Ciudad de México, 12 de Marzo de 2008

 

Realizar la propia Pascua

Pascua es una palabra derivada del hebreo pesach, significa “paso” o “tránsito”. Describe lo que sucede cuando alguien se encuentra en una situación y luego se encuentra en otra. Fue empleada para significar la “pascua” o “paso” de Yahvé en la noche en que salió de Egipto.

Desde entonces, los judíos celebran la Pascua, que consiste en el recuerdo y la actuación anual de ese paso de Yahvé, enriquecida por el memorial de todas las innumerables intervenciones salvíficas realizadas por Dios en favor del pueblo elegido, ya que todas han sido “Pascuas” suyas.

La “Pascua” de Jesús es tanto la renovación de esa pascua antigua como el “tránsito” del Señor. Consistió en su inmolación, es decir, en su "paso de este mundo al Padre" (Jn 13,1) a través de la pasión y de la resurrección. De estar muerto el Viernes Santo ha sufrido un cambio, una mutación, y el domingo está vivo. Vivo con cuerpo glorioso, para nunca más morir.

La Pascua de Cristo, es también la Pascua de la Iglesia, que anualmente, pero también cada semana y cada día, renueva la Pascua de Cristo “hasta el día en que vuelva” (I Cor 1 1,26).

Todos tenemos que realizar nuestra Pascua. ¿Qué significa eso? Que tenemos que realizar cambios, tránsitos. Pasaremos a veces de la muerte a la vida, y otras de una situación X a otra situación Y. Debo cambiar.

¿Qué querrá decir hoy la “Pascua” a la que me llama el Señor? Para cada uno supondrá algo distinto:
-paso del pecado a la gracia
-paso de la superación de un defecto a una virtud
-paso de un nivel de gracia a otro mayor
-paso de una vida con visión terrena a otra con visión de fe

Podemos analizar una “Pascua”, en concreto referida al ‘paso’ de un nivel ordinario de vida espiritual a otro más intenso, más contemplativo. La que escribió un santo de la Edad Media llamado san Buenaventura. Explica que en la persona de Jesús encuentra el alma el quicio universal en su ascenso a Dios. El siguiente fragmento expone en lograda síntesis el proceso, según la doctrina del iluminado doctor. Ha servido de inspiración a otros muchos escritores y predicadores como guión que conduce al hombre a la unión contemplativa:

Es Cristo el camino, y la puerta, la escalera y el vehículo.
El que lo mira de cara, realiza con Él la Pascua.

Nos encontramos aquí con la primera invitación de san Buenaventura. La Pascua se realiza cuando se le mira de cara. Cara a cara. Nuestra oración no puede ser anónima, sino con alguien que está vivo. En este mismo sentido se expresa el papa Juan Pablo II:

“Jóvenes de todo el mundo, en el camino de vuestra vida cotidiana podéis encontrar al Señor. Esta es la dimensión fundamental del encuentro: no hay que tratar con ‘algo’, sino con ‘Alguien’, con ‘el que vive’”.

‘El que vive’. ¿Quién es el que está vivo? Jesucristo resucitado. Es el que vive, el que está viviendo, viviendo en mí. Estamos viviendo juntos.

¿Mi conocimiento de Jesús es teórico? ¿Lo conozco del mismo modo que podría conocer a un personaje de la historia, a un pensador? O es por el contrario el conocimiento de alguien que trato mucho. ¿Quién es la persona que más trato en mi vida? ¿Con quién comparto lo que tengo? A esa persona, ¿la veo a la cara?

¿Cómo se realiza este proceso? San Buenaventura continúa:

Para que este paso sea perfecto hay que abandonar toda especulación de orden intelectual y concentrar en Dios todas nuestras aspiraciones.

Éste el proceso: para estar viviendo profundamente la vida cristiana, Dios tiene que ser lo primero en nuestra vida. ¿Amo algo por encima de Dios? Para realizar esta ‘Pascua’ el requisito es amarlo por encima de todas las cosas. Hay gente que ama por encima de Dios su propia perfección, y confunde así lo que es la santidad. La santidad es hacer el proceso de la Pascua, es decir, del paso, del tránsito, de haberlo mirado cara a cara para luego amarlo. Amar la propia perfección es un peligro que nos puede sugerir Satanás. ‘Quiero acercarme a Dios porque quiero ser perfecto, porque quiero tener muchas virtudes, porque no quiero pecar’ No: voy a acercarme a Dios porque voy a amarlo, a darme, a unirme a Él perdiéndome yo.

Continúa San Buenaventura:

Esto es algo misterioso y secretísimo, que sólo puede conocer el que lo recibe, y nadie lo recibe sino el que lo desea, y no lo desea sino aquel a quien inflama en lo más íntimo el fuego del Espíritu Santo...

Si quieres saber cómo se realizan estas cosas, pregunta a la gracia y no al saber humano; pregunta al deseo y no al entendimiento, al gemido expresado en la oración y no al estudio y la lectura; al Esposo y no al Maestro; a Dios y no al hombre; a la oscuridad y no a la claridad; no a la luz, sino al fuego que abrasa totalmente y que transporta hacia Dios, con unción suavísima y ardentísimos deseos.

Podríamos diseccionar estas expresiones, como la que dice pregunta a la oscuridad y no a la claridad; porque estamos en el ámbito de la fe, y Dios te pide transitar por ahí. El camino de la humildad, el camino de los niños. Pregunta a la gracia, y no al saber humano, porque trasciende las fuerzas naturales y es un regalo, ... al Esposo y no al Maestro, porque es una relación de amor, no de inteligencia o pura teología.

El que le mira cara a cara realiza con Él la Pascua. Existencia compartida con alguien, con otra persona. Podríamos poner ejemplos de la vida de los santos, cómo van lográndolo. Santa Teresa de Jesús, por poner un ejemplo. Decía ella:

“¿Cómo podríamos representar la Humanidad de Cristo y ordenar con la imaginación su gran hermosura? Bien la puede representar delante de su imaginación y estarla mirando algún espacio, y las figuras que tiene, y la blancura, y poco a poco irla más perfeccionando y encomendando a la memoria aquella imagen” (Vida 29,1)

El Papa Juan Pablo II escribió:

Queridos Jóvenes, ya lo sabéis;
el cristianismo no es una opinión
y no consiste en palabras vanas.
¡ El cristianismo es Cristo!
Encontrar a Jesús,amarlo
y hacerlo amar: he aquí la vocación cristiana

Al final, todo se resuelve en Jesús. Mi vida es Cristo, mi vocación es Cristo porque el cristianismo es Cristo.


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