ÁNGELUS: “Evangelización y Unidad de los Cristianos

Intervención del Papa Benedicto XVI, durante el rezo del Ángelus con los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas:

Este año la fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo cae en domingo, así que toda la Iglesia, y no solo la de Roma, la celebra de forma solemne. Esta coincidencia es propicia también para dar mayor relieve a un acontecimiento extraordinario: el Año Paulino, que he abierto oficialmente ayer por la noche, ante la tumba del Apóstol de los gentiles, y que durará hasta el 29 de junio de 2009. Los historiadores colocan de hecho el nacimiento de Saulo, convertido después en Pablo, entre el 7 y el 10 después de Cristo. Por ello, al cumplirse alrededor de dos mil años, he querido convocar este jubileo especial, que naturalmente tendrá como baricentro Roma, en particular la Basílica de San Pablo Extramuros y el lugar del martirio, en Tre Fontane. Pero implicará a la Iglesia entera, a partir de Tarso, ciudad natal de Pablo, y desde el resto de lugares paulinos, meta de peregrinaciones en la actual Turquía, como también en Tierra Santa, y en la isla de Malta, donde el Apóstol atracó tras un naufragio y donde echó la semilla fecunda del Evangelio. En realidad, el horizonte del Año Paulino no puede dejar de ser universal, porque san Pablo ha sido por excelencia el apóstol de aquellos que respecto de los Hebreos eran “los alejados”, y que “gracias a la sangre de Cristo” se han convertido en “los cercanos” (cfr. Ef 2,13). Por esto también hoy, en un mundo cada vez más “pequeño”, pero donde muchísimos aún no han encontrado al Señor Jesús, el jubileo de san Pablo invita a todos los cristianos a ser misioneros del Evangelio.

Esta dimensión misionera necesita ser acompañada siempre a la de la unidad, representada por san Pedro, la “roca” sobre la que Jesucristo ha edificado su Iglesia. Como subraya la liturgia, los carismas de los dos grandes Apóstoles son complementarios para la edificación del único Pueblo de Dios y los cristianos no pueden dar testimonio válido de Cristo si no están unidos entre ellos. El tema de la unidad hoy se pone de relieve por el tradicional rito del Palio, que durante la santa Misa he impuesto a los Arzobispos Metropolitanos nombrados durante el último año. Son 40, y otros dos lo recibirán en sus sedes. A ellos reitero mi saludo cordial. Además, en la solemnidad de hoy es para el Obispo de Roma motivo de especial alegría acoger al Patriarca Ecuménico de Costantinopla, en la querida persona de Su Santidad Bartolomeo I, al cual renuevo mi fraterno saludo extendiéndolo a la entera Delegación de la Iglesia Ortodoxa que le acompaña.

Año Paulino, evangelización, comunión en la Iglesia y unidad plena de todos los cristianos: recemos por estas grandes intenciones confiándolas a la celeste intercesión de María Santísima, Madre de la Iglesia y Reina de los Apóstoles.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud apoyara a los pediatras


El Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, encabezada por su Eminencia Cardenal Javier Lozano Barragán, realizará su XXIII conferencia internacional titulada: “La pastoral en el cuidado de los niños enfermos” en la Ciudad del Vaticano del 13 al 15 de noviembre de 2008.

Especialistas de distintas partes del orbe como: Italia, España, Suiza, por mencionar algunos, serán los encargados de impartir estas conferencias, que se trataran diversos temas, entre ellos: Realidad y origen de las enfermedades infantiles; Pastoral de la salud en el cuidado de los niños enfermos.

Para estas conferencias se pide que los asistentes sean profesionales que trabajen, y preferentemente, estén involucrados en el campo de la Pediatría.

Quienes deseen participar pueden enviar el registro con los datos que se piden.

Registro

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ángelus: Benedicto XVI invita a toda la iglesia a sentirse partícipe de la JMJ


Intervención del Papa Benedicto XVI, durante el rezo del Ángelus con los peregrinos reunidos en el Palacio de Castel Gandolfo

Queridos hermanos y hermanas:

quisiera ante todo dirigir un afectuoso y grato saludo a las autoridades y a la entera comunidad civil y eclesial de Castel Gandolfo, que me reservan siempre durante mi estancia, una cordial y atenta acogida. Mi pensamiento va ya a Australia adonde, si Dios quiere, viajaré el próximo sábado, 12 de julio. En Sydney, de hecho, en el sureste de este país tendrá lugar la XXIII Jornada Mundial de la Juventud. En los meses pasados la “Cruz de los jóvenes” ha atravesado toda Oceanía, y en Sydney una vez más será testigo silenciosa del pacto de alianza entre el Señor Jesucristo y las nuevas generaciones. El 15 de julio está prevista la fiesta de acogida de los jóvenes, el sábado 19 tendrá lugar la gran vigilia y el domingo 20 la Celebración eucarística, momento culminante y concluyente del acontecimiento. La Conferencia Episcopal Australiana ha predispuesto con cuidado cada cosa, en todo momento sostenida por la colaboración de las autoridades civiles. Los primeros grupos de chicos y chicas ya están partiendo desde otros continentes hacia Australia. Invito a toda la Iglesia a sentirse partícipe de esta nueva etapa de la gran peregrinación de los jóvenes a través del mundo, iniciado en 1985 por el Siervo de Dios Juan Pablo II

La próxima Jornada Mundial de la Juventud se anuncia como un renovado Pentecostés: en efecto, ya desde hace un año las comunidades cristianas se preparan siguiendo el camino que indiqué en el Mensaje con el lema “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos” (Hch 1, 8). Es la promesa que Jesús hizo a sus discípulos después de la resurrección, y que permanece siempre válida y actual en la Iglesia: el Espíritu Santo, esperado y acogido en la oración, infunde en los creyentes la capacidad de ser testigos de Jesús y de su Evangelio. Soplando en la vela de la Iglesia, el Espíritu divino la empuja a “remar mar adentro” siempre de nuevo, de generación en generación, para llevar a todos la buena noticia del amor de Dios, revelado plenamente en Cristo Jesús, muerto y resucitado por nosotros. Estoy seguro de que desde todos los extremos de la tierra los católicos se unirán a míy a los jóvenes reunidos, como en un Cenáculo, en Sydney invocando intensamente al Espíritu Santo, para que inunde los corazones de luz interior, de amor a Dios y a los hermanos, de valiente iniciativa para introducir el eterno mensaje de Jesús en la diversidad de lenguas y culturas.

Junto a la Cruz, el icono de la Virgen María acompaña las Jornadas Mundiales de la Juventud. A su maternal protección confiamos este viaje a Australia y el encuentro de los jóvenes en Sydney. Además, en este primer domingo de julio, deseo invocar la intercesión de María a fin de que el periodo veraniego pueda ofrecer a todos la ocasión de un tiempo de reposo y de recarga física y espiritual.

(Después del Ángelus)

Mañana, 7 de julio, los Jefes de Estado de los países miembros del G8, junto con otros líderes del mundo, se reunirán en Japón para su cumbre anual. En estos días se han elevado numerosas voces -entre ellas las de los presidentes de las Conferencias Episcopales de las naciones citadas- para pedir que se realicen las tareas asumidas en las precedentes reuniones del G8 y se adopten valientemente todas las medidas necesarias para vencer el flagelo de la pobreza extrema, del hambre, de las enfermedades, del analfabetismo, que afligen aún a gran parte de la humanidad. ¡Me uno yo también a esta grave llamada a la solidaridad! Me dirijo por tanto a los participantes en el encuentro de Hokkaido-Toyako, para que en el centro de sus deliberaciones pongan las necesidades de las poblaciones más débiles y más pobres, cuya vulnerabilidad ha crecido a causa de las especulaciones y de las turbulencias financieras y de sus efectos perversos sobre los precios de los alimentos y de la energía. Auguro que la generosidad y la longanimidad ayuden a tomar decisiones de cara a relanzar un proceso equitativo de desarrollo integral, para salvaguardar la dignidad humana.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Palabras de Monseñor Celestino Migliore ante la ECOSOC

Palabras de Mons. Celestino Migliore, Observador del Vaticano ante la ONU, durante la reunión del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas.

Señor Presidente:

La reunión de alto nivel de este año pide a los líderes mundiales que reflexionen sobre el progreso realizado en el cumplimiento de la agenda para el desarrollo de las Naciones Unidas, y sobre la necesidad de responder a las necesidades para el desarrollo de las comunidades rurales. Uno no tiene más que ver la actual cobertura informativa sobre la actual crisis alimentaria y el descenso de la economía en algunos países desarrollados para comprender la importancia y relevancia del tema de este año.

Mientras que este año se celebra el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la crisis alimentaria mundial amenaza la consecución del derecho primario de cada persona de ser libre del hambre. A la luz de esto, la reciente resolución adoptada por el Consejo de los Derechos Humanos sobre el “derecho a la alimentación” enfatiza la obligación de los Estados, con la asistencia de la comunidad internacional, de realizar todos los esfuerzos para garantizar las necesidades alimentarias de sus poblaciones a través de medidas que respeten los derechos humanos y el imperio de la ley.

La crisis alimentaria ha impactado en todas las sociedades. En algunos lugares se manifiesta en la escasez de comida con la consecuente malnutrición y hambre; en otras aparece en forma de aumento de los precios para las familias a la hora de cubrir sus necesidades básicas. A pesar de los diferentes grados de la incidencia, las raíces de la actual crisis alimentaria parecen surgir de una serie de causas concomitantes. La visión económica a corto plazo, las políticas agrícolas y energéticas que han causado un choque entre la creciente demanda de productos alimentarios y la insuficiente producción de comida, por un lado, y el aumento en especulaciones financieras sobre las mercancías, el incontrolable aumento de los precios del carburante y las adversas condiciones climatológicas por el otro.

Mientras el debate actual enfocque correctamente los defectos estructurales de la economía mundial y en las causas de la emergencia, podremos asegurar que esta discusión se acompañe de una acción inmediata y efectiva. El fallo en actuar hará de esta reunión un mero ejercicio de retórica y de dejación de nuestras responsabilidades.
Señor Presidente, en este primer momento, debe llevarse a cabo una acción inmediata para asistir a las personas en peligro inmediato y que sufren desnutrición e inanición. Es difícil pensar que en un mundo en el que se gastan más de 1,3 trillones de dólares (851 billones de euros) al año en armamento, no se disponga de los fondos necesarios para cubrir las necesidades inmediatas de la gente. No hay razones para no actuar, y un sincero deseo de actuar debe ir acompañado de las acciones necesarias más que de las palabras y las buenas intenciones.

A medio y largo plazo, la ayuda económica de emergencia inicial debe ser acompañada por un esfuerzo concertado por todos para invertir a largo plazo en un programas agrícolas sostenibels a nivel local e internacional. Los últimos veinticinco años han visto un progreso considerable en la reducción del número de gente viviendo en la pobreza extrema y, a no ser que reinvirtamos en agricultura, el progreso conseguido a través de duro trabajo y dedicación corre el riesgo de perderse. Para este fin, las reformas agrarias en los países en vías de desarrollo deben agilizarse para proporcionar a los pequeños agricultores las herramientas para aumentar la producción de forma sustancial para que puedan acceder a los mercados locales y globales.

Además, las políticas agrícolas y medioambientales deben seguir el camino de la razón y el realismo en orden a equilibrar la necesidad de producción alimentaria con la necesidad de ser buenos administradores de la tierra. La actual escasez de alimentos reenfatiza la urgencia de explorar nuevas fuentes de energía que no confronten el derecho a la alimentación con otras necesidades.

Mi delegación da la bienvenida a las recomendaciones de la reciente Conferencia de Alto Nivel sobre la Seguridad Alimentaria Mundial de la FAO que ha tenido lugar en Roma. Estas recomendaciones ofrecen una guía práctica para saber cómo afrontar a corto y largo plazo las consecuencias de la crisis alimentaria y da una guía para afrontar futuras crisis.

Señor Presidente, El siglo veinte ha sufrido de forma trágica los efectos de la mirada exclusiva dentro de las propias fronteras por parte de pueblos y gobernantes, y la falta de consulta y cooperación multilateral. La presente crisis supone una oportunidad para la comunidad global de cara a dirigir juntos estas crisis y asumir las propias responsablidades ante los semejantes.

Gracias

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Homilía de Benedicto XVI en la misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud

 

Homilía pronunciada por S.S. Benedicto XVI durante la misa de clausura de la Jornada Mundia de la Juventud

Queridos amigos:

Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza (Hch 1,8). Hemos visto cumplida esta promesa. En el día de Pentecostés, como hemos escuchado en la primera lectura, el Señor resucitado, sentado a la derecha del Padre, envió el Espíritu Santo a sus discípulos reunidos en el cenáculo. Por la fuerza de este Espíritu, Pedro y los Apóstoles fueron a predicar el Evangelio hasta los confines de la tierra. En cada época y en cada lengua, la Iglesia continúa proclamando en todo el mundo las maravillas de Dios e invita a todas las naciones y pueblos a la fe, a la esperanza y a la vida nueva en Cristo.

En estos días, también yo he venido, como Sucesor de san Pedro, a esta estupenda tierra de Australia. He venido a confirmaros en vuestra fe, jóvenes hermanas y hermanos míos, y a abrir vuestros corazones al poder del Espíritu de Cristo y a la riqueza de sus dones. Oro para que esta gran asamblea, que congrega a jóvenes de «todas las naciones de la tierra» (Hch 2,5), se transforme en un nuevo cenáculo. Que el fuego del amor de Dios descienda y llene vuestros corazones para uniros cada vez más al Señor y a su Iglesia y enviaros, como nueva generación de Apóstoles, a llevar a Cristo al mundo.

«Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza». Estas palabras del Señor resucitado tienen un significado especial para los jóvenes que serán confirmados, sellados con el don del Espíritu Santo, durante esta Santa Misa. Pero estas palabras están dirigidas también a cada uno de nosotros, es decir, a todos los que han recibido el don del Espíritu de reconciliación y de la vida nueva en el Bautismo, que lo han acogido en sus corazones como su ayuda y guía en la Confirmación, y que crecen cotidianamente en sus dones de gracia mediante la Santa Eucaristía. En efecto el Espíritu Santo desciende nuevamente en cada Misa, invocado en la plegaria solemne de la Iglesia, no sólo para transformar nuestros dones del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor, sino también para transformar nuestras vidas, para hacer de nosotros, con su fuerza, «un solo cuerpo y un solo espíritu en Cristo».

Pero, ¿qué es este «poder» del Espíritu Santo? Es el poder de la vida de Dios. Es el poder del mismo Espíritu que se cernía sobre las aguas en el alba de la creación y que, en la plenitud de los tiempos, levantó a Jesús de la muerte. Es el poder que nos conduce, a nosotros y a nuestro mundo, hacia la llegada del Reino de Dios. En el Evangelio de hoy, Jesús anuncia que ha comenzado una nueva era, en la cual el Espíritu Santo será derramado sobre toda la humanidad (cf. Lc 4,21). Él mismo, concebido por obra del Espíritu Santo y nacido de la Virgen María, vino entre nosotros para traernos este Espíritu. Como fuente de nuestra vida nueva en Cristo, el Espíritu Santo es también, de un modo muy verdadero, el alma de la Iglesia, el amor que nos une al Señor y entre nosotros y la luz que abre nuestros ojos para ver las maravillas de la gracia de Dios que nos rodean.

Aquí en Australia, esta «gran tierra meridional del Espíritu Santo», todos nosotros hemos tenido una experiencia inolvidable de la presencia y del poder del Espíritu en la belleza de la naturaleza. Nuestros ojos se han abierto para ver el mundo que nos rodea como es verdaderamente: «colmado», como dice el poeta, «de la grandeza de Dios», repleto de la gloria de su amor creativo. También aquí, en esta gran asamblea de jóvenes cristianos provenientes de todo el mundo, hemos tenido una experiencia elocuente de la presencia y de la fuerza del Espíritu en la vida de la Iglesia. Hemos visto la Iglesia como es verdaderamente: Cuerpo de Cristo, comunidad viva de amor, en la que hay gente de toda raza, nación y lengua, de cualquier edad y lugar, en la unidad nacida de nuestra fe en el Señor resucitado.

La fuerza del Espíritu Santo jamás cesa de llenar de vida a la Iglesia. A través de la gracia de los Sacramentos de la Iglesia, esta fuerza fluye también en nuestro interior, como un río subterráneo que nutre el espíritu y nos atrae cada vez más cerca de la fuente de nuestra verdadera vida, que es Cristo. San Ignacio de Antioquía, que murió mártir en Roma al comienzo del siglo segundo, nos ha dejado una descripción espléndida de la fuerza del Espíritu que habita en nosotros. Él ha hablado del Espíritu como de una fuente de agua viva que surge en su corazón y susurra: «Ven, ven al Padre» (cf. A los Romanos, 6,1-9).

Sin embargo, esta fuerza, la gracia del Espíritu Santo, no es algo que podamos merecer o conquistar; podemos sólo recibirla como puro don. El amor de Dios puede derramar su fuerza sólo cuando le permitimos cambiarnos por dentro. Debemos permitirle penetrar en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestro cansancio espiritual, de nuestro ciego conformismo con el espíritu de nuestro tiempo. Sólo entonces podemos permitirle encender nuestra imaginación y modelar nuestros deseos más profundos. Por esto es tan importante la oración: la plegaria cotidiana, la privada en la quietud de nuestros corazones y ante el Santísimo Sacramento, y la oración litúrgica en el corazón de la Iglesia. Ésta es pura receptividad de la gracia de Dios, amor en acción, comunión con el Espíritu que habita en nosotros y nos lleva, por Jesús y en la Iglesia, a nuestro Padre celestial. En la potencia de su Espíritu, Jesús está siempre presente en nuestros corazones, esperando serenamente que nos dispongamos en el silencio junto a Él para sentir su voz, permanecer en su amor y recibir «la fuerza que proviene de lo alto», una fuerza que nos permite ser sal y luz para nuestro mundo.

En su Ascensión, el Señor resucitado dijo a sus discípulos: «Seréis mis testigos... hasta los confines del mundo» (Hch 1,8). Aquí, en Australia, damos gracias al Señor por el don de la fe, que ha llegado hasta nosotros como un tesoro transmitido de generación en generación en la comunión de la Iglesia. Aquí, en Oceanía, damos gracias de un modo especial a todos aquellos misioneros, sacerdotes y religiosos comprometidos, padres y abuelos cristianos, maestros y catequistas, que han edificado la Iglesia en estas tierras. Testigos como la Beata Mary Mackillop, San Peter Chanel, el Beato Peter To Rot y muchos otros. La fuerza del Espíritu, manifestada en sus vidas, está todavía activa en las iniciativas beneficiosas que han dejado en la sociedad que han plasmado y que ahora se os confía a vosotros.

Queridos jóvenes, permitidme que os haga una pregunta. ¿Qué dejaréis vosotros a la próxima generación? ¿Estáis construyendo vuestras vidas sobre bases sólidas? ¿Estáis construyendo algo que durará? ¿Estáis viviendo vuestras vidas de modo que dejéis espacio al Espíritu en un mundo que quiere olvidar a Dios, rechazarlo incluso en nombre de un falso concepto de libertad? ¿Cómo estáis usando los dones que se os han dado, la «fuerza» que el Espíritu Santo está ahora dispuesto a derramar sobre vosotros? ¿Qué herencia dejaréis a los jóvenes que os sucederán? ¿Qué os distinguirá?

La fuerza del Espíritu Santo no sólo nos ilumina y nos consuela. Nos encamina hacia el futuro, hacia la venida del Reino de Dios. ¡Qué visión magnífica de una humanidad redimida y renovada descubrimos en la nueva era prometida por el Evangelio de hoy! San Lucas nos dice que Jesucristo es el cumplimiento de todas las promesas de Dios, el Mesías que posee en plenitud el Espíritu Santo para comunicarlo a la humanidad entera. La efusión del Espíritu de Cristo sobre la humanidad es prenda de esperanza y de liberación contra todo aquello que nos empobrece. Dicha efusión ofrece de nuevo la vista al ciego, libera a los oprimidos y genera unidad en y con la diversidad (cf. Lc 4,18-19; Is 61,1-2). Esta fuerza puede crear un mundo nuevo: puede «renovar la faz de la tierra» (cf. Sal 104,30).

Fortalecida por el Espíritu y provista de una rica visión de fe, una nueva generación de cristianos está invitada a contribuir a la edificación de un mundo en el que la vida sea acogida, respetada y cuidada amorosamente, no rechazada o temida como una amenaza y por ello destruida. Una nueva era en la que el amor no sea ambicioso ni egoísta, sino puro, fiel y sinceramente libre, abierto a los otros, respetuoso de su dignidad, un amor que promueva su bien e irradie gozo y belleza. Una nueva era en la cual la esperanza nos libere de la superficialidad, de la apatía y el egoísmo que degrada nuestras almas y envenena las relaciones humanas. Queridos jóvenes amigos, el Señor os está pidiendo ser profetas de esta nueva era, mensajeros de su amor, capaces de atraer a la gente hacia el Padre y de construir un futuro de esperanza para toda la humanidad.

El mundo tiene necesidad de esta renovación. En muchas de nuestras sociedades, junto a la prosperidad material, se está expandiendo el desierto espiritual: un vacío interior, un miedo indefinible, un larvado sentido de desesperación. ¿Cuántos de nuestros semejantes han cavado aljibes agrietados y vacíos (cf. Jr 2,13) en una búsqueda desesperada de significado, de ese significado último que sólo puede ofrecer el amor? Éste es el don grande y liberador que el Evangelio lleva consigo: él revela nuestra dignidad de hombres y mujeres creados a imagen y semejanza de Dios. Revela la llamada sublime de la humanidad, que es la de encontrar la propia plenitud en el amor. Él revela la verdad sobre el hombre, la verdad sobre la vida.

También la Iglesia tiene necesidad de renovación. Tiene necesidad de vuestra fe, vuestro idealismo y vuestra generosidad, para poder ser siempre joven en el Espíritu (cf. Lumen gentium, 4). En la segunda lectura de hoy, el apóstol Pablo nos recuerda que cada cristiano ha recibido un don que debe ser usado para edificar el Cuerpo de Cristo. La Iglesia tiene especialmente necesidad del don de los jóvenes, de todos los jóvenes. Tiene necesidad de crecer en la fuerza del Espíritu que también ahora os infunde gozo a vosotros, jóvenes, y os anima a servir al Señor con alegría. Abrid vuestro corazón a esta fuerza. Dirijo esta invitación de modo especial a los que el Señor llama a la vida sacerdotal y consagrada. No tengáis miedo de decir vuestro «sí» a Jesús, de encontrar vuestra alegría en hacer su voluntad, entregándoos completamente para llegar a la santidad y haciendo uso de vuestros talentos al servicio de los otros.

Dentro de poco celebraremos el sacramento de la Confirmación. El Espíritu Santo descenderá sobre los candidatos; ellos serán «sellados» con el don del Espíritu y enviados para ser testigos de Cristo. ¿Qué significa recibir la «sello» del Espíritu Santo? Significa ser marcados indeleblemente, inalterablemente cambiados, significa ser nuevas criaturas. Para los que han recibido este don, ya nada puede ser lo mismo. Estar «bautizados» en el Espíritu significa estar enardecidos por el amor de Dios. Haber «bebido» del Espíritu (cf. 1 Co 12,13) significa haber sido refrescados por la belleza del designio de Dios para nosotros y para el mundo, y llegar a ser nosotros mismos una fuente de frescor para los otros. Ser «sellados con el Espíritu» significa además no tener miedo de defender a Cristo, dejando que la verdad del Evangelio impregne nuestro modo de ver, pensar y actuar, mientras trabajamos por el triunfo de la civilización del amor.

Al elevar nuestra oración por los confirmandos, pedimos también que la fuerza del Espíritu Santo reavive la gracia de la Confirmación de cada uno de nosotros. Que el Espíritu derrame sus dones abundantemente sobre todos los presentes, sobre la ciudad de Sydney, sobre esta tierra de Australia y sobre todas sus gentes. Que cada uno de nosotros sea renovado en el espíritu de sabiduría e inteligencia, el espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y piedad, espíritu de admiración y santo temor de Dios.

Que por la amorosa intercesión de María, Madre de la Iglesia, esta XXIII Jornada Mundial de la Juventud sea vivida como un nuevo cenáculo, de forma que todos nosotros, enardecidos con el fuego del amor del Espíritu Santo, continuemos proclamando al Señor resucitado y atrayendo a cada corazón hacia Él. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Discurso pronunciado por el Papa con motivo del Ángelus y anuncio de JMJ Madrid 2011

 

Discurso pronunciado por S.S. Benedicto XVI al final de la misa de clausura de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), con motivo del rezo del Ángelus.

Queridos jóvenes amigos:

Nos disponemos ahora a recitar juntos la hermosa oración del Angelus. En ella reflexionaremos sobre María, mujer joven que conversa con el ángel, que la invita, en nombre de Dios, a una particular entrega de sí misma, de su vida, de su futuro como mujer y madre. Podemos imaginar cómo debió sentirse María en aquel momento: totalmente estremecida, completamente abrumada por la perspectiva que se le ponía delante.

El ángel comprendió su ansiedad e inmediatamente intentó calmarla: «No temas, María...

El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra» (Lc 1,30.35). El Espíritu fue quien le dio la fuerza y el valor para responder a la llamada del Señor. El Espíritu fue quien la ayudó a comprender el gran misterio que iba a cumplirse por medio de Ella. El Espíritu fue el que la rodeó con su amor y la hizo capaz de concebir en su seno al Hijo de Dios.

Esta escena es quizás el momento culminante de la historia de la relación de Dios con su pueblo. En el Antiguo Testamento, Dios se reveló de modo parcial y gradual, como hacemos todos en nuestras relaciones personales. Se necesitó tiempo para que el pueblo elegido profundizase en su relación con Dios. La Alianza con Israel fue como un tiempo de hacer la corte, un largo noviazgo. Luego llegó el momento definitivo, el momento del matrimonio, la realización de una nueva y eterna alianza. En ese momento María, ante el Señor, representaba a toda la humanidad. En el mensaje del ángel, era Dios el que brindaba una propuesta de matrimonio con la humanidad. Y en nombre nuestro, María dijo sí.

En los cuentos, los relatos terminan en este momento: «y desde entonces vivieron felices y contentos». En la vida real no es tan fácil. Fueron muchas las dificultades que María tuvo que superar al afrontar las consecuencias de aquel «sí» al Señor. Simeón profetizó que una espada le traspasaría el corazón. Cuando Jesús tenía doce años, Ella experimentó las peores pesadillas que los padres pueden tener, cuando tuvo a su hijo perdido durante tres días. Y después de su actividad pública, sufrió la agonía de presenciar su crucifixión y muerte. En las diversas pruebas Ella permaneció fiel a su promesa, sostenida por el Espíritu de fortaleza. Y por ello tuvo como recompensa la gloria.

Queridos jóvenes, también nosotros debemos permanecer fieles al «sí» con que acogimos el ofrecimiento de amistad por parte del Señor. Sabemos que Él nunca nos abandonará. Sabemos que Él nos sostendrá siempre con los dones del Espíritu. María acogió la propuesta del Señor en nombre nuestro. Dirijámonos, pues, a Ella y pidámosle que nos guíe en las dificultades para permanecer fieles a esa relación vital que Dios estableció con cada uno de nosotros. María es nuestro ejemplo y nuestra inspiración; Ella intercede por nosotros ante su Hijo, y con amor materno nos protege de los peligros.

Después del Ángelus, el Papa dijo:

Queridos amigos:

Llega ahora el momento de deciros adiós o, más bien, hasta la vista. Os doy las gracias a todos por haber participado en la Jornada Mundial de la Juventud 2008, aquí en Sidney, y espero que nos volvamos a ver dentro de tres años. La Jornada Mundial de la Juventud 2011 tendrá lugar en Madrid, en España. Hasta ese momento, recemos los unos por los otros, y demos ante el mundo un alegre testimonio de Cristo. Que Dios os bendiga.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ángelus: "Balance de Benedicto XVI tras la Jornada Mundial de la Juventud"

Intervención del Papa Benedicto XVI, durante el rezo del Ángelus con los peregrinos reunidos en el Palacio de Castel Gandolfo

Queridos hermanos y hermanas:

El lunes pasado regresé de Sydney, en Australia, sede de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud. Todavía tengo ante los ojos y en el corazón esta extraordinaria experiencia, en la que he podido encontrar el rostro joven de la Iglesia: era como un mosaico multicolor, formado por muchachos y muchachas provenientes de todos los rincones de la tierra, reunidos por la única fe en Jesucristo. "Young pilgrims of the world, jóvenes peregrinos del mundo", así les llamaba la gente con una hermosa expresión que expresa lo esencial de estas Jornadas internacionales iniciadas por Juan Pablo II. De hecho, estos encuentros constituyen las etapas de una gran peregrinación a través del planeta para manifestar cómo la fe en Cristo nos hace a todos hijos del único Padre que está en los cielos y constructores de la civilización del amor.

La característica del encuentro de Sydney ha sido la toma de conciencia del carácter central del Espíritu Santo, protagonista de la vida de la Iglesia y del cristiano.
El largo camino de preparación en las Iglesias particulares había tenido como tema la promesa hecha por Cristo a los apóstoles "Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos" (Hechos 1, 8). Entre el 16, 17 y 18 de julio, en las iglesias de Sydney, los numerosos obispos presentes ejercieron su ministerio, proponiendo catequesis en varios idiomas: estas catequesis son momentos de reflexión y recogimiento indispensables para que el acontecimiento no se quede en una simple manifestación externa, sino que deje una huella profunda en las conciencias.

La vigilia nocturna, en el corazón de la ciudad, bajo la Cruz del Sur, fue una invocación conjunta del Espíritu Santo; y por último, durante la celebración eucarística del domingo pasado, administré el sacramento de la Confirmación a 24 jóvenes de varios continentes, entre ellos 14 australianos, invitando a todos los presentes a renovar las promesas bautismales.

De este modo, esta Jornada Mundial se transformó en un nuevo Pentecostés, con el que se ha relanzado la misión de los jóvenes, llamados a ser apóstoles de sus coetáneos, al igual que muchos santos y beatos, y en particular, el beato Piergiorgio Frassati, cuyas reliquias colocadas en la catedral de Sydney, fueron veneradas por una peregrinación ininterrumpida de jóvenes. Se invitó a cada muchacho y muchacha a seguir su ejemplo, a compartir la experiencia personal de Jesús, que cambia la vida de sus "amigos" con la fuerza del Espíritu Santo, el Espíritu de amor de Dios.

Quiero dar las gracias de nuevo a los obispos de Australia, en particular al arzobispo de Sydney, el cardenal Pell, por el gran trabajo de preparación y por la cordial acogida que me dispensaron, así como a los demás peregrinos. Doy las gracias a las autoridades australianas por su preciosa colaboración. Manifiesto un agradecimiento especial a todo los que desde todas las partes de del mundo han rezado por este acontecimiento, asegurando su éxito. Que la Virgen María recompense a cada uno con sus gracias más hermosas. Encomiendo también a María el período de descanso que transcurriré a partir de mañana en Bresanona, entre las montañas de Alto Adige. ¡Permanezcamos unidos en la oración".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comunicado de la "Reunión del consejo de administración de la fundación Populorum Progressio"
(Guadalajara, México, 9-11 Julio 2008)

200 nuevos proyectos para servir a los pueblos indígenas y campesinos de América Latina


La reunión anual de la Junta de Directores de la Fundación "Populorum Progressio" se celebró del 9 al 11 de julio en la ciudad de Guadalajara (México). Los participantes fueron acogidos por un miembro del Consejo, el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez. Se ha examinado 230 proyectos presentados durante el año 2008 por los misioneros y los grupos que operan en América Latina y el Caribe.

La reunión fue inspirada por la oración pronunciada por el Santo Padre al final de su discurso inaugural en Aparecida, una oración que resume el propósito de la Fundación y hay un incentivo a nuestra labor al servicio de nuestros hermanos:

"Quédate, Señor, con los que están en nuestra sociedad son los más vulnerables; sigue con los pobres y humildes, con los indígenas y afro-americanos, que no siempre han encontrado el espacio y apoyo para expresar la riqueza de su cultura y la sabiduría de su identidad" (Benedicto XVI, Discurso Inaugural. Aparecida. 13/05/2007).

Los indígenas y campesinos representan un alto porcentaje de la población en América Latina. El rápido proceso de urbanización en el continente la imposición de cultura post-moderna han aislado a estas personas de los interlocutores sociales y el desarrollo a otros que han tenido acceso. Ellos han sufrido una gran exclusión y la falta de protección, perdiendo injustamente, muchas veces, la propiedad de sus tierras. Los esfuerzos de la comunidad eclesial para proteger y ayudar a estas personas se apoya en gran medida por los últimos pontífices Pablo VI, Siervo de Dios Juan Pablo II, Benedicto XVI. Un indicio de esta preocupación del Papa es la Fundación "Populorum Progressio".

Creado en 1992, la Fundación quiere ser un signo y un gesto de caridad del Santo Padre a las personas más abandonadas y necesitadas de protección, tales como campesinos, indígenas y afro-americanos de América Latina y el Caribe. La compañía tiene su sede en el Pontificio Consejo Cor Unum. Su representante legal es el Emmo. Cardenal Paul Josef Cordes. Dispone de un Consejo de Administradores, que incluye entre sus competencias, además de vigilar el cumplimiento de los estatutos, incluido el estudio y aprobación de los proyectos presentados. Es integrada por siete miembros, seis de los cuales los Obispos de varios países de América Latina y uno en representación del Pontificio Consejo Cor Unum. En la reunión se presentaron las diferentes situaciones sociales de las naciones representadas, en el contexto de la atención pastoral en todo el continente.

Se parte en la reunión de este año en Guadalajara Emmo. Sr. Cardenal Juan Sandoval Iñiguez, Arzobispo de Guadalajara (México), S.E. Mons. Fabio Betancur Tirado, Presidente del Consejo y el Arzobispo de Manizales (Colombia), S.E. Mons. Alberto Taveira Corrêa, Vice-Primer Ministro y el Arzobispo de Palmas (Brasil), S.E. Mons. Luís Edmundo Abastoflor Montero, Arzobispo de La Paz (Bolivia), S.E. Mons. Antonio Arregui Yarza, Arzobispo de Guayaquil (Ecuador), S.E. Mons. José Luís Astigarraga Lizarralde, obispo del Vicariato Apostólico de Yurimaguas (Perú), Mons. Segundo Tejado Muñoz, Oficial del Pontificio Consejo Cor Unum y el doctor Juan Vicente Isaza Ocampo, Secretario del Consejo, que opera en Bogotá, y el doctor Aldo Ivaldi, Consultor de la Fundación. Es sido invitado a la sesión, el representante de la "Colección de América Latina en favor" de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, Mons. Carlos Quintana Puente.

De hecho se han renovado los responsables del Consejo (Presidente y Vice-Presidente), de acuerdo con los estatutos de la Fundación. Ellos fueron elegidos (por un período de tres años) como Presidente, Emmo. Sr. El Cardenal Juan Sandoval Iñiguez, y como Vice-Presidente, S.E. Mons. Luís Edmundo Abastoflor Montero, Arzobispo de La Paz (Bolivia).

En total se presentaron 230 proyectos, por un valor de aproximadamente US $ 2,687,000. Después de una cuidadosa criba los miembros del Consejo han aprobado un conjunto de 200 proyectos, por un valor de US $ 2,108,300. En la actualidad el mayor número de iniciativas son Brasil (39), Colombia (35), Perú (27) y Ecuador (18). De la cantidad a distribuir, una parte importante es el resultado de la generosidad de la Iglesia italiana y de su Conferencia Episcopal. La Fundación está estudiando la posibilidad de involucrar a los benefactores del continente americano, con el fin de aumentar y diversificar las fuentes de ingresos. Del 13 de febrero de 1992, el día en que el Santo Padre Juan Pablo II creó la Fundación, hasta este año, es posible donar más de 24 millones de dólares EE.UU., distribuidos en más de 2.200 proyectos.

Los proyectos que se presentan a la Fundación, preparados por las diversas comunidades eclesiales y grupos de pastoral de la diócesis, fueron aprobados por los Obispos de la misma Diócesis y, por último, examinados por el consejo de administración. Ellos se orientan al desarrollo integral de los pueblos y se refieren a los siguientes sectores: 29.90% para la producción y el agro-pastoral micro-negocios; 33.20% para proyectos de infraestructura comunitaria: agua potable, cercas, letrinas y de la comunidad entornos, el 19.46% de la construcción de escuelas, viviendas o dispensarios, el 12.30% la educación: la formación profesional, comunicación, equipos, publicaciones, finalmente, el 5.14% son proyectos destinados a la salud: la instrumentación y la formación del personal sanitario.

Después de la intensa labor de cada día, se celebró la Sagrada Eucaristía en las diversas parroquias de la Arquidiócesis de Guadalajara y el Santuario de Zapopán, explicando, en cada uno de estos lugares, la naturaleza y el propósito de la Fundación. También podría reunirse para intercambiar puntos de vista municipal y las autoridades regionales de la ciudad de Guadalajara y el Estado de Jalisco.

Durante la Quinta Conferencia General de América Latina y el Caribe en Aparecida (Brasil), el Papa Benedicto XVI se refirió a la cuestión indígena y las condiciones de los pueblos nativos, haciendo hincapié en la importancia de una buena visión de las cuestiones indígenas. Hablando de la evangelización del continente americano, el Papa dijo:

"Pero, ¿qué ha significado la aceptación de la fe cristiana para los países de América Latina y el Caribe? Significa que conocer y aceptar a Cristo, el Dios desconocido que sus antepasados, sin saberlo, intentó en sus ricas tradiciones religiosas.

Cristo es el Salvador que anhelado en silencio. Ha significado también han recibido, con las aguas del Bautismo, la vida divina que ha hecho hijos de Dios por adopción; han recibido, por otra parte, el Espíritu Santo que llegó a fertilizar sus culturas, purificándolas y el desarrollando las numerosas semillas que el Verbo encarnado deposito en ellos, orientándole a los caminos del Evangelio. En efecto, el anuncio de Jesús y su Evangelio no participan en cualquier momento, una venta de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extranjera. La auténtica cultura no está cerrada en sí misma ni petrifícante en un momento dado en la historia, pero sigue abierta, de hecho, buscar un encuentro con otras culturas, con la esperanza de alcanzar durante la universalidad y el diálogo con otras formas de vida y con los elementos que pueden llevar a una nueva síntesis que siempre respeta la diversidad de las expresiones culturales y sus logros concretos. "(Benedicto XVI. Discurso inaugural. Aparecida. 13/05/2007).

Estas palabras guían la labor de la Fundación Populorum Progressio, en su tarea de evangelización y ayudar a estos hermanos, víctimas de la exclusión en nuestras sociedades.

 

BOLETÍN DE LA OFICINA DE PRENSA DE LA SANTA SEDE 28.07.2008. Informó de Consejo Pontificio Cor Unum ": reunión del consejo de administración independiente de la fundación Populorum Progressio (GUADALAJARA, MEXICO, 9-12 de julio de 2008)

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