenta perfectamente que también somos misioneros suyos; - Que se entienda con claridad que estas das caras de la misma medalla discípulo-misioneros son inseparables, -que la conciencia clara de nuestra identidad “discípulos-misioneros de Cristo”, fortalezca más nuestra pertenencia a la iglesia diocesana de Aguascalientes y haga más fecundo nuestro servicio pastoral a favor de nuestro pueblo.

Y abrámonos con confianza al futuro.

He querido destacar tres símbolos en mi emblema episcopal: - La Cruz Franciscana de los primeros evangelizadores de estas tierras del occidente de nuestro país: - El Agua y la Lámpara Bautismal encendida, identidad radical que quienes en estas tierras hidrocálidas nos confesamos creyentes; - y la Estrella Luciente que representa a la Virgen Maria Asunta, revestida en plenitud de la luz de Cristo.

Que ella nuestra patrona fiel discípula y misionera de Cristo nos guié e interceda por nosotros sus hijos, a fin de que entre nosotros no se deje de proclamar que tanto arriba en el cielo como abajo en la tierra, solo en su hijo Jesucristo, encontraremos salvación, vida plena
Que el Espíritu Santo nos conceda poder dar este testimonio desde -una autentica fraternidad, -desde la cercanía afectuosa, la escucha, la humildad: -desde la solidaridad, la compasión, el diálogo, la reconciliación y el compromiso firme con la justicia social;-desde la capacidad siempre creativa de compartir gozos, tristezas, alegrías, esperanzas y la misma vida, como Jesús lo hizo entre nosotros
Muchas gracias. Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

Mons. José María De la Torre Martín
Obispo de Aguascalientes


 

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