Jueves, 21 de julio de 2005

 

Entrevista con Mons. Guillermo Ortiz Mondragón,
Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de la Ciudad de México y
Presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación Social de la CEM

Sr. Obispo, ante el clima de violencia que vivimos ¿qué pueden hacer los padres de familia?

En primer lugar el quehacer de los padres es eso, ser padres de familia, ser esposos. Lo que tienen que fortalecer ellos es su identidad en la comunión, en el diálogo para fortalecer la seguridad entre ellos mismos, y después crear un ambiente de seguridad entre su familia. La seguridad y la confianza van unidas a la comunicación, y se da solamente en un ambiente de comunión, la seguridad. Cuando hay una verdadera comunicación entre esposos que se escuchan, que se esperan para explicar y para escuchar, pues viven una relación verdaderamente en el amor, pues pueden tener espacios para resolver los problemas, pueden tener espacios para atender a sus hijos, cada uno como es, como va creciendo, entonces, en este sentido, el fortalecer la comunicación es fortalecer la seguridad dentro de la familia. Y de ahí parte el primer paso para enfrentar la violencia que se está dando en nuestra ciudad. Un ambiente de serenidad que se enfrente a situaciones de violencia. Un ambiente de verdadera seguridad interior, porque se experimenta el apoyo y la solidaridad de los padres y los hijos, para tener la serenidad de analizar las situaciones que se están viviendo, saberlas valorar. En ese sentido, la familia tiene que ser el primer espacio de educación para superar la violencia, y no solamente eso, la violencia ya es una carencia, precisamente de control, de saber valorar la vida como importante, como primer valor. La violencia ya es ausencia de respeto, es ausencia de tolerancia, todo esto se va aprendiendo en la convivencia familiar; la tolerancia, el respeto, la confianza, son los primeros valores que se tienen que educar en la familia.

Estamos viviendo una crisis de seguridad, es indudable que está haciendo falta algo ¿qué se puede hacer en ese sentido?

Si en una colonia hubiera solidaridad entre los vecinos, habría comunicación; entonces estarían atentos a cualquier situación de dificultad, no solamente de violencia, sino, por ejemplo, en estos días de fuertes lluvias que están creando situaciones de peligro para muchas viviendas, especialmente las más desprotegidas; si hubiera un principio de solidaridad, habría un principio de comunicación entre las familias, esto acrecentaría el auto resguardo, la autodefensa del ciudadano, y esto es la mejor manera de presionar a los servicios de seguridad para que ejerzan su tarea.

Yo he visto en algunas colonias a los que llamamos los ‘policletos’; los policías con bicicleta, pero no nos acercamos a ellos, no tenemos contacto con ellos, no los conocemos, no nos conocen, entonces esto crea una distancia, es reflejo de una distancia entre la institución que cuida la seguridad y el ciudadano. Desde ahí tenemos que comenzar.

Ahora, dentro de la familia, lo que decía hace un momento, este sentido de solidaridad que se crea primero en la familia tiene que trascender y crear un ambiente entre los vecinos, entre los que están cercanos en la convivencia ordinaria. Creo que por allí se puede ir enfrentado esta problemática cotidiana.

Por otro lado, tenemos que ser muy críticos ante los medios de comunicación, nos damos cuenta que a veces se trata de indagar, de dar muchas explicaciones, de escarbarle para sacar algo que impacte, que si es el ciclón, que si es un secuestro, que sí es un asesinato. Indudablemente un secuestro, un asesinato es un daño, sea la persona que sea, pero saberle dar su verdadero lugar en los medios de comunicación para no crear, más allá de la verdad, una tensión que pueda dañar a la familia y a la sociedad entera con un estado de psicosis, de temor, y en algunas personas frágiles, puede crear hasta paranoia.

¿Qué papel debe cumplir la educación en la búsqueda de este clima de solidaridad que menciona, y de dónde debe partir esta educación?

La educación es responsabilidad primera de la familia. Es la primera tarea que tiene la familia; educar. Y es el primer derecho, educar de acuerdo a los principios y valores que los padres de familia están convencidos que deben vivirse. En este marco está el sentido también de la libertad religiosa, que crea un horizonte en la existencia para elegir un esquema, una escala de valores que se deben transmitir en la educación.

Ahorita la mayoría de los niños y jóvenes están en vacaciones y es oportunidad para preguntarnos qué cosa es el descanso, ¿un tiempo vacío, un espacio inútil? Todo el tiempo del hombre es tiempo para crecer, entonces este tiempo no puede ser un tiempo perdido para los niños, para los adolescentes. Ojalá que los padres de familia fueran creativos y encontraran los caminos de una educación, vamos a llamarle extraescolar, informal, de aquellas cosas que no tocan en su educación escolar, por ejemplo, desde las mismas artes: el aprendizaje de la pintura, la escultura, el teatro, tocar algún instrumento. Esto es importante para los niños, que despierten sus capacidades artísticas que quizá en el tiempo escolar no lo pueden desarrollar. Por otro lado nuestro país tiene una tradición cultural muy rica, no conocemos muchas riquezas de nuestro país, y es oportunidad para que, con recursos mínimos, la familia haga visitas a los lugares arqueológicos cercanos al lugar donde viven. En cualquier parte hay zonas arqueológicas, hay rutas de monumentos artísticos, religiosos, que en fines de semana se pueden muy bien visitar, toda la familia. Así descansan, así aprenden juntos, y esto va fortaleciendo ese sentido de la familia como escuela del más rico humanismo, como la iglesia siempre lo ha proclamado; la familia es una escuela, una escuela de humanismo.

Ante este clima social que estamos viviendo, ¿hay algún mensaje de esperanza de ustedes como pastores hacia su pueblo?

Desde luego que sí, la Iglesia reconoce el valor de la esperanza, y esto es lo que queremos comunicar; la esperanza que está en la posibilidad que tiene cada familia, cada comunidad, de vivir estos valores a los que me he referido, esta dinámica de convivencia, de comunicación que despierte la solidaridad, la paz, la justicia.

Por otra parte, el partir del Evangelio nos crea un horizonte amplio. Muchas veces la Iglesia ha sido atacada a partir de los medios de comunicación, precisamente, no de todos, sino de algunos que están detrás de los medios, porque se habla de que la Iglesia es retrógrada, de que la Iglesia no promueve el desarrollo de la humanidad, o que quiere bloquear el avance de la ciencia. Sin embargo, lo que la Iglesia procura es que cada persona se desarrolle plenamente de acuerdo a cómo Dios lo ha creado, a cómo Dios le ha dado cualidades, valores, habilidades, para que pueda no solamente desarrollarse él mismo, sino ejercer un dominio, pero en el sentido de hacer producir la naturaleza, no de destruirla.

Entonces, tenemos en nuestras manos nuestra vida hoy. Tenemos la capacidad de decidir qué hacer con nuestra vida hoy. Tenemos la posibilidad de buscar caminos de construcción, de edificación de una nueva sociedad. Yo invito a las instituciones, a los que son responsables en el uso de los medios de comunicación, a las empresas que los dirigen, a los responsables de la educación y de la seguridad, a que busquemos juntos el bien. A que hagamos a un lado aquellos aspectos de nuestra ideología o de nuestro modo de pensar que nos hacen crear distancias, que busquemos desarrollar más bien todos aquellos elementos que nos llevan a buscar el bien común, que nos hacen despertar el sentimiento y el sentido de la solidaridad, de la ayuda mutua. Creo que ahí está la clave de un desarrollo más humano en nuestra sociedad.

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