México D.F., 3 de Marzo de 2006


ENTREVISTA A MONSEÑOR RODRIGO AGUILAR, PRESIDENTE DE LA COMISIÓN EPISCOPAL DE FAMILIA EN EL DÍA DE LA FAMILIA

 

1.- ¿Cómo describiría el papel de la familia en la sociedad?

Se ha dicho bastante que la familia es la célula vital de la sociedad. La familia es el primer ámbito de desarrollo de la persona, donde experimenta las primeras muestras de amor o de rechazo, de relación positiva o conflictiva. Ordinariamente, según como sea la familia, así será la sociedad; aunque también se presente el otro aspecto, que la sociedad influya en la familia.
Sabiamente, el Concilio Vaticano II presentaba el ideal de la familia como “íntima comunidad de vida y amor”. La familia implica relación de personas diferentes. La familia es el lugar y la atmósfera por antonomasia para que las personas, reconociéndose diferentes, se acepten y se apoyen plenamente.
La familia no es sólo la suma de las personas que la integran, sino sobre todo la atmósfera de relación que se establece entre ellas. Esa atmósfera es la que puede convertir la casa, el edificio material, en un hogar o en un infierno.
Para que la familia sea verdadera comunidad que forma un hogar, esto se concretiza y concentra en el amor. Recuerdo las palabras de san Pablo en la carta a los Colosenses: “revístanse de sentimientos de tierna compasión, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Sopórtense y perdónense unos a otros, si uno tiene motivos de queja contra otro. Como el Señor los perdonó, a su vez hagan lo mismo. Pero, por encima de todo, tengan el amor que reúne todo y todo lo hace perfecto”.
Hay básicamente cuatro maneras de relacionarse en la familia y, en general, con los demás: una primera, negando al otro, o sea ignorándolo, haciéndolo a un lado, rechazándolo; una segunda, negándose uno a sí mismo, o sea considerándose uno mismo como alguien que no sirve, que no vale, como un estorbo; una tercera forma de relación es utilizando al otro, sometiéndolo para el propio provecho o ventaja; una cuarta forma es de encuentro y aceptación mutua, de apoyo solidario, de comunicación y comunión plenas.
Estas cuatro formas de relación se dan mezcladas, pero prevalece una en el propio estilo de relación. El objetivo es que en la familia se ayuden a atenuar las formas negativas de relación; promoviendo, en cambio, una relación que favorezca el cultivo de la identidad de cada uno de manera establemente positiva, en la cual, respetando el sentido de individualidad, o sea la capacidad de estar de pie cada uno por sí mismo, también se cultive el sentido de pertenencia, en que se apoyan mutuamente de manera solidaria.
Obviamente, todo esto se fundamenta en el respeto y la promoción de la vida de cada uno, desde que es concebido y hasta su muerte natural, sin condiciones de sexo, edad o capacidades intelectuales, deportivas o manuales; la vida de cada persona es digna sencillamente porque es persona. En una familia así, las tristezas o alegrías de cada uno, forman parte de las tristezas o alegrías de los demás.
Una comunicación así en la familia, promueve personas libres, responsables, propositivas, creativas, que hacen bien a la sociedad en todos los ámbitos.


2.- ¿A qué se debe el debilitamiento de las familias en los últimos años en nuestro país y en el mundo entero?

Menciono algunos factores: Hay un profundo egoísmo, que se manifiesta psicológicamente en un enfoque egocéntrico, que todo gire en torno a uno mismo; pero en el fondo hay fuerte inseguridad y pobre estima personal. Sin embargo, en lugar de afrontar la pobre imagen que se tiene de sí mismo, se tiende a encubrir y a justificar las propias posturas.
Esto se refuerza con el relativismo imperante, en que no hay valores universales, sino que todo queda sujeto a los criterios individuales, ante los cuales se exige respeto indiscriminado; de esta manera, se habla de una “calidad de vida” centrada en lo material, en lo corporal, en lo productivo, en el placer, en el prestigio.
Más a fondo, hay un olvido o sencillamente indiferencia y alejamiento de Dios. No se ve la vida como sagrada y como don de Dios; no se ve la persona como imagen y semejanza de Dios.
Hay una creciente mentalidad anti-matrimonio: por ejemplo el caso de las madres solas, de las uniones de hecho o a prueba, con la idea divorcista de la separación a los primeros malestares en la relación.
Influye mucho la forma hedonista como se entienda y viva la sexualidad: para muchos es sólo o principalmente búsqueda y satisfacción del placer; de esta manera, se ven los hijos como intrusos o como un derecho; o sea que desde el extremo de pretender sexo sin el riesgo del hijo, con frecuencia se va al otro extremo de buscar el hijo sin necesidad del sexo.


3.- ¿Qué se podría hacer para fortalecer las familias?

Recuerdo lo que nos decía el Papa Juan Pablo II: “familia, sé lo que eres”. O sea que la familia cumpla su misión en la sociedad, que sea formadora de personas propositivas y creativas en el ámbito cultural, laboral, educativo, político, recreativo, religioso.
Que la familia sea santuario de la vida, donde ésta se defienda, se respete, se promueva.
Esto lo resumo en tres verbos: Que la familia se junte para orar, para comer y para divertirse. La familia que ora, que come y que se divierte unida, permanece unida.

4.- ¿Qué acciones podría hacer el gobierno para fomentar la unidad familiar?

El gobierno y todos los mexicanos, según nuestras responsabilidades, estamos llamados a fundamentar nuestra vida social en la familia. Que cada ser humano nazca y crezca en una familia, según el respeto y promoción de los derechos y deberes humanos.
Que se defienda y promueva el matrimonio como relación estable y voluntaria entre un varón y una mujer.
Que haya políticas públicas sustentadas en la familia. Que se promueva mayor y mejor nivel educativo; más seguridad social; más empleos; todo esto en perspectiva de familia. Que se tenga en cuenta adecuadamente a la mujer, especialmente a la mujer embarazada, en todos estos ámbitos.
El DIF acaba de publicar un Diagnóstico de la Familia Mexicana. Es importante tenerlo en cuenta.
“Sentirnos en familia” significa sentirnos en confianza, en casa, donde hay pertenencia y apoyo mutuos. Sintiéndonos en familia, conviviendo y creciendo en familia, así en familia vayamos a ayudar a otras familias.


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