Tehuacán, Puebla, 22 de mayo de 2008

 

Fiesta de Corpus Christi

Hoy jueves 22 de mayo es Fiesta de Corpus Christi (del Cuerpo y la Sangre de Cristo). Fiesta muy arraigada en el pueblo, sea del campo o de la ciudad. He de decir que algunas observaciones me llenan de gozo y otras de preocupación. Permítame explicarme.

Menciono aspectos de gozo: La participación en la Misa suele ser muy viva y llena de fe. Además se acostumbra tener procesiones que salen de los templos a los atrios y aun a las calles. En algunos lugares se adorna con alfombras de colores por donde va a pasar el Santísimo Sacramento; los altares se adornan con artesanías de la región, artesanías que tras la bendición con el Santísimo se regalan a la gente. Ese estallido de alegría generosa quiere ser resonancia y prolongación del don que Cristo hace de sí mismo, quedándose entre nosotros como Pan de Vida eterna, para ser adorado y para ser comido.

Y aquí entran mis preocupaciones: está muy extendido el sentido de adoración al Santísimo Sacramento, pero no el de la comunión. Explico esto: Rara es la persona católica que permanece indiferente al paso del Santísimo Sacramento; por el contrario, el porcentaje de los que comulgan es muy reducido. De la población católica, como están hoy las cosas es una cifra muy satisfactoria si asiste el 40% a Misa dominical; hay parroquias y pueblos en los que el porcentaje es menor a 10%. Peor todavía, comulga menos de la mitad de los que van a la Misa dominical. Muchos católicos se quedan sin la Misa dominical, y muchos más sin comulgar o haciéndolo raramente.

En el IV Congreso Eucarístico Nacional que se tuvo en Morelia durante la primera semana de mayo, se habló mucho de la importancia de promover la Misa dominical como expresión fundamental de la identidad de los discípulos y misioneros de Jesucristo. Pues bien, invito a usted a que con motivo de la fiesta de Corpus, del Cuerpo y la Sangre de Cristo, no sólo valoremos la presencia de Cristo Jesús Eucaristía para ser adorado, sino también para alimentarnos de Él, como Pan de vida eterna. Recordemos las palabras que Jesús pronuncia tras el milagro de la multiplicación de los panes: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.” (Juan 6, 51). Esto provoca desconcierto y escándalo entre los judíos: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” (Juan 6, 52). Jesús entonces, en lugar de suavizar sus palabras, las reafirma en negativo: “En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes.” (Juan 6, 53).

De modo que en esta fiesta del Corpus, adoremos al Santísimo Sacramento, asistiendo a la Eucaristía; y procuremos comulgar, desde luego participando en el Sacramento de la Reconciliación si es necesario. Renovemos también el propósito de participar en la Misa dominical y, como decía el Papa Benedicto XVI en Aparecida, “si es posible, mejor con la familia. La asistencia de los padres con sus hijos a la celebración eucarística dominical es una pedagogía eficaz para comunicar la fe y un estrecho vínculo que mantiene la unidad entre ellos… Es necesario que los cristianos experimenten que no siguen a un personaje de la historia pasada, sino a Cristo vivo, presente en el hoy y el ahora de sus vidas, Él es el Viviente que camina a nuestro lado, descubriéndonos el sentido de los acontecimientos, del dolor y de la muerte, de la alegría y de la fiesta, entrando en nuestras casas y permaneciendo en ellas, alimentándonos con el Pan que da la vida. Por eso la celebración dominical de la Eucaristía ha de ser el centro de la vida cristiana.” (Discurso Inaugural, 4).

¡Feliz y fructuosa participación en la fiesta de Corpus!

+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán

 

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