México D.F., 15 de Marzo de 2006

 

Entrevista con Mons. Ricardo Watty, obispo de Nuevo Laredo y presidente de la Comisión Episcopal para los Laicos, sobre el Primer Encuentro de Movimientos Eclesiales y Las Nuevas Comunidades en América Latina

Mons. Watty, ¿nos puede compartir sus impresiones sobre este Primer Encuentro al que asistió en Bogotá?

Se trató de una reunión convocada tanto por el Consejo Pontificio para los Laicos, como por la presidencia del CELAM. Fue un encuentro histórico, según decían, de movimientos y nuevas comunidades eclesiales de Latinoamérica, en orden a la celebración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrado del 9 al 12 de marzo en Bogotá, Colombia.

La participación fue magnifica. El objetivo era la preparación de la V conferencia, tuvo por lema ‘Discípulos y misioneros de Jesucristo hoy’, un tema, muy relacionado con la V Conferencia.

Fuimos convocados los obispos que tenemos una encomienda de parte del Episcopado hacia los laicos. De las 22 conferencias que estamos incorporadas al CELAM, acudimos 18 obispos responsables de animación de los movimientos laicales.

¿Qué elementos tuvo este encuentro?

Fue un evento de comunión de los diversos movimientos ahí presentes. La comunión se hizo en la expresión de que primero eran discípulos, luego misioneros. En un segundo momento se trató el ‘discipulado’, cómo se desarrolla y qué proyección tiene, es decir: la misión.

Hay varios elementos que son comunes en todos los movimientos, el primero es el énfasis que ponen en el encuentro con Jesucristo, algo que en el documento de Santo Domingo insistimos: Encuentro con Jesucristo Vivo. Ese es un elemento básico para los movimientos, así lo consideran. Luego definieron qué itinerario de formación tienen. Como el discípulo que va aprendiendo, va descubriendo a Jesús y va madurando en su vida cristiana. Los movimientos tienen esa riqueza: un itinerario de formación, cosa que en general en la Iglesia nos falta. Nos falta mucho en procesos de maduración, de formación, de crecimiento cristiano. Hay otro elemento que también se resaltó: la pertenencia a la comunidad, ese es otro aspecto importante porque les hace sentirse hermanos. Sentirse comunidad da una pertenencia al movimiento.

Después se habló de la misión, ahí cada movimiento iba expresando como se proyectaba hacia la sociedad, la mayoría de los movimientos tiene proyección a lo social hacia el orden temporal.

En uno de los páneles hablábamos sobre la integración de los movimientos en la Iglesia. Fue muy interesante, porque ahí se descubre la necesidad de los pastores de reconocer y valorar los carismas que el Espíritu Santo a suscitado, especialmente desde el Concilio Vaticano II, y que enriquecen y embellecen a la Iglesia. Los carismas son dones del Espíritu Santo que los pastores reconocemos. Por otro lado, descubrimos que los movimientos saben ubicar, adentrar e integrarse en el proceso de la vida de cada diócesis.

¿Qué nos puede decir de la participación de nuestro país en el evento?

Estuvieron algunos mexicanos que participan en el equipo coordinador de América Latina, movimientos como Cursillos de cristiandad, Renovación en el Espíritu Santo y algunos otros. Había buena representación mexicana, algunos movimientos, el obispo Carlos Aguiar, como vicepresidente del CELAM, y yo como presidente de la Comisión Episcopal para los Laicos, de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

¿Qué resaltaría entre los logros de este encuentro?

Que se logró este conocimiento entre los mismos movimientos, y también entre nosotros, como obispos, acompañándolos, escuchando sus aportaciones. Reconocemos que es una expresión muy fuerte de los carismas que el Espíritu Santo ha dado y que necesitamos cuidar y darles cabida en nuestras diócesis.

Durante el encuentro se hacía alusión al pasaje bíblico en que los discípulos de Jesús le preguntan “Maestro ¿dónde vives?” y Él responde “vengan y vean”. Esa experiencia fue la que se dio en este encuentro, una experiencia de encuentro con Cristo en los movimientos que estuvieron presentes.

También se tomó conciencia de la realidad de América Latina, como una región que se está descristianizando y que necesita de la nueva evangelización. No se abundó sobre ello, pero se tomó conciencia de la necesidad de que estos movimientos tengan efectividad en la transformación, en la ayuda de la Nueva Evangelización que tanto se requiere en América Latina, en la línea de ‘discipulado’. Todos los bautizados tenemos esa responsabilidad, pero no se nota, no aflora eso en los países latinoamericanos. Más bien parece que se está debilitando la presencia de la Iglesia y vemos a los cristianos diluyéndose en su fe. Fue importante tomar conciencia de esto.

Prensa CEM

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