ZENIT: La Iglesia a favor de la despenalización de la migración ilegal

La Iglesia católica en México ha visto con buenos ojos las recientes reformas migratorias aprobadas por el Congreso del país mediante las cuales en la Ley General de Población se despenaliza la migración ilegal.

Al país ingresan miles de centroamericanos de manera ilegal, para cruzarlo y tener la posibilidad de llegar a los Estados Unidos; empero, son muchas las amenazas y los malos tratos que reciben en México, lo que ha hecho levantar la voz a la propia Iglesia en numerosos foros.

Este pasado fin de semana, en un editorial del órgano informativo oficial de la Arquidiócesis Primada de México, Desde la Fe, se recordó que la militarización de la frontera con Guatemala trabaja en sentido contrario de las reformas.

«La aprobación unánime de diputados y senadores sobre la eliminación de cargos penales a indocumentados que ingresen a México, y la posibilidad de levantar sanciones en contra de las casas de auxilio a migrantes, que solidariamente ayudan a mejorar las condiciones dramáticas en las que se realiza la movilidad humana, es un gran avance humanitario sobre este fenómeno social», subrayó el órgano de comunicación de la arquidiócesis primada de México.

«A pesar de este avance, la realidad migratoria es aún dolorosa y trágica en nuestro país», destacó en el editorial del semanario católico, haciéndose eco de las múltiples denuncias de maltrato y vejaciones que sufren los centroamericanos en su paso hacia el Norte.

Por su parte, un documento entregado al secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, por parte de la Dimensión Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), denuncia que durante 2007 se registraron más de 200 violaciones a los derechos humanos de los migrantes, con detenciones arbitrarias e irregulares en 98% de los casos.

El documento advierte del aumento en los casos de secuestro, extorsión y crimen organizado generados en torno a la migración «muchas veces bajo complicidad de autoridades, siendo los niños y las mujeres los más afectados por su grado de vulnerabilidad ante crímenes como la trata de personas, redes de pornografía, comercio sexual, abuso y maltrato», sostiene el citado documento.
En el estudio, la CEM asegura que la criminalización de los migrantes es evidente por la militarización en la frontera sur y en las detenciones y repatriaciones masivas. La denuncia sobre el trato hacia los migrantes llegó también a la Organización de las Naciones Unidas, concretamente, ante el relator especial sobre los Derechos Humanos de los migrantes de la ONU, Jorge Bustamante.

El informe de la CEM, señala que de enero de 2006 a marzo de 2008, diversos grupos han atendido a 114 personas por mutilaciones causadas por el tren y al menos se han encontrado 12 cadáveres entre las fronteras de México con Estados Unidos, Belice y Guatemala.

En el informe de la CEM, concretamente en el apartado «Deportaciones y repatriados» la Iglesia también critica la irregularidad que se suscita durante las repatriaciones de Estados Unidos a México, así como las deportaciones inhumanas desde nuestro país hacia Centroamérica.

Fuente: ZENIT
http://www.zenit.org

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Riial: Curso Virtual para técnicos

El Curso Virtual para Técnicos RIIAL diocesanos reúne toda la experiencia del Centro RIIAL Guadalupe destinada a la formación de agentes pastorales que puedan asesorar a los Sres. Obispos en la utilización de las nuevas tecnologías (NTICS) al servicio de la Evangelización.

Se dictará por primera vez en el Aula Virtual "Juan Pablo II" del Centro RIIAL Guadalupe.

¿A quiénes está destinado el Curso Virtual para Técnicos RIIAL?
Este curso está orientado a los agentes pastorales que trabajan al servicio de la pastoral de la comunicación y la informática en sus diócesis, y desean conocer qué es y cómo trabaja el proyecto de la RIIAL para aplicarlo en sus diócesis.

¿Cuál es el temario del Curso Virtual para Técnicos RIIAL?
Semana 1: Introducción al Aula Virtual. Cómo es un curso virtual. Características.

Semana 2: Introducción y breve historia de la RIIAL. Servicios de la RIIAL. Organización y forma de trabajo de la RIIAL. Bibliografía recomendada. Objetivos delineados en la última Reunión Continental.

Semana 3: Qué es un Técnico RIIAL. Misión del Técnico RIIAL. Perfil del Técnico RIIAL. Importancia de la formación. El Centro RIIAL Guadalupe, su misión, sus objetivos y sus servicios. Los cursos nacionales para técnicos y sus frutos.

Semana 4: Redes Eclesiales. Prontuario para Diócesis. Cómo trasladar la experiencia diocesana a una Congregación u otra institución eclesial.

Semana 5: Iglesia y software eclesial: introducción a Office Eclesial

Semana 6: Iglesia e Internet. Estrategia de presencia eclesial en Internet. Sistemas de administración de contenidos, boletines digitales, grupos de distribución de correo.

Semana 7: Iglesia y Web 2.0: introducción a Web 2.0. Conceptos básicos acerca de redes sociales. Herramientas: blogs, fotologs, rss, otros

Semana 8: Proyecto Final

¿Cuál es el calendario de cursos para el año 2008?

Primera edición: del martes 13 de mayo al lunes 8 de julio de 2008

Pronto se ofrecerán nuevas fechas

¿Qué duración tiene el Curso Virtual?
El Curso Virtual de Técnicos RIIAL dura 8 semanas.

¿Quién dicta el Curso Virtual?
El curso es dictado y coordinado por los miembros del Centro RIIAL Guadalupe, quienes ofrecen formación para Técnicos RIIAL en toda América Latina, y por técnicos RIIAL nacionales experimentados.

¿Cuáles son los objetivos del Curso Virtual?
Formar tejedores de redes que se sirvan de la cultura de trabajo de la RIIAL, es decir, “gente que dedique tiempo y esfuerzos a abrir espacios comunes de colaboración con otros individuos y entidades, de modo que los esfuerzos de cada uno se articulen entre sí, configurando áreas más amplias de comunión y de participación, incluso de una forma interdisciplinar que atraviese las fronteras de la propia específica área de acción.” (Leticia Soberón).

¿Cuál es la metodología de desarrollo del Curso Virtual?
El curso es totalmente virtual, sin ningún tipo de actividad presencial. Se desarrolla a través del Aula Virtual del Centro RIIAL Guadalupe, por medio de las siguientes actividades:
- Foros sobre los distintos temas del curso
- Lectura de glosarios de terminología de cada módulo
- Lectura, análisis y discusión de documentación
- Contestación de encuestas

¿Qué necesito para hacer el Curso Virtual?
Para hacer el curso se requiere que los inscriptos tengan:
- Conocimientos de operación de PC (Windows y Office)
- Una computadora
- Acceso a Internet
- Disponibilidad de tiempo diaria o semanalmente para estudiar. El aprendizaje es proporcional al tiempo dedicado al estudio del software.

¿Cuánto tiempo debo dedicarle al Curso Virtual?
En la práctica es necesario contar con el tiempo necesario para la lectura y estudio del material provisto, la realización de las prácticas personales, la participación en actividades colaborativas (chat y foro)

¿Qué costo tiene y cómo me inscribo al Curso Virtual?
El Curso Virtual de Técnicos RIIAL se abona con un pago único de 50 dólares.
El pago y la inscripción puede efectuarse de las siguientes formas:

1) Con su tarjeta de crédito a través de PayPal, el líder mundial en pagos en Internet. Utilize el siguiente link si desea pagar con PayPal: https://www.paypal.com/row/cgi-bin/webscr?cmd=_flow&SESSION=u_XoAl1AkSpULWPYsbNQMxlETcnlDw-COdevs4YmJ-irG3z_-f-MRfvPcxC&dispatch=5885d80a13c0db1f822cfe4b06d0ea2b4eee6d2d0c9cb9d63b82c5c6e6c9275b

2) A través de un envío por Western Union. Debe depositar el importe a nombre de Daniel Héctor Cabaña, Santa Fe, Argentina, y luego enviar por email la clave de su pago a softriial@riial.org

3) - SI RESIDE EN ARGENTINA, puede utilizar además las siguientes alternativas:

a) Con depósito en cuenta del banco HSBC, CC 0723-22370-8 o por transferencia a la CBU 1500044200007232237082 (la cuenta está a nombre de la Asociación Civil Nuestra Señora de Guadalupe)

b) Por giro postal a nombre de Daniel Héctor Cabaña al siguiente domicilio:
General López 2720
S3000DCJ
Santa Fe
(Especificar Sucursal 1 Correo Argentino)

Para completar su inscripción, una vez efectuado su pago, por favor envíenos copia del comprobante de depósito por email a softriial@riial.org

Fuente: Centro de formación y Desarrollo “N.S de Guadalupe”
http://www.riial.org

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El pulso de la Fe: “Templarios I”

Roberto O’Farrill Corona

En torno a los caballeros templarios existe la historia, con narraciones veraces; y la leyenda, rodeada de fantasías. Algunos afirman, sin sustento histórico, que la Orden fue una sociedad secreta poseedora de poderes emanados de reliquias halladas por los caballeros en el antiguo Templo de Salomón, como serían el Arca de la Alianza o el Santo Grial.

Las leyendas en torno a los templarios han crecido con el surgimiento de sectas y de grupos esotéricos, que con anhelo de obtener arraigo histórico, se presumen herederos del Temple con pretensiones de posesión de conocimientos secretos que nada tienen que ver con la historia verídica de la fundación, crecimiento y abolición de lo que en verdad fue una Orden de la Iglesia, una Orden militar observante de la Fe, que puso a sus más refinados estrategas militares al servicio de los cristianos peregrinos en Tierra Santa. Entre las fantasías se encuentra una que asevera que la Orden del Temple se derivó, siglos después, en la masonería.

Hoy fascinan las catedrales góticas con sus vitrales de cristales “al temple” o el acero “templado” de las espadas empleadas para las batallas, pero se olvida la virtud de la “templanza” como medida ante el exceso, como se indica en la “Regla del Temple” que dicta: “Porque de nuestra vida sólo ves la corteza de fuera... pero no sabes de los fuertes mandamientos que se encuentran en el interior”.

La historia de los templarios, más que entre pasadizos ocultos y tesoros escondidos, se encuentra en el surgimiento, hace 900 años, de las novedosas órdenes religioso-militares, de las que la primera fue la Orden del Hospital, fundada en el año 1099 y la segunda la Orden el Temple, fundada hacia el año 1120.

Con historias o con leyendas, siempre provoca curiosidad conocer a una de las ordenes más poderosas de las cruzadas, que después de gloriosas batallas e innumerables triunfos contra los infieles, se encontrase al fin de sus días perseguida por el rey de Francia Felipe IV, disuelta por bula pontificia del Papa Clemente V, y que viese a su último Gran Maestre, Jacques De Molay, morir abrazado por el fuego de la hoguera, peor que el peor de los infieles, contra quienes él mismo combatió, en favor de la cristiandad.

La vigencia de esta Orden monástico-militar abarcó solamente dos siglos: del año 1118 al 1314. Su fundación se relaciona estrechamente con San Bernardo de Claraval, quien dictara las pautas principales de la Regla que regiría a los caballeros, normas que se basaban en la forma de vida benedictina, muy similar a la Orden del Cister.

El 25 de diciembre de 1118, siete nobles cristianos acudieron ante Balduino II, rey de Jerusalén, para ofrecerse a fundar una Orden de monjes-soldados, que se encargaría de proteger con armamentos a los peregrinos que viajaban a Tierra Santa, a la par de los Caballeros Hospitalarios que ya tenían albergues y hospitales, aunque no todavía estamentos militares. El rey les concedió un lugar sobre las ruinas y los alrededores del Templo de Salomón, donde permanecieron por nueve años, tiempo durante el que se les sumaron dos caballeros más.

En sus inicios se llamó Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, luego Orden de los Caballeros del Templo de Salomón y finalmente, Orden del Temple cuando en el año 1128 el Papa Honorio II reconoció a la Orden, a sus nobles fundadores y a su primer Gran Maestre, Hughes de Payens, quien muriera en 1136 legándole a su Orden su escudo de armas, consistente en una cruz Paté roja sobre fondo blanco.

Poco se sabe sobre lo que los nueve caballeros hicieron durante su estancia de nueve años en las ruinas del Templo. Nadie podía entrar sin su consentimiento y durante ese tiempo ellos no salieron a cumplir su misión de proteger peregrinos o combatir al enemigo. Se puede suponer que se dedicaron a rezar, meditar y vivir bajo la Regla aprobada, pero hay quienes afirman que excavaron la zona en busca de reliquias sagradas. A partir de ello, se cree que alguna de las reliquias les revelaría un conocimiento que les ayudó a convertirse en la fuerza económica y militar más poderosa de la cristiandad.

Si acaso hallaron el Arca de la Alianza, el Cáliz Sagrado, o la lanza del centurión Longinos, eso no lo sabe nadie. De lo que sí se tiene comprobación histórica es de que conservaron en su poder, durante años, la Sábana Santa, la tela que cubriera el cuerpo del Señor en el sepulcro y la que traspasara justo al momento de su Resurrección, la misma que hoy se venera en Turín, Italia.

El Observador: Hipótesis sobre María

Por Jaime Septién / El Observador

El nuevo libro del periodista italiano Vittorio Messori, autor del best-seller mundial Hipótesis sobre Jesús, viene muy bien este mes de mayo, en el que dedicamos nuestra oración y las flores de nuestro cariño a la madre de Dios, la santísima virgen María.

En la misma línea de sus investigaciones histórico-periodísticas, Hipótesis sobre María aporta hechos, indicios y enigmas sobre “la mujer que más impacto cultural y social ha tenido en la historia de la humanidad”. Messori, con mano maestra, nos introduce en el misterio del silencio que es María; en los múltiples caminos que ha recorrido su fama –desde protectora de los pobres hasta reina de los etíopes—y en su impresionante actualidad.

La tesis del libro es la siguiente: María es el camino para desmentir errores, corregir desviaciones y descontaminar de falsedades la (amenazada) fe en Cristo que tanto padece el mundo moderno. La Madre es decisiva en la vida de Jesús, del cristianismo y de la fe. Porque la Madre es la expresión humana de Dios hecho hombre. Una expresión que todos compartimos. Y que refleja el Amor del Creador a sus criaturas. El Amor con mayúscula.

En María –lo dice Messori a lo largo de las 458 páginas de que consta el libro-- se da el encuentro de la piedad popular (la viejecita doblada ante las cuentas del Rosario) y de la conversión “culta” (el intelectual que la tiene por intercesora en su vuelta a la Iglesia; Chesterton o Paul Claudel); de las procesiones y las peregrinaciones a sus santuarios (por ejemplo, el de Guadalupe, el más visitado del mundo) y el de los científicos (como los que estudian sus milagros en Lourdes o el ayate de san Juan Diego).

María es la mujer fuerte del Evangelio, la mujer firme que nos impide la dejadez, la abulia, el conformismo y la infidelidad para con Jesús. Es aquella que siempre, en cualquier tribulación o alegría nos susurra las mismas palabras que dijo a quien servía el vino en las bodas de Caná: “haz lo que él te diga”. Si la escuchamos, ganaremos el único premio que vale la pena: la vida eterna.

Opus Dei: Por María hacia Jesús

Con motivo del comienzo del mes de mayo ofrecemos tres extractos de una homilía pronunciada por San Josemaría el 4 de mayo de 1957, e incluida en el libro “Es Cristo que pasa”.

Una sincera devoción a la Virgen

Una mirada al mundo, una mirada al Pueblo de Dios (Cfr. I Pet II, 10.), en este mes de mayo que comienza, nos hace contemplar el espectáculo de esa devoción mariana que se manifiesta en tantas costumbres, antiguas o nuevas, pero vividas con un mismo espíritu de amor.

Da alegría comprobar que la devoción a la Virgen está siempre viva, despertando en las almas cristianas el impulso sobrenatural para obrar como domestici Dei, como miembros de la familia de Dios (Eph II, 19.).

Seguramente también vosotros, al ver en estos días a tantos cristianos que expresan de mil formas diversas su cariño a la Virgen Santa María, os sentís más dentro de la Iglesia, más hermanos de todos esos hermanos vuestros. Es como una reunión de familia, cuando los hijos mayores, que la vida ha separado, vuelven a encontrarse junto a su madre, con ocasión de alguna fiesta. Y, si alguna vez han discutido entre sí y se han tratado mal, aquel día no; aquel día se sienten unidos, se reconocen todos en el afecto común.

María edifica continuamente la Iglesia, la aúna, la mantiene compacta. Es difícil tener una auténtica devoción a la Virgen, y no sentirse más vinculados a los demás miembros del Cuerpo Místico, más unidos también a su cabeza visible, el Papa. Por eso me gusta repetir: omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!, ¡todos, con Pedro, a Jesús por María! Y, al reconocernos parte de la Iglesia e invitados a sentirnos hermanos en la fe, descubrimos con mayor hondura la fraternidad que nos une a la humanidad entera: porque la Iglesia ha sido enviada por Cristo a todas las gentes y a todos los pueblos (Cfr. Mt XXVIII, 19.).

Esto que acabo de decir es algo que hemos experimentado todos, puesto que no nos han faltado ocasiones de comprobar los efectos sobrenaturales de una sincera devoción a la Virgen. Cada uno de vosotros podría contar muchas cosas. Y yo también. Viene ahora a mi memoria una romería que hice en 1935 a una ermita de la Virgen, en tierra castellana: a Sonsoles.

No era una romería tal como se entiende habitualmente. No era ruidosa ni masiva: íbamos tres personas. Respeto y amo esas otras manifestaciones públicas de piedad, pero personalmente prefiero intentar ofrecer a María el mismo cariño y el mismo entusiasmo, con visitas personales, o en pequeños grupos, con sabor de intimidad.

En aquella romería a Sonsoles conocí el origen de esta advocación de la Virgen. Un detalle sin mucha importancia, pero que es una manifestación filial de la gente de aquella tierra. La imagen de Nuestra Señora que se venera en aquel lugar, estuvo escondida durante algún tiempo, en la época de las luchas entre cristianos y musulmanes en España. Al cabo de algunos años, la estatua fue encontrada por unos pastores que –según cuenta la tradición–, al verla comentaron: ¡Qué ojos tan hermosos! ¡Son soles!

Madre de Cristo, Madre de los cristianos

Desde aquel año de 1935, en numerosas y habituales visitas a Santuarios de Nuestra Señora, he tenido ocasión de reflexionar y de meditar sobre esta realidad del cariño de tantos cristianos a la Madre de Jesús. Y he pensado siempre que ese cariño es una correspondencia de amor, una muestra de agradecimiento filial. Porque María está muy unida a esa manifestación máxima del amor de Dios: la Encarnación del Verbo, que se hizo hombre como nosotros y cargó con nuestras miserias y pecados. María, fiel a la misión divina para la que fue criada, se ha prodigado y se prodiga continuamente en servicio de los hombres, llamados todos a ser hermanos de su Hijo Jesús. Y la Madre de Dios es también realmente, ahora, la Madre de los hombres.

Así es, porque así lo quiso el Señor. Y el Espíritu Santo dispuso que quedase escrito, para que constase por todas las generaciones: Estaban junto a la cruz de Jesús, su madre, y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Habiendo mirado, pues, Jesús a su madre, y al discípulo que él amaba, que estaba allí, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después, dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel punto el discípulo la tuvo por Madre (Ioh XIX, 25–27.).

Juan, el discípulo amado de Jesús, recibe a María, la introduce en su casa, en su vida. Los autores espirituales han visto en esas palabras, que relata el Santo Evangelio, una invitación dirigida a todos los cristianos para que pongamos también a María en nuestras vidas. En cierto sentido, resulta casi superflua esa aclaración. María quiere ciertamente que la invoquemos, que nos acerquemos a Ella con confianza, que apelemos a su maternidad, pidiéndole que se manifieste como nuestra Madre (Monstra te esse Matrem (Himno litúrgico Ave maris stella).).

Pero es una madre que no se hace rogar, que incluso se adelanta a nuestras súplicas, porque conoce nuestras necesidades y viene prontamente en nuestra ayuda, demostrando con obras que se acuerda constantemente de sus hijos. Cada uno de nosotros, al evocar su propia vida y ver cómo en ella se manifiesta la misericordia de Dios, puede descubrir mil motivos para sentirse de un modo muy especial hijo de María.

Los textos de las Sagradas Escrituras que nos hablan de Nuestra Señora, hacen ver precisamente cómo la Madre de Jesús acompaña a su Hijo paso a paso, asociándose a su misión redentora, alegrándose y sufriendo con El, amando a los que Jesús ama, ocupándose con solicitud maternal de todos aquellos que están a su lado.

Pensemos, por ejemplo, en el relato de las bodas de Caná. Entre tantos invitados de una de esas ruidosas bodas campesinas, a las que acuden personas de varios poblados, María advierte que falta el vino (Cfr. Ioh II, 3.). Se da cuenta Ella sola, y en seguida. ¡Qué familiares nos resultan las escenas de la vida de Cristo! Porque la grandeza de Dios, convive con lo ordinario, con lo corriente. Es propio de una mujer, y de un ama de casa atenta, advertir un descuido, estar en esos detalles pequeños que hacen agradable la existencia humana: y así actuó María.

Fijaos también en que es Juan quien cuenta la escena de Caná: es el único evangelista que ha recogido este rasgo de solicitud materna. San Juan nos quiere recordar que María ha estado presente en el comienzo de la vida pública del Señor. Esto nos demuestra que ha sabido profundizar en la importancia de esa presencia de la Señora. Jesús sabía a quién confiaba su Madre: a un discípulo que la había amado, que había aprendido a quererla como a su propia madre y era capaz de entenderla.

Pensemos ahora en aquellos días que siguieron a la Ascensión, en espera de la Pentecostés. Los discípulos, llenos de fe por el triunfo de Cristo resucitado y anhelantes ante la promesa del Espíritu Santo, quieren sentirse unidos, y los encontramos cum María matre Iesu, con Maria, la madre de Jesús (Cfr. Act I, 14.). La oración de los discípulos acompaña a la oración de María: era la oración de una familia unida.

Esta vez quien nos transmite ese dato es San Lucas, el evangelista que ha narrado con más extensión la infancia de Jesús. Parece como si quisiera darnos a entender que, así como María tuvo un papel de primer plano en la Encarnación del Verbo, de una manera análoga estuvo presente también en los orígenes de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo.

Desde el primer momento de la vida de la Iglesia, todos los cristianos que han buscado el amor de Dios, ese amor que se nos revela y se hace carne en Jesucristo, se han encontrado con la Virgen, y han experimentado de maneras muy diversas su maternal solicitud. La Virgen Santísima puede llamarse con verdad madre de todos los cristianos. San Agustín lo decía con palabras claras: cooperó con su caridad para que nacieran en la Iglesia los fieles, miembros de aquella cabeza, de la que es efectivamente madre según el cuerpo (S. Agustín, De sancta virginitate, 6 (PL 40, 399).).

No es pues extraño que uno de los testimonios más antiguos de la devoción a María sea precisamente una oración llena de confianza. Me refiero a esa antífona que, compuesta hace siglos, continuamos repitiendo aún hoy día: Nos acogemos bajo tu protección, Santa Madre de Dios: no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestra necesidad, antes bien sálvanos siempre de todos los peligros, Virgen gloriosa y bendita (Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genetrix: nostras deprecationes ne despicias in necessitatibus, sed a periculis cunctis libera nos semper, Virgo gloriosa et benedicta.).

Tratar a María

De una manera espontánea, natural, surge en nosotros el deseo de tratar a la Madre de Dios, que es también Madre nuestra. De tratarla como se trata a una persona viva: porque sobre Ella no ha triunfado la muerte, sino que está en cuerpo y alma junto a Dios Padre, junto a su Hijo, junto al Espíritu Santo.

Para comprender el papel que María desempeña en la vida cristiana, para sentirnos atraídos hacia Ella, para buscar su amable compañía con filial afecto, no hacen falta grandes disquisiciones, aunque el misterio de la Maternidad divina tiene una riqueza de contenido sobre el que nunca reflexionaremos bastante.

La fe católica ha sabido reconocer en María un signo privilegiado del amor de Dios: Dios nos llama ya ahora sus amigos, su gracia obra en nosotros, nos regenera del pecado, nos da las fuerzas para que, entre las debilidades propias de quien aún es polvo y miseria, podamos reflejar de algún modo el rostro de Cristo. No somos sólo náufragos a los que Dios ha prometido salvar, sino que esa salvación obra ya en nosotros. Nuestro trato con Dios no es el de un ciego que ansía la luz pero que gime entre las angustias de la obscuridad, sino el de un hijo que se sabe amado por su Padre.

De esa cordialidad, de esa confianza, de esa seguridad, nos habla María. Por eso su nombre llega tan derecho al corazón. La relación de cada uno de nosotros con nuestra propia madre, puede servirnos de modelo y de pauta para nuestro trato con la Señora del Dulce Nombre, María. Hemos de amar a Dios con el mismo corazón con el que queremos a nuestros padres, a nuestros hermanos, a los otros miembros de nuestra familia, a nuestros amigos o amigas: no tenemos otro corazón. Y con ese mismo corazón hemos de tratar a María.

¿Cómo se comportan un hijo o una hija normales con su madre? De mil maneras, pero siempre con cariño y con confianza. Con un cariño que discurrirá en cada caso por cauces determinados, nacidos de la vida misma, que no son nunca algo frío, sino costumbres entrañables de hogar, pequeños detalles diarios, que el hijo necesita tener con su madre y que la madre echa de menos si el hijo alguna vez los olvida: un beso o una caricia al salir o al volver a casa, un pequeño obsequio, unas palabras expresivas.

En nuestras relaciones con Nuestra Madre del Cielo hay también esas normas de piedad filial, que son el cauce de nuestro comportamiento habitual con Ella. Muchos cristianos hacen propia la costumbre antigua del escapulario; o han adquirido el hábito de saludar –no hace falta la palabra, el pensamiento basta– las imágenes de María que hay en todo hogar cristiano o que adornan las calles de tantas ciudades; o viven esa oración maravillosa que es el santo rosario, en el que el alma no se cansa de decir siempre las mismas cosas, como no se cansan los enamorados cuando se quieren, y en el que se aprende a revivir los momentos centrales de la vida del Señor; o acostumbran dedicar a la Señora un día de la semana –precisamente este mismo en que estamos ahora reunidos: el sábado–, ofreciéndole alguna pequeña delicadeza y meditando más especialmente en su maternidad.

Hay muchas otras devociones marianas que no es necesario recordar aquí ahora. No tienen por qué estar incorporadas todas a la vida de cada cristiano –crecer en vida sobrenatural es algo muy distinto del mero ir amontonando devociones–, pero debo afirmar al mismo tiempo que no posee la plenitud de la fe quien no vive alguna de ellas, quien no manifiesta de algún modo su amor a María.

Los que consideran superadas las devociones a la Virgen Santísima, dan señales de que han perdido el hondo sentido cristiano que encierran, de que han olvidado la fuente de donde nacen: la fe en la voluntad salvadora de Dios Padre, el amor a Dios Hijo que se hizo realmente hombre y nació de una mujer, la confianza en Dios Espíritu Santo que nos santifica con su gracia. Es Dios quien nos ha dado a María, y no tenemos derecho a rechazarla, sino que hemos de acudir a Ella con amor y con alegría de hijos.

Fuente: Opus Dei
http://www.opusdei.org.mx

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Opus Dei: Carta del Prelado

En mayo, Mons. Javier Echevarría invita a tratar en la oración a la Madre de Dios, y a aprender de ella a hablar con Cristo. Publicamos su carta mensual.

06 de mayo de 2008

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Hoy se celebra en la Iglesia universal la solemnidad de la Ascensión del Señor; en algunos sitios, por motivos pastorales, se traslada al domingo próximo. Como nos aconsejaba nuestro Padre, situémonos entre los Apóstoles y las santas mujeres, que son testigos de ese último misterio de la vida de Jesucristo en la tierra.

Es justo que la Santa Humanidad de Cristo reciba el homenaje, la aclamación y adoración de todas las jerarquías de los Ángeles y de todas las legiones de los bienaventurados de la Gloria [San Josemaría, Santo Rosario, II misterio glorioso].

Queremos unirnos de todo corazón a este ensalzamiento de nuestro Jesús. Sentimos la urgencia de asirnos con fuerza a la gracia de salvación que nos ha conseguido, y conscientes de que —como a los Doce— también a nosotros nos puede echar en cara nuestra poca fe [ Cfr. Mc 16, 14], le suplicamos que imprima en nuestro ser la grandeza de una vida nueva, la vida sobrenatural.

Nos ha dejado el Señor. Se nos ha ido al Cielo para prepararnos la mansión definitiva; desde allí, a la derecha del Padre, como repite la liturgia, la gratia Capitis, la gracia de la Cabeza llega a todos los miembros del Cuerpo místico. Antes de irse, nos ha encargado que vayamos por todo el mundo, sin miedo, sin respetos humanos, con fe y optimismo, a difundir sus enseñanzas[ Cfr. Mt 28, 19-20; Mc 16, 15.3].

Resulta evidente la desproporción del encargo recibido, en comparación con nuestras fuerzas: ¡somos tan poca cosa para semejante empresa! Pero ¡qué seguridad nos infunde su promesa de que no nos dejará solos, de que nos enviará el Espíritu Santo para que seamos testigos suyos hasta el último confín de la tierra! [Cfr. Jn 14, 15-18; Mt 28, 20]. La Ascensión del Señor supone, para cada una y para cada uno, un desafío extraordinario y una confianza total del Cielo.

Pero, tú y yo sentimos la orfandad: estamos tristes, y vamos a consolarnos con María [San Josemaría, Santo Rosario, II misterio glorioso]. Con estas palabras termina San Josemaría su comentario al segundo misterio glorioso. Vamos, pues, a consolarnos con nuestra Madre, para que Ella nos mantenga fieles, firmemente fieles, en este compromiso de dar testimonio de Cristo y de sus enseñanzas.

En gran parte del mundo, mayo se considera el mes de María por antonomasia. Recuerdo la ilusión con que San Josemaría se preparaba cada año, para dar a su vida en estas fechas un tono más especialmente mariano. Pensemos, ya desde ahora, qué flores nos proponemos ofrecer a Nuestra Señora en las próximas semanas: qué detalles de piedad en el trato con Jesús, su Hijo muy querido, y en el trato con Ella; qué mortificaciones en el trabajo, en las relaciones con los demás, en el cumplimiento de nuestros deberes familiares, profesionales y sociales. Aunque nos parezcan habitualmente cosas pequeñas, si las realizamos con amor y por amor, emanarán el bonus odor Christi [2 Cor 2, 15], el buen olor de Cristo que todo cristiano está llamado a desprender en su comportamiento, para que los demás también conozcan y amen a Jesús. ¿Has concretado ya tu plan personal para honrar a la Señora, durante estos días?

El mes de mayo viene lleno de fiestas de la Virgen y de recuerdos marianos de la historia del Opus Dei, que nos sirven para avivar los sentimientos filiales de nuestro corazón, a medida que transcurren las jornadas. Quisiera ayudaros con estas líneas.

Mañana, día 2, es el aniversario de aquella peregrinación con la que San Josemaría comenzó la costumbre de la Romería de mayo. Han transcurrido ya 73 años y, desde entonces, ¡cuántos millares y millares de visitas de hijas e hijos suyos ha recibido Nuestra Señora, en todo el mundo, siguiendo las huellas de la que entonces realizó nuestro Padre!

Cuidemos el carácter familiar que San Josemaría imprimió a esta Costumbre mariana del Opus Dei, desde el principio. Refiriéndose a la peregrinación del 2 de mayo de 1935, escribía años después: no era una romería tal como se entiende habitualmente. No era ruidosa ni masiva: íbamos tres personas. Respeto y amo esas otras manifestaciones públicas de piedad, pero personalmente prefiero intentar ofrecer a María el mismo cariño y el mismo entusiasmo, con visitas personales, o en pequeños grupos, con sabor de intimidad[ San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 139].

¡Son tantas las intervenciones de la Virgen en favor de sus hijos! La mayor parte de las veces, se quedan en acciones que pasan ocultas en la historia de la humanidad, pero que iluminan interiormente la vida de sus destinatarios, les dan fuerzas para mejorar, para aspirar a la ardua —pero accesible— meta de la unión con Dios, la santidad. Esas intervenciones, y las respuestas generosas que suscitan, mostrarán toda su importancia cuando queden patentes en el último día. Esforcémonos por mirar todos los acontecimientos y circunstancias como nuestro Padre: con ojos de eternidad.

Pero, además, Nuestra Señora no escatima —así lo quiere Dios— sus intervenciones en favor de las criaturas, sobre todo en épocas de la historia en que los hombres se hallan más necesitados. Guadalupe, Lourdes, Fátima..., y otras manifestaciones marianas reconocidas por la Iglesia, constituyen sólo una pequeña muestra de esa solicitud de María, que se desborda sobre sus hijos indigentes; es la buena Madre que utiliza todos los recursos para movernos al arrepentimiento, para conducirnos de nuevo a Cristo, para meternos más en la intimidad divina.

El 13 de mayo recordamos una de esas manifestaciones: la primera aparición de la Santísima Virgen en Fátima. Que resuene en nuestros oídos el mensaje de oración, de conversión, de reparación por los pecados, que con tanta fuerza se difunde desde aquel santuario mariano. Como es lógico, agradecemos especialmente la protección que la Virgen dispensó al Papa Juan Pablo II, salvando su vida en el atentado del 13 de mayo de 1981; y rememoramos, también con gratitud, las muchas veces que San Josemaría se postró ante Ella en la capelinha, impetrando su auxilio maternal para la Iglesia, para la Obra, para todas las almas. Repitió frecuentemente que aquel lugar era su "refugio".

He hablado de Lourdes —se celebra este año el 150º aniversario de las apariciones—, y acuden a mi memoria las ocasiones en las que nuestro Fundador acudió a nuestra Madre en aquel rincón del Pirineo. Le pido que todos los fieles del Opus Dei, y las personas que se acercan a nuestros apostolados, cultivemos —como San Josemaría— el afán de crecer a diario en amor y devoción a la Virgen Santísima.

La advocación de Nuestra Señora de Guadalupe, tan unida a la evangelización del Nuevo Mundo, se halla muy presente también en la historia mariana del Opus Dei. En los próximos días recordaremos la novena de San Josemaría a la Virgen en su Basílica de la Ciudad de México, del 16 al 24 de mayo de 1970, que fue la razón principal de su primer viaje al continente americano. Tuve la dicha —gracia especialísima de Dios lo considero— de acompañar a nuestro Padre en su oración por la Iglesia y por la Obra. Años después, a finales de abril de 1983, volví a Guadalupe, esta vez acompañando al queridísimo don Álvaro, para dar gracias a Nuestra Señora por haber escuchado la encendida plegaria de nuestro Padre.

Son innumerables las enseñanzas que podemos sacar de aquellos días de 1970. Ahora os invito a considerar la grandeza de corazón de nuestro Fundador. Recuerdo muy bien el último día de la novena, el 24 de mayo. Como todos los días, recitamos las tres partes del Rosario. Antes de rezar los misterios gloriosos, San Josemaría nos movió a encomendar las necesidades del mundo entero. Europa, Asia, África, América y Oceanía desfilaron ante nuestros ojos al hilo de las palabras de nuestro Padre, mientras dejábamos en las manos benditas de la Virgen las necesidades, preocupaciones y ansias de los millones de personas que pueblan la tierra. Imitémosle en este afán de extender los frutos de la Redención de Jesucristo por todos los lugares y entre todas las personas.

El 31 de mayo es también fiesta de nuestra Madre. En cuanto el Arcángel San Gabriel le comunicó el próximo nacimiento del Bautista, María se levantó y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel[8]. Ya tenéis en la imaginación esta escena, que contemplamos cada día en el segundo misterio gozoso del Rosario: la llegada de María, las palabras de Isabel, los saltos de júbilo del Bautista aún no nacido... Luego permaneció en casa de su prima unos tres meses, para ayudarle en todo lo que fuera necesario. ¡Cuánto puede la presencia de María! Comentando este hecho, San Ambrosio escribe: «Si sólo su entrada [en aquella casa] produjo un efecto tan grande que, con el saludo de María, el niño saltó de gozo en el seno materno y su madre se llenó del Espíritu Santo, ¿en cuánto valoraremos los efectos de la presencia de María durante tanto tiempo?»[ San Ambrosio, Exposición del Evangelio de San Lucas, 2, 29].

Podemos aplicar a nuestra respuesta al Señor las palabras de este Padre y Doctor de la Iglesia. Si nos esforzamos por estar muy cerca de la Virgen Santísima, en el mes de mayo y siempre, ¡cuántas gracias se derramarán sobre nuestras almas! Entre otras, la alegría grande de sentirnos amigos e hijos de Dios.

La presencia de la Virgen en cada una de nuestras jornadas se convierte en la mejor escuela de oración. Lo afirmaba el Papa Benedicto XVI hace unos meses. San Lucas nos dice dos veces que la Virgen "guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón" (Lc 2, 19; cfr. 2, 51). Era una persona en coloquio con Dios, con la palabra de Dios, y también con los acontecimientos a través de los cuales Dios hablaba con Ella. El Magnificat es un "tejido" de palabras de la Sagrada Escritura, y nos muestra cómo María vivió en un coloquio permanente con la palabra de Dios y, así, con Dios mismo (...). Aprendamos de María a hablar personalmente con el Señor, ponderando y conservando en nuestra vida y en nuestro corazón la palabra de Dios, para que se convierta en verdadero alimento para cada uno. De este modo, María nos guía en una escuela de oración, en un contacto personal y profundo con Dios [Benedicto XVI, Encuentro con sacerdotes en Roma, 22-II-2007].

Antes de terminar, quiero pediros que recéis por los fieles del Opus Dei que recibirán la ordenación sacerdotal, en Roma, el próximo día 24. Que el Señor, por la intercesión de su Santísima Madre, nos los haga santos, doctos y alegres.

En el mes que acaba de transcurrir, realicé dos breves viajes —uno a Inglaterra y otro a Austria— para alentar a los fieles y a los cooperadores de la Prelatura en su trabajo apostólico en servicio de la Iglesia. Con el recuerdo vivo de nuestro Padre y de don Álvaro, fui a rezar ante Nuestra Señora de Willesden, en Londres, y ante María Pötsch, en Viena. También en estos lugares —como en Aparecida, Luján, Lo Vásquez, etc. — San Josemaría puso toda la Obra bajo el manto de la Virgen. Aprendamos a seguir ese camino de seguro auxilio.

En Viena, prolongando la oración de San Josemaría en 1955, he acudido a la Stella Orientis pidiendo su ayuda en la tarea apostólica que ya estamos realizando en bastantes países del centro y del este de Europa, antes sujetos al comunismo, y en aquellos otros que nos están esperando: Rumania, Bulgaria, Ucrania, Bielorrusia... ¿Piensas acompañar a quienes acudan en romería a nuestra Madre, en el mundo? ¿Qué dirás a las personas que se mueven a tu alrededor, sobre la grandeza de la Virgen y su omnipotencia suplicante? ¿Has considerado cómo dirigir la mirada con mayor cariño a sus imágenes? ¿Desgranarás con más piedad las avemarías?

Ordinariamente, en esta fecha del 1 de mayo se celebra la memoria de San José Artesano. Me dirijo al Santo Patriarca para que nos enseñe a tener con su Esposa virginal muchas delicadezas a lo largo de las próximas semanas, y siempre.

Con todo cariño, os bendice

vuestro Padre
+ Javier


Fuente: Opus Dei
http://www.opusdei.org.mx

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El observador: Victoria y venganza

Por Jaime Septién

Desde que la Iglesia es Iglesia, los ataques en su contra han sido salvajes, desproporcionados, de mala leche y sin intención de establecer un diálogo con el misterio que la constituye. Nada nuevo hay en lo que vemos ahora, desde el “fuego amigo” de periodistas que se dicen católicos, hasta las calenturas trasnochadas de quienes en todo ven un “intento” de la Iglesia por “volver a tener el poder”.

En el siglo cuarto de nuestra era, a San Agustín, enemigos y “amigos” le decían que la Iglesia tenía sus días contados, y el genial obispo de Hipona les respondía diciendo que él veía morir a los que auguraban la muerte de la Iglesia y la Iglesia “permanecía siempre de pie, anunciando el poder de Dios a sucesivas generaciones”. Voltaire dijo aquella frase lapidaria: “De aquí a veinte años ya habrá fenecido la Iglesia católica” en Francia. A los veinte años el que feneció fue Voltaire. “La Iglesia católica –según dijo Montalambert en 1845, al finalizar una sesión del Parlamento--—tiene la victoria y la venganza aseguradas contra aquellos que la calumnian, la encadenan y la traicionan: su venganza es pedir por ellos y su victoria, sobrevivirlos”.

La Iglesia está por encima de todos los iluminados, los catastrofistas, los mal intencionados, los ingenuos y los imbéciles que le exigen (así, con nivel de exigencia) que cambie; que le advierten que si no hace esto o lo otro va a desaparecer, que si no deja el dogma se va a consumir, que si no vende sus “tesoros”, los pobres se van a cambiar a una secta, que si no pone fin al celibato sacerdotal va a cosechar puros curas pederastas…

No entiendo cómo los católicos nos dejamos asustar tan fácilmente. O, peor, nos dejamos arrastrar por la opinión de mercachifles disfrazados de vendedores de noticias. Hace falta ser miope, no mirar a la historia y no tener fe en Dios como para que nos hagan ¡buh! Y nos pongamos a temblar.

Necesitamos decisión y firmeza de proclamar a Jesús, para que sea el Enemigo el que tiemble. Y dar la cara a quienes insultan a la Santa Madre Iglesia, también.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Opus Dei: La paz de Dios

Benedicto XVI presidió en la basílica vaticana la celebración eucarística por la solemnidad de Pentecostés. El Santo Padre recordó la palabra pronunciada por Jesús resucitado cuando se aparece a los discípulos en el Cenáculo, "¡Shalom", paz a vosotros!”.

En la homilía, el Santo Padre afirmó que el día de la venida del Espíritu Santo la Iglesia recibió un "bautismo de fuego"; "en Pentecostés, la Iglesia no queda constituida por la voluntad humana, sino por la fuerza del Espíritu de Dios. E inmediatamente se puede ver que este Espíritu da vida a una comunidad que es al mismo tiempo única y universal, superando así la maldición de Babel".

"De hecho -continuó-, sólo el Espíritu Santo, que crea unidad en el amor y en la recíproca aceptación de las diversidades, puede liberar a la humanidad de la constante tentación de una voluntad de potencia terrena que quiere dominar y uniformar todo".

Refiriéndose a "un aspecto peculiar de la acción del Espíritu Santo, la relación entre multiplicidad y unidad", Benedicto XVI señaló que ya en "Pentecostés queda claro que pertenecen a la Iglesia múltiples lenguas y culturas; en la fe pueden comprenderse y fecundarse mutuamente".

Desde su nacimiento, "la Iglesia "es ya "católica", universal. Habla desde el inicio todos los idiomas, pues el Evangelio que se le ha confiado está destinado a todos los pueblos, según la voluntad y el mandato de Cristo resucitado. La Iglesia que nace en Pentecostés no es ante todo una comunidad particular -la Iglesia de Jerusalén-, sino la Iglesia universal, que habla las lenguas de todos los pueblos".

"De ella -dijo- nacerán después las demás comunidades en todas las partes del mundo, Iglesias particulares que son siempre expresión de la única Iglesia de Cristo. Por tanto, la Iglesia católica no es una federación de Iglesias, sino una realidad única: la prioridad ontológica le corresponde a la Iglesia universal. Una comunidad que no fuera en este sentido católica, ni siquiera sería Iglesia".

El Papa puso de relieve que "el camino de la Palabra de Dios, iniciado en Jerusalén llega a su meta, porque Roma representa al mundo entero y encarna la idea de catolicidad".

La palabra pronunciada por Jesús resucitado cuando se aparece a los discípulos en el Cenáculo, "¡Shalom", paz a vosotros! "no es -dijo- un simple saludo; es mucho más: es el don de la paz prometida, conquistada por Jesús con el precio de su sangre; es el fruto de su victoria en la lucha contra el espíritu del mal".

El Santo Padre invitó a renovar la conciencia de "la responsabilidad" que implica este don: "responsabilidad de la Iglesia de ser constitucionalmente signo e instrumento de la paz de Dios para todos los pueblos". En este contexto recordó que en su reciente visita a la sede de la ONU, trató de "transmitir este mensaje". Sin embargo, añadió, "no sólo hay que pensar en estos encuentros "en la cumbre". La Iglesia realiza su servicio a la paz de Cristo sobre todo en la presencia y acción ordinarias entre los hombres, con la predicación del Evangelio y con los signos de amor y de misericordia que la acompañan".

Entre estos signos, subrayó principalmente el Sacramento de la Reconciliación. "¡Qué importante y por desgracia no suficientemente comprendido es el don de la Reconciliación, que pacifica los corazones!", exclamó.

"La paz de Cristo se difunde sólo a través de corazones renovados de hombres y mujeres reconciliados, servidores de la justicia, dispuestos a difundir en el mundo la paz con la única fuerza de la verdad, sin rebajarse a compromisos con la mentalidad del mundo, pues el mundo no puede dar la paz de Cristo: de este modo la Iglesia puede ser levadura de esa reconciliación que procede de Dios", concluyó.

Fuente: OPUS DEI
http://www.opusdei.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El pulso de la fe: Templarios II

Roberto O’Farrill Corona


Durante sus dos siglos de existencia, del XII al XIV, la estructura religioso-militar más poderosa de la cristiandad tuvo a 23 Grandes Maestres, desde el primero, Hughes de Payen, hasta el último, Jacques De Molay, quien muriera sentenciado a la hoguera. El Gran Maestre, aunque dependía directamente del Papa, tomaba decisiones militares y diplomáticas propias, pero requería de la aprobación del Capítulo General de la Orden.

El Temple logró reunir una gran fortuna debido a sus conquistas en Tierra Santa y a las donaciones de reyes, príncipes y nobles que querían gozar del privilegio de ser sepultados como templarios y entre quienes con rapidez se extendió la costumbre de heredar sus bienes a los caballeros templarios, luego de morir. La Orden, que contaba con grandes estamentos militares y que gozaba del privilegio de exención de impuestos y del diezmo, pudo convertirse en una auténtica potencia financiera, lo que le permitió ser la organización más fiable que encontrara la nobleza medieval para la protección de sus bienes.

Los caballeros, por su parte, resultaron idóneos para transportar el dinero entre Oriente y Occidente gracias a su poderío militar terrestre y naval. Así, la monarquía francesa encomendó, durante muchos años, las labores de tesorería y contabilidad a los templarios.

La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, que inició su razón de ser bajo ideales marcados por la humildad y pobreza, se vio en poco tiempo convertida en una entidad que practicaba el servicio de Banca, resultando ser los primeros banqueros de la historia cuando crearon lo que en la actualidad son los cheques, pues utilizaban documentos que debían ser pagados al portador al ser presentados, en clave, en cualquier encomienda templaria del mundo.

Todo esto le dio a los templarios el inmenso poder que alcanzaron, pero fue también, paradójicamente, lo que más tarde los hundiría en la peor persecución protagonizada por un rey que supo aprovecharse de la debilidad de un Papa.

Hacia 1273, la situación en Tierra Santa atravesaba por su peor momento para la cristiandad, lo que obligó al último Gran Maestre templario, Jacques de Molay, guerrero valeroso pero sin cualidades políticas, a estimar que el Temple podría tener continuidad siempre y cuando trasladara su sede a Francia, donde la Orden tenía extensas posesiones y donde residía un buen número de caballeros.

La presencia de la Orden en Francia despertó recelos en el rey Felipe IV, pues el poderío de los templarios era mayor al de toda la nación. Francia estaba en bancarrota y pronto el rey se encontró con grandes deudas económicas contraídas hacia la Orden, que además constituía una especie de ejército privado dentro de la nación francesa. El Gran Maestre Jacques De Molay, como la mayoría de los caballeros, no sospechó nada cuando en 1305 Felipe IV empezó a implementar un plan para desmantelar a la Orden, arrestando a antiguos templarios para extraerles, bajo tortura, confesiones que utilizaría para ulteriores difamaciones de prácticas heréticas y homosexuales entre ellos.

El martes 13 de octubre de 1307 las tropas del rey cercaron la sede de los templarios en París, quienes no se resistieron respetando el antiguo pacto de no levantar la espada contra naciones cristianas. Los esbirros y sicarios del rey torturaron en París a 138 templarios ancianos con terrible saña, de quienes 135 confesaron los crímenes que pretendían escuchar sus inquisidores. Los otros tres murieron antes. Las torturas se llevaron a extremos infames contra templarios ancianos y todavía convalecientes de las heridas sufridas en Tierra Santa.

El Papa Clemente V veía con horror lo que sucedía contra una Orden Religiosa de la Iglesia e intentó salvarlos a través de la bula Pastoralis Praeminentiae del año 1307, en la que había ordenado, el mismo Clemente V, la captura de los templarios, por lo que Felipe IV tuvo que entregárselos al Papa; pero el 22 de marzo de 1312 el rey francés se presentó a las puertas de Roma con todo su ejército. El Papa, temeroso, abolió la Orden del Temple con la bula Vox Clamantis aquel mismo día.

Derrotado en su empeño final de salvar a los templarios, el Papa se vengó del rey francés con la bula Ad providam Christi en la que ordenaba repartir los bienes del Temple a la Orden del Hospital.

El 18 de marzo de 1314 murió en la hoguera Jacques de Molay con otros tres caballeros templarios. El último Gran Maestre de la Orden del Temple, antes de morir emplazó al Tribunal de Dios al Rey Felipe IV y al Papa Clemente V, quienes murieron ese mismo año.

Así se perpetró una de las mayores aberraciones difamantes de la historia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Observador: Quince años

Por Jaime Septién

El 24 de mayo de 1993, a las 5 de la tarde, en el estacionamiento del aeropuerto de Guadalajara, fue acribillado a mansalva el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. Los peritajes advirtieron que el sicario (el “güero jaibo”?) había pulsado su metralleta a 25 centímetros del cuerpo del cardenal. ¿Quién, a esa distancia, podría haber creído que estaba acribillando al “chapo” Guzmán? También murieron otras seis personas en la balacera. Han pasado quince años exactos desde el magnicidio... y no se ha aclarado nada.

Nos entretuvimos una década en la tesis del “fuego cruzado”, cuando declaraciones de testigos, bitácoras de vuelo y artimañas del poder dejaban al descubierto una trama claramente urdida para eliminar al cardenal Posadas Ocampo, quizá por que conocía muy bien las alianzas entre el narcotráfico y la gente del poder.

Lo que para cualquiera era una pista fiable, en México se convirtió en un laberinto de fiscalías, comisiones especiales, muertes subrepticias, desapariciones raras y peleas de abogados. El episcopado mexicano nunca ha quedado satisfecho. Mucho menos el cardenal Sandoval Íñigüez, sucesor en Guadalajara del señor Posadas Ocampo. A fuerza de amenazas de muerte, presumibles intentos de envenenarlo y rabietas de ex procuradores, el cardenal Sandoval ha optado por seguir una estrategia de silencio. A eso lo orillaron y a eso orilla la dejadez y el desaseo que sufre la justicia en este país.

Es mentira que los obispos sean los únicos agraviados por el crimen del cardenal. Lo somos todos los católicos y los buenos mexicanos, los que nos entristecemos cuando la Patria entra en callejones sin salida donde los poderes del dinero y del mal son los únicos poderes que tienen voz. Cuando se dice que México es el país de la impunidad nos sonrojamos, porque sabemos que es cierto, que aquí hay 15, 20 o 30 “ejecutados” cada día y la mayor parte de los partidos sigue echando discursos y peleando por los dineros de PEMEX. La guerra contra el crimen –organizado o desorganizado, lo mismo da—o es de todos o la vamos a seguir perdiendo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ALMAS: Taller “Resignificando la soledad”

Asociación de Laicos por la Madurez Afectiva y Sexual promueve su próximo Curso de Afectividad para solteros 2ª parte. Se convoca a todos los solteros de 18 a 50 años que deseen ser partícipes de este encuentro vivencial e intelectual para fortalecer sus lazos interpersonales y emprender una búsqueda de todo aquello que obstaculice sus relaciones con los demás.

El curso estará dividido en 5 módulos en lo que se abordarán los temas: Estereotipos y defensas de personalidad, Temores y riesgos de la edad adulta, comunicación y relaciones interpersonales, La construcción de una identidad personal y Lo profundo de la madurez personal.

Para más detalles acerca del material e inscripción, visite la página de Almas:
http://www.almas.com.mx/almas/artman/publish/article_1158.php

Fuente: Almas
http://www.almas.com.mx

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RE: Nuevas tecnologías sirven a la movilización ciudadana

 

La presidenta de OCLACC, Anamaría Rodríguez, considera que hemos pasado de la etapa de fascinación por la tecnología de Internet, a un uso más consciente de elaboración colectiva de propuestas y de contenidos.

Miles de personas se están convirtiendo en productores de noticias, comentarios, debates en torno a los más diversos temas, entre ellos asuntos de interés común que promueven solidaridad, colaboración e intercambio.

Rodríguez realizó estas afirmaciones en una conferencia en la ciudad de Panamá, durante el Encuentro de Jóvenes Comunicadores que aborda el tema de ciudadanía digital y que concluye este 17 de mayo.

Para mostrar el peso social que hoy tiene el uso de Internet, la dirigente de los comunicadores católicos, recordó que en Colombia y varias ciudades del mundo, millones de personas salieron a marchar contra la violencia, gracias a un espacio en Facebook que motivó y coordinó de forma inédita una de las más grandes movilizaciones bajo el mensaje de “No más FARC” (http://apps.facebook.com/nomasfarc/).

Ninguna de nuestras democracias ha creado o permitido espacios tan amplios, rápidos y eficaces como los que hoy nos permiten las redes sociales, internet y la telefonía celular para debatir opiniones y construir propuestas de manera colectiva.

Frente a esta nueva realidad, afirmó Anamaria Rodríguez, los profesionales de la comunicación tenemos que hacer un uso adecuado de los diversos instrumentos que nos permite Internet y la informática.

La Ética periodística, desde los derechos humanos, debe ser nuestra norma, es decir promocionar y difundir todo lo que sirva para el desarrollo del ser humano y promueva el bien común.

Pero para los comunicadores católicos el reto es mucho mayor: Estamos llamados a ser los mejores promotores de espacios participativos de intercomunicación, construir desde la comunicación sociedades basadas en la solidaridad, la fraternidad y el amor cómo nos lo enseña Jesucristo.

Por su parte los jóvenes comunicadores presentes en el Encuentro, manifestaron su disponibilidad de construir y fortalecer REDES de intercomunicación que permitan intercambiar experiencias, realizar actividades de capacitación, construir espacios virtuales de servicio a la comunidad, a los jóvenes y a la iglesia, de manera especial desde una perspectiva de los más indefensos y marginados.

Fuente: radio evangelización
http://www.radioevangelizacion.org/