Ciudad de México, 30 de enero de 2008

 

¿Cuánto vales?

Alfredo, con el rostro abatido de pesar, se reúne con su amigo José a tomar un café. Deprimido, descargó en él sus angustias... que el trabajo, que el dinero, que la relación con su pareja... todo parecía estar mal en su vida.

José sacó entonces de su bolsillo un billete de 500 pesos y le dijo:
-Alfredo, ¿quieres este billete?
Alfredo, un poco confundido, le dijo:
-Claro... son 500 pesos, ¿quién no los querría?

Entonces José tomó el billete en su mano y lo arrugó hasta hacerlo un pequeño bulto de papel. Mostrando la estrujada pelotita a Alfredo, volvió a preguntarle:
-Y ahora ¿lo quieres igual?
-No sé qué pretendes con esto -dijo Alfredo. Siguen siendo 500 pesos, claro que los quiero.
Entonces José desdobló el arrugado billete, lo tiró al piso y lo restregó con su pie en el suelo, levantándolo luego sucio y marcado.
-¿Lo sigues queriendo?
-Mira José, sigo sin entender qué pretendes, pero ese es un billete y mientras no lo rompas, conserva su valor...
-Entonces, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o pisotee, SIGUES siendo tan valioso como siempre lo has sido. Lo importante es saber cuánto vales y eso ya Jesucristo te lo demostró muriendo por ti en la cruz. El crucifijo nos lo recuerda: tú vales el precio de Su Sangre derramada para salvarte. Así nos amó. Entonces, lo que importa es saber CUÁNTO VALES y no lo golpeado que puedas estar en un momento determinado”.

Alfredo se quedó mirando a José sin atinar con palabra alguna mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en su cerebro. José puso el arrugado billete en la mesa cerca de Alfredo y con una sonrisa cómplice agregó:
-Toma, guárdalo para que te acuerdes de esto cuando te sientas mal ... ¡pero me debes un billete nuevo de 500 pesos para poder usarlo con el próximo amigo que lo necesite!

Alfredo volvió a mirar el billete, sonrió, lo guardó en su billetera y dotado de una renovada esperanza, llamó al mesero para pagar la cuenta.


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