Ciudad de México, 23 de enero de 2008

 

Como pajaritos enjaulados

El pastor de un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra llegó a su iglesia un domingo cargando una mohosa jaula de pájaros, doblada y vieja, y la colocó sobre el púlpito. Se fruncieron varios ceños y, a manera de contestación, el pastor comenzó a hablar.

-Estaba caminando por el pueblo ayer, cuando vi un joven meciendo esta jaula de pájaros. Dentro de ella había tres pajarillos silvestres, temblando de frío y de miedo. Detuve al muchacho y le pregunté: ¿Qué llevas ahí, hijo?

-Son tan solo unos pajarracos -fue su respuesta.

-¿Y qué vas a hacer con ellos?

-Los voy a llevar a casa para divertirme -me contestó. Voy a molestarlos, a sacarles las plumas y hacerlos pelear. Ésa será hoy mi diversión con mis amigos.

-Pero te vas a cansar de esos pajarillos tarde o temprano. ¿Qué harás con ellos entonces?

-Tengo unos gatos -dijo el muchacho. Les gustan los pájaros. Se los daré de postre y se pondrán contentos.

Me quedé sin palabras. Por fin le dije:

-¿Cuánto quieres por esos pájaros, hijo?

-¿¡Eh!? ¿Para que los quiere? Son unos simples pájaros viejos del campo. No cantan. ¡Ni siquiera son bonitos!

-¿Cuánto? -insistí. El muchacho me miró como si estuviera loco y me dijo:

-Diez dólares

Busqué en mi bolsillo y puse en sus manos el dinero. En un segundo el joven desapareció. Yo recogí aquella jaula y la llevé al final del callejón, donde había un árbol y césped. Poniendo la caja en el piso, abrí la puerta y, golpeando suavemente los barrotes, convencí a los pajaritos que salieran.

Bueno, ésa es la historia de la jaula vacía sobre el púlpito. La traje porque me recordó otra historia infinitamente más gloriosa. Se trata de nuestra historia.

Un día, Satanás y Jesús estaban conversando. Satanás acababa de venir del Jardín del Edén y se jactaba:

-Acabo de capturar al mundo lleno de gente allí abajo. Les tendí una trampa, utilicé carnada que sabía que ellos no podían resistir. ¡Los agarré a todos!

-¿Qué vas a hacer con ellos? -preguntó Jesús.

-¡Me voy a divertir! -respondió Satanás. Voy a incitarles toda clase de fantasías. Se creerán poderosos y sabios. Terminarán peleándose entre ellos mismos. Hasta las parejas se divorciarán. Las mismas cosas buenas que has creado los dominarán: el sexo, el dinero, los metales, el placer. Esos hombres que tanto amas serán borrachos y drogadictos. Los voy a enseñar cómo inventar armas y se destruirán entre ellos mismos... ¡Me voy a divertir en grande!

-¿Y qué harás con ellos cuando termines? -preguntó Jesús.

-Los mataré -exclamó Satanás con risa sarcástica.

-¿Cuánto quieres por ellos? -preguntó Jesús.

-Oh, tú no quieres a esa gentuza. No valen nada. Se reirán de ti en tu cara ¡Te escupirán, te maldecirán y te matarán de la manera mas salvaje! ¡Tú no quieres a esa gente!

-¿Cuánto? -insistió Jesús.

Satanás miró a Jesús y, mofándose, dijo:

-¿Cuanto? Nada menos que tu propia vida, hasta la última gota de tu sangre.

-¡HECHO! -respondió Jesús al instante.

El pastor levantó la jaula, abrió la puerta, y se fue del púlpito.


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