Diálogo entre economistas y Obispos de AL sobre globalización

 

Conclusiones del diálogo entre economistas y Obispos de América Latina y El Caribe sobre globalización hoy

 

1. Punto de partida. Cuestión metodológica.

Este Seminario sobre el impacto que produce el proceso de globalización económica en los países de América Latina y el Caribe, y sus amenazas y oportunidades, ha sido organizado por CELAM-MISEREOR, en preparación de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Su objetivo es estudiar el profundo proceso de cambio que enfrentan nuestros pueblos, dadas las situaciones sociales, políticas, económicas, culturales y religiosas que los desafían, y señalar a la luz del Evangelio medios y caminos de progreso integral para sus habitantes y sus comunidades.

En camino hacia la reunión de Aparecida el Santo Padre nos ha dado como hipótesis de trabajo el tema “Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que en Él nuestros pueblos tengan vida”. El servicio que la Iglesia quiere prestar de diversos modos tiene un gran objetivo: “que en Cristo nuestros pueblos tengan vida”. Ésta fue la perspectiva que orientó las reflexiones de este Seminario. Los discípulos y las discípulas de Cristo, insertos en la comunidad eclesial, están llamados a ser misioneros de la vida digna y plena que Cristo nos trae con su Reino. Los valores del Reino y su fuerza deben ser transformadores de la vida de los hombres y mujeres en esta hora de la historia. Se trata de la vida plena de Cristo, pero esta vida en Cristo reclama del discípulo un compromiso para que la vida personal, familiar, social, política y económica, esté informada por esos valores del Reino de Dios. En esto consiste la belleza del cristianismo, su grandeza y su verdad. Su misión está orientada a favor de la vida integral de nuestros pueblos.

Es por eso que los obispos han escuchado la voz de quienes trabajan con mucha competencia en el ámbito económico-social. Con un grupo de expertos del más alto nivel, se han abordado realidades muy complejas, se compartieron visiones diversas con profundidad crítica, y se acordaron proposiciones positivas encaminadas a superar los índices de pobreza y de inequidad interna y externa, que afectan a todos los países. Así mismo, se compartieron principios y orientaciones en orden a flexibilizar y equilibrar la gran inequidad interna y externa de nuestros pueblos, generada, entre otras causas, por intercambios internacionales extraordinariamente asimétricos y desiguales. Estos factores se presentan como grandes obstáculos para que los pueblos de América Latina y del Caribe puedan acceder a formas de vida más dignas y humanas.

Estamos plenamente convencidos de que la propuesta cristiana para una vida más digna y plena ofrece una perspectiva original y única, cuyas raíces se hunden en el misterio de la vida de Dios. Él mismo decidió comunicarla a los hombres y mujeres, haciéndolos a su imagen y semejanza y estableciendo con ellos una alianza de amor, sellada definitivamente en Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. En consecuencia, la visión que subyace en las reflexiones de este Seminario, es una visión creyente cuyo alcance sólo puede medirse desde la experiencia viva del discípulo que se encuentra con Cristo, vive en amistad con él, y se descubre enviado bajo el impulso del Espíritu a trabajar efectivamente en todos los órdenes de la convivencia humana para un aumento de vida en nuestros pueblos y para que esta vida sea digna y plena en Cristo.


II. El Contexto.

En lo económico y social.

Es de notar que hay un mejor desempeño económico de América Latina y El Caribe en los recientes 5 años dentro de los últimos 25 años.

La globalización en lo positivo significa acceso a nuevas tecnologías, mercados y finanzas. Pero es necesario un cambio en las reglas de juego. Por ejemplo la inestabilidad financiera y los problemas de dimensión global requieren respuestas con regulaciones también globales.

Se puede observar que los países que se cierran al comercio, se quedan en la marginalización, o son incapaces de atraer inversiones. Una consecuencia de un nivel inadecuado de inversiones son los todavía altos niveles de pobreza en la región. Así mismo los niveles precarios de sueldos, salarios y condiciones de trabajo significan una pérdida de derechos laborales y de la institucionalidad de las organizaciones de trabajadores y trabajadoras.

La globalización va a la par con la desigualdad en la medida que el modelo actual de comercio lleva a que haya ganadores y perdedores y daños muy importantes al medio ambiente en términos del alto grado de emisiones contaminantes, el daño a la biodiversidad, el agotamiento de reservas de agua y otros recursos naturales.

Los costos ambientales se exteriorizan limitando severamente las posibilidades de un desarrollo sostenible de los pueblos en la medida que conducen a modelos de producción y consumo irracionales e incompatibles con el Bien Común Global. Simultáneamente no se reconocen los servicios ambientales que América Latina viene dando gratuitamente al mundo. La compensación de estos daños se da a niveles irrelevantes y la cooperación para el desarrollo no llega a los estándares mínimos acordados.

En materia ambiental y ecológica no se han establecido claramente los niveles de permisividad (“trade off” social e intertemporal) factibles. Se evidencia la necesidad de un marco legislativo equitativo. El “capital natural” con que cuenta nuestra Región es una condición para el desarrollo verdaderamente humano y sostenible.

No se han evidenciado los beneficios de la biogenética, y los derechos de propiedad intelectual con frecuencia colisionan con las necesidades de una la salud pública adecuada.

Los conflictos entre los países limitan las posibilidades de alianzas e integración entre ellos, sobre todo frente a la necesidad de incrementar la cooperación intra regional. En contra partida América Latina enfrenta una activa competencia comercial del Asia y del este de Europa. Se encaminan Tratados de Libre Comercio manteniendo los subsidios en los países industrializados y al mismo tiempo se presiona con exigencias desmedidas en materia de propiedad intelectual a los países empobrecidos.

Un obstáculo importante para el desarrollo sostenible de las economías es el proteccionismo de los países del norte que se expresan en los mencionados subsidios a sus agro negocios como a las diversas barreras para acceso a sus mercados por los países empobrecidos. La competencia desleal contribuye a acentuar la desigualdad.

La resultante es que, no obstante los avances, la sociedad en la Región se siente muy insatisfecha e infeliz.


Implicaciones en la Política.

Resalta un alto grado de inestabilidad política y de conflictos ideológicos. Pero por otro lado se presenta de manera esperanzadora la participación de la sociedad civil a diferentes niveles.

Una limitación muy fuerte para que los Estados puedan intervenir adecuadamente en el abordaje de la agenda social es que no haya adecuadas normas globales y políticas internas.

Introducir cambios en camino hacia el desarrollo humano integral implica construir un nuevo pacto social y también un pacto fiscal. Una de las condiciones para este pacto es encaminarse a una reforma del Estado.

Asistimos a una importante crisis del multilateralismo cuando es necesaria una regulación global basada en estándares justos.

Cultura y Etica

Surge la pregunta sobre cómo sería posible conciliar la vida dinámica de las culturas e identidades de los pueblos con la apertura a una globalización que tenga sus bases en la justicia y solidaridad. Es necesario evidenciar la antropología que está detrás de los modelos económicos; se hace necesaria una Teología de la Responsabilidad sobre el bien común y los bienes globales.

III. Desafíos frente a esta realidad

Teniendo en cuenta los elementos centrales de una ética cristiana señalada en el “punto de partida” y a la luz del contexto que nos interpela y que afecta positiva o negativamente a los hijos e hijas de Dios del Continente, saltan a la vista los siguientes desafíos:

Medioambiente y ecología

Desde el reconocimiento de la supremacía de la dignidad humana es necesario hacer un llamado a todos los hombres y mujeres de buena voluntad al buen uso del planeta que habitamos poniendo en práctica principios fundamentales como el bien común (la casa es de todos), la subsidiaridad, la solidaridad intrageneracional e intergeneracional. La creación está en juego e interpela a la persona y comunidades a responder con prontitud.

Podemos decir que es un Kairós de esta época y que implica el reconocimiento y aceptación de un don para toda la humanidad y que nos convoca a anunciar la grandeza y belleza de la Creación.

Desde una toma de conciencia de la necesidad de trabajar por la armonía de la creación, es de suma importancia la defensa de la biodiversidad, remediar el daño climático, la reforestación y el cuidado urgente del agua y los recursos naturales en general.

Hay que valorar verdaderamente las culturas de las poblaciones especialmente las ancestrales y superar definitivamente los estilos de vida consumistas y contaminadores en los medios rurales y urbanos.

Es necesario que se interioricen los costos ambientales y que se reconozcan mundialmente los servicios ambientales que se vienen dando gratuitamente al mundo de parte de América Latina y El Caribe.

Es necesario lograr estándares ambientales, la reducción de las emisiones y el incremento de eficiencia en el uso de energía. Es de suma necesidad que los países industrializados disminuyan sustancialmente sus emisiones (no menos de un 60-80%) y que los países empobrecidos puedan utilizar la energía regulando la emisión per-capita en concordancia con la equidad global. Es necesaria la plena vigencia del protocolo de Kyoto que todos los países deben suscribir y preparar ya de antemano Kyoto II.

Resulta imperativo el respaldar y proteger a quienes se ven amenazados en razón de su trabajo por la defensa de la armonía de la creación y la seguridad alimentaria de los pueblos.

Se debe lograr que las corporaciones trasnacionales, principalmente las industrias extractivas respeten los derechos humanos asumiendo sus responsabilidades, teniendo en cuenta las orientaciones de las normas de Naciones Unidas sobre responsabilidad social, los lineamientos para empresas multinacionales de la OECD, la iniciativa por la transparencia de industrias extractivas y la iniciativa Global Compact entre otras.

Al mismo tiempo alentar a la Iglesia para que desempeñe un papel pro-activo conjuntamente con la sociedad civil en la promoción de las medidas anteriormente señaladas y en la resolución de la problemática que plantea la bioética en especial en aspectos relacionados con la manipulación genética. Son necesarias estrictas reglas globales y legislaciones nacionales que garanticen la bio-seguridad.

Es necesario trabajar por una ecología humana como lo ha dicho el Papa Benedicto XVI y por una economía solidaria. Hay que evidenciar concretamente la responsabilidad y solidaridad con las futuras generaciones.

Globalización y solidaridad.

La centralidad de la opción preferencial por los pobres y excluidos y la perspectiva cristiana del desarrollo que nos señalan la Populorum Progressio y la Solicitudo Rei Socialis, nos interpelan a trabajar decididamente por el desarrollo humano integral, lo que implica un respeto pleno a los derechos humanos y la inclusión de todos reconociéndoles como actores sociales de pleno derecho. Que nadie quede afuera “…¿dónde está Abel, tu hermano?”( Gen 4,9). Todos tienen derecho de crecer en humanidad y dignidad (P.P.20 y 21).

Por ello es necesario que los países de América Latina y El Caribe se planteen metas muy exigentes en la superación de la pobreza y de la desigualdad.

Es necesario trabajar por la eficiencia económica contextualizada en los valores culturales, religiosos, y la Doctrina Social de la Iglesia. Avanzar hacia una visión holística del bienestar y a la felicidad humana y cristiana.

Recuperar los valores y la riqueza cultural de los pueblos autóctonos de América en su aprecio por la naturaleza, su concepción comunitaria de la vida y de una economía compatible con el desarrollo humano sostenible. En esa línea de reconocimiento de la sabiduría tradicional y del verdadero don de la bio-diversidad, no debe aceptarse la pretensión de propiedad intelectual sobre las formas de vida, incluyendo genes, micro-organismos, plantas, animales y seres humanos.

Para trabajar por el Bien Común global se necesitan reglas justas de la economía, las finanzas y el comercio mundial. Para ello una medida importante es la reforma del sistema multilateral, lo cual es “tarea de todos”. Esta reforma debe favorecer el desendeudamiento externo para el Desarrollo (TMA 51, SD 197), regulaciones globales para prevenir y controlar los movimientos especulativos de capitales, la promoción de un comercio justo y la garantía de precios adecuados de las materias primas que producen los países empobrecidos y normas justas para regular las inversiones y servicios entre otros.

Una condición necesaria es que haya verdadera gobernabilidad en los países de América Latina y el Caribe. Nuestros países deben interactuar con la economía global en caminos bien seleccionados y estratégicos que verdaderamente garanticen el beneficio de las poblaciones ,en especial las más empobrecidas, marginadas y vulnerables.

Es necesario también que se concreten sistemas tributarios eficientes, eficaces, transparentes y acordes con los principios de equidad y progresividad.

Se debe priorizar la integración solidaria de los pueblos de América Latina y El Caribe en base a actividades económicas verdaderamente sustentables en los campos de la energía, la minería y el comercio intra-regional. Ello implica también una “integración hacia adentro” en cuanto a desarrollo de economías sostenibles desde los espacios locales hasta los nacionales e internacionales.

Es necesario suscitar una gran alianza entre estados, sociedad civil, empresas y sectores académicos, construyendo institucionalidades democráticas fuertes desde lo local a lo global, aportando así a la construcción de una ciudadanía universal comprometida con el trabajo por el bien común global.

Estado y ciudadanía.

Es necesario fortalecer la institucionalidad de un Estado social democrático y con verdadera capacidad de decisión. Los políticos deben dar testimonio muy claro de su responsabilidad por el Bien Común (Cfr.Christifideles Laici).

Los países deben impulsar políticas distributivas para garantizar el efectivo acceso a oportunidades en especial de las poblaciones más empobrecidas y excluidas, superando una visión meramente asistencialista.

La Iglesia debe apoyar la participación de la sociedad civil para la reorientación y consiguiente rehabilitación ética de la política. Por ello son muy importantes los espacios de participación y vigilancia de la ciudadanía y la sociedad civil para la vigencia de la democracia, una verdadera economía solidaria y el desarrollo sostenible. Un papel muy importante corresponde al compromiso de los laicos (Cfr. Christifideles Laici).

En ese sentido es necesario alentar la formación para el ejercicio ciudadano y desarrollo de capacidades ciudadanas para hacer alianzas entre los actores sociales motivadas por el Bien Común.

IV. Conclusión: Ética y Economía.

La economía en su conjunto debe estar al servicio de las necesidades humanas y del Bien Común.

Reconocemos actualmente una crisis de valores , pero también la riqueza de la diversidad cultural de nuestros pueblos que proporcionan fundamentos suficientes para combatir dicha crisis de valores.

Es de suma importancia reconocer que los valores éticos son esenciales para la vigencia de un sistema económico exitoso y verdaderamente sostenible a largo plazo. Valores tales como transparencia, justicia, responsabilidad, solidaridad entre otros tienen mucha importancia.

La ética cristiana que pone como desafío ético el logro del Bien Común para todos conduce a la a creación de oportunidades para todos, a la lucha contra la corrupción, a la vigencia de los derechos laborales y sindicales (Cfr. Laborem Excercens), a colocar como prioridad la creación de oportunidades económicas para sectores de la población tradicionalmente marginados como las mujeres y los jóvenes, desde el reconocimiento de su dignidad e igualdad.

Por ello hay que trabajar por una cultura de la responsabilidad a todo nivel que involucre a personas, empresas, gobiernos y el mismo sistema internacional.

Un verdadero desafío tiene nuestra Iglesia en el Continente para disipar miedos, apaciguar violencias, sacudir indiferencias y participar activamente en la reorientación de los procesos, lo que implica la interacción solidaria con las sociedades civiles y el diálogo para la incidencia en los actores políticos y económicos.

 

© 2007 CEM :: CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO