Mensaje de Cuaresma
2008

«Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6,3- 4.).

¡Queridos hermanos y hermanas!

Me llena de Esperanza saludar a todos con ocasión de la cuaresma, tiempo litúrgico oportuno que nos prepara para celebrar con abundante fruto espiritual las fiestas de la Pascua.

Arrepiéntete y cree en el evangelio, con estas palabras iniciamos la cuaresma el miércoles de ceniza, tiempo de gracia en el que Cristo nos invita a cambiar de vida. En la cuaresma la Iglesia nos invita a recorrer un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, ayunando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a asemejarnos más a Jesucristo y a convertirnos alejándonos de toda expresión de pecado y, si es necesario, cambiando de vida.

Cuando hacemos un examen de conciencia sereno, profundo y verdadero, al descubrir nuestras fallas, podemos decirnos: “nunca me imaginé que podía llegar a hacer lo que he hecho, porqué he llegado ser como soy, ese no es mi verdadero yo…” Lo mismo que si fuera posible ver en un instante lo bueno que hemos hecho en nuestra vida, nos asombraríamos de lo bien que nos hemos portado en nuestros mejores días; de tal forma que si todos los días de nuestra vida hubieran sido buenos, podríamos ser contados entre los hombres verdaderamente buenos y honrados, auténticos y veraces en este mundo. Al constatar que no es así, tenemos en frente la posibilidad esperanzadora de ser mejores, de ser empaticos y tratar bien a los demás, de cambiar de actitud personal y de orientar nuestra vida hacia Dios. Qué importante escuchar: Arrepiéntete y cree en el Evangelio.

Les invito para que durante la cuaresma, en el marco de la renovación pastoral diocesana, entendiendo mejor el proceso del análisis de la realidad y el desarrollo del modelo de situación que nos pide conocer profundamente nuestra realidad social, cultural, política, económica y religiosa, juntos colaboremos con la gracia de Dios para aceptar, amar y transformar nuestra realidad, conforme al principio pedagógico de que el que no conoce, acepta y ama su realidad, no la puede transformar. Entendemos que primero tenemos que lograr nuestra transformación personal desde lo más profundo de nosotros mismos, para posteriormente encontrar los instrumentos adecuados para realizar la transformación estructural y organizativa de nuestra comunidad.

Recordemos que, sólo que viviendo juntos el sentido de la cuaresma unidos en la oración, el ayuno y las prácticas de la limosna, podremos llegar a las celebraciones de las fiestas de Pascua renovados en el espíritu.

La cuaresma es un tiempo fuerte de oración, penitencia y de ayuno; no es suficiente rasgar los vestidos, el profeta nos dirá “hay que rasgar el corazón”. La oración y la penitencia favorecerán que podamos ayunar de la envidia, el egoísmo, la crítica, la murmuración, controlar la lengua experta en destrozar al prójimo, como una manera concreta de manifestar nuestro esfuerzo sincero por practicar la caridad.

La cuaresma nos invita a la conversión del corazón, que es cambiar de vida, fruto de un encuentro con Jesucristo que nos lleva a ver la vida centrada en Él y ordenada en la moral. Convertirse quiere decir buscar a Dios, caminar con Dios, seguir dócilmente las enseñanzas de su Hijo Jesucristo; aceptar libremente y con amor que dependemos totalmente de Dios, que dependemos de su amor y que estamos llamados a reflejar su amor a nuestros hermanos. El tiempo de la cuaresma es tiempo propicio para descubrir la misericordia de Dios en nuestras vidas y aprender a ser misericordiosos como nuestro Padre celestial es misericordioso.

S. S. Benedicto XVI en su mensaje de cuaresma de este año nos invita a comprender que la limosna “representa una manera concreta de ayudar a los necesitados y, al mismo tiempo, un ejercicio ascético para liberarse del apego a los bienes terrenales. La limosna nos ayuda a compartir con los demás lo que poseemos por bondad divina”. Socorrer a los necesitados es un deber de justicia, aun antes que un acto de caridad. Sin embargo lo que da valor a la limosna es el amor, que inspira formas distintas de don, según las posibilidades y las condiciones de cada uno.

Hagamos de nuestra vida un don total, dispuestos siempre a dar, no tanto algo de lo que poseemos, sino a darnos a nosotros mismos: A dar y recibir afecto, a dar y recibir perdón, a dar y recibir amor.

Pidamos perdón a Dios y que nos conceda pasar del pecado a la gracia, de la muerte a la vida”. Que todos tengamos una cuaresma fructuosa que nos disponga plenamente a celebrar la vida nueva de la Resurrección.

Con afecto les imparto mi bendición.

EN CRISTO, NUESTRA PAZ.


+CARLOS GARFIAS MERLOS
OBISPO DE NEZAHUALCÓYOTL


Dado en las oficinas del Obispado, a los 1 días del mes de Febrero del año 2008.
Año del Pueblo Sacerdotal, en entrega total.

 

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