Morelia, Mich. 11 de mayo de 2008

 

Palabra del Obispo:
Mis impresiones del IV CEN

Hemos vivido, por gracia de Dios, una experiencia hermosa y muy rica la semana pasada en el Simposio Teológico y en el Congreso Eucarístico Nacional. Considero que han sido un Don del Señor no sólo para todos los que participaron directamente en esos eventos, sino para toda nuestra Arquidiócesis.

La presencia de los Pastores, Cardenales, Arzobispos y Obispos, del Señor Nuncio y del Presidente del Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos no era sólo para solemnizar el acontecimiento, sino para darle un fuerte sentido apostólico y como un signo patente de unidad eclesial.

La apertura respetuosa y franca de nuestras autoridades civiles, del Sr. Gobernador y del Sr. Presidente Municipal, así como de funcionarios y trabajadores del Estado que nos brindaron toda clase de facilidades, fue muy significativa. Se puso de manifiesto que el principio de una sana separación del Estado y la Iglesia no está reñido con el diálogo y la cooperación al bien de toda la sociedad.

Fundamental y valiosísima fue la hospitalidad de las familias morelianas. En la Clausura hubo un aplauso muy entusiasta como expresión de gratitud por la acogida que recibieron los congresistas en los hogares. Por cierto que en esto los Párrocos y Rectores de iglesias colaboraron fuertemente. El Señor los bendiga y recompense abundantemente.

El contenido valioso de las ponencias, el decoro de las celebraciones y las manifestaciones artísticas ayudaron a que la Eucaristía fuera mejor comprendida y vivida. En todo momento se notaba el interés, el respeto, la disposición de aprender y participar activamente. Mucho ayudaron el sonido y las pantallas, la ambientación y los cantos.

Me impresionó la gran responsabilidad, coordinación y dedicación sin reserva de quienes integraron las distintas Comisiones; a ellos, a sus equipos y a los numerosos voluntarios, mi admiración y mis respetos. Les confieso que en todo momento pude gozar el Congreso, sabiendo que todo estaba previsto y bien atendido. Si hubo pequeñas fallas es porque nada humano es perfecto y porque el Señor quiere que seamos instrumentos humildes.

Lo más importante de todo y hacia lo cual estaba dirigido el esfuerzo es que resplandeciera la presencia de Jesús Eucaristía en medio de los suyos, que se acrecentara la fe y se renovara en nosotros el fruto de su sacrificio redentor. Como expresaba yo a los periodistas al terminar la Clausura, un Congreso no es la solución mágica de los problemas, pero sí un impulso importante que nos anima a perseverar en nuestra vocación de discípulos misioneros.




+ Alberto Suárez Inda
Arzobispo de Morelia


 

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