Tehuacán, Puebla, 15 de mayo de 2008

 

15 de mayo: tres celebraciones

Quiero hacer mención de tres celebraciones, independientes entre sí, que tienen lugar este día, 15 de mayo.

La primera, celebramos el “Día del Maestro”. Felicito a quienes han dedicado su vida en este oficio y servicio en bien de los demás, niños, jóvenes y adultos.

Valoremos que “maestro” no es solamente el que transmite conocimientos para que el alumno los aprenda, sino el que se esmera en educar. Y la educación ha de ser integral, incluyendo lo biológico, lo psicológico-afectivo, lo intelectual, lo moral y lo espiritual. Desde luego que la mejor educación es la que se fundamenta en los valores.

El verdadero maestro es un testigo que vive lo que enseña y proclama; que rehace el camino de la vida acompañando al educando, para que éste vaya asumiendo lo que es y tiene, de modo que lo desarrolle con libertad y responsabilidad.

Tengamos en cuenta, agradecidos, a los maestros que de muy diversas maneras nos han ayudado a crecer en la vida, a ser lo que somos. Por otra parte, los maestros tengan en cuenta al que es el Maestro por excelencia, Cristo Jesús, quien en la Última Cena dice a sus discípulos: “Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, siendo el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros.” (Juan 13, 13-14). De modo que, aprendiendo de Cristo Jesús, el maestro sea un servidor de los demás.

Otra celebración: hoy es también fiesta de San Isidro labrador, muy venerado en nuestra diócesis de Tehuacán y, en general, en el ambiente campesino de España y de América Latina.

San Isidro nació y murió en Madrid, viviendo a fines del siglo XI y mitad del siglo XII. Por eso es patrono de Madrid. Fue campesino humilde y muy responsable en su trabajo, a la vez que cultivaba una profunda vida de oración, participando diariamente en la Misa, y era muy generoso con otros más necesitados. Se casó con una mujer buena, llamada María Toribia. Ambos han sido canonizados.

Pido a Dios por las comunidades que celebran a san Isidro como su patrono. Que de él aprendamos la sencillez de vida, la responsabilidad en el trabajo, la vida de oración, la generosidad con los necesitados.

Independientemente de la fiesta de san Isidro y más bien en relación a la Pascua (exactamente el jueves después de Pentecostés), hoy celebramos a “Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote”, fiesta que se ha ido extendiendo en nuestra Patria.

El título de Jesús como sacerdote, casi no aparece en la Biblia. De hecho él mismo aceptó el título de profeta o maestro, pero no de sacerdote, como en oposición a la casta sacerdotal de Jerusalén. Pero la primera comunidad cristiana reflexiona, iluminada por el Espíritu Santo, que el título de sacerdote llega en Cristo a su plenitud, lo cual desarrolla con amplitud el autor de la Carta a los Hebreos: “Teniendo un Sumo Sacerdote que penetró y está en los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, mantengamos firme la fe que profesamos. No tenemos un Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, al contrario, él mismo pasó por todas las pruebas a semejanza nuestra, fuera del pecado. Acerquémonos, pues, con seguridad y confianza a este trono de la gracia. Aquí alcanzaremos misericordia y hallaremos gracia para ser socorridos en el momento oportuno.” (Heb 4, 14-16).

De esta manera, una vez concluido el tiempo pascual, en esta fiesta nos alegramos del único sacerdocio de Cristo Jesús, el cual lo ha querido perpetuar en la Iglesia en quienes llama para que “renueven, en su nombre, el sacrificio redentor… se esfuercen en reproducir en sí mismos la imagen de Cristo y den un constante testimonio de fidelidad y de amor.” (Prefacio).

Pidamos por los sacerdotes, que seamos fieles a la misión que Cristo Jesús nos encomienda; y pidamos también por aquellos a quienes Jesús sigue llamando al ministerio sacerdotal. Jesús continúa llamando, que no deje de haber respuesta humana perseverante y entusiasta.

+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán

 

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