Miércoles, 9 de junio de 2005

 

REFLEXIÓN DE MONSEÑOR CARLOS AGUIAR RETES
OBISPO DE TEXCOCO Y SECRETARIO GENERAL DE LA CEM
SOBRE LA VIOLENCIA

Tenemos un panorama muy desolador en nuestro país respecto a todos los actos de violencia que estamos presenciando. Ayer mismo se registraron 11 ejecuciones más en Tijuana, Chihuahua, Sinaloa, Sonora y Tamaulipas relacionadas con el narco. La semana pasada los Obispos de la Región Noreste emitieron un comunicado donde hablan de narcotráfico y violencia social, y hacen un llamado a muchos sectores de la sociedad para tomar conciencia. Monseñor, ¿qué se puede decir viendo esta situación tan crítica?, ¿tiene alguna reflexión?...

Indudablemente no podemos negar que hay una lamentable estabilidad de violencia en el país, tanto en lo que tradicionalmente se llama la delincuencia común, como la delincuencia organizada, particularmente representada por el narcotráfico; esto sin hablar incluso de la otra violencia que igualmente hace estragos en la sociedad, y es quizá tan fuerte como las anteriores, que es la violencia intrafamiliar. Es uno de los retos más grandes que tenemos como sociedad, el darnos la posibilidad de ir superando esta violencia.

Lo primero que tenemos que decir es que la violencia es reflejo de una insatisfacción de la vida, es consecuencia de que la persona no se siente realizada; su percepción es negativa, y por ello con facilidad cae tanto en la violencia intrafamiliar, que es la violencia con los que le rodean, con los suyos, con los que debiera de apoyarse para tener una vida digna, una vida feliz, y como en la delincuencia organizada o común, que también la persona que se enrola en estas pandillas, en estas organizaciones, refleja su insatisfacción existencial.

De manera que si queremos buscar la raíz profunda de la violencia en el país, la encontramos sin lugar a dudas en la carencia de una educación, que no solamente nos referimos a la escuela, que tiene un gran papel, sino en la educación familiar, en la educación escolar, en la educación laboral, y en la educación social, en donde son ambientes que debe propiciar la asimilación de los valores.

Mi primera reflexión es en este sentido, de que la raíz profunda de la violencia es la insatisfacción ante la misma vida.


© 2005 CEM :: CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO