Aparecida, Brasil, 23 de mayo de 2007

 

A los pies de nuestra Señora Aparecida

Expresado de diferentes modos, con variados acentos, los obispos de América Latina coinciden en que urge evangelizar. Hay un acuerdo general de que son muchos los bautizados y pocos los evangelizados.

Por eso, no es de extrañar que para muchos latinoamericanos el Evangelio parezca un barniz superficial en lugar de una manera de ser, de vivir y de actuar. En este sentido los obispos constatan una vez más el divorcio entre la fe y la vida.

Otro punto en el que coinciden es en el reconocimiento y propósito de enmienda de que ha faltado formar más y mejor a todos los agentes de pastoral: laicos, religiosos, sacerdotes y hasta los propios obispos. Esta falta de formación se ve más palpable ante el cambio de época que requiere un laicado pensante y sacerdotes capaces de entender y dialogar con el mundo de hoy, con toda su complejidad, sus luces y sus sombras.

En el análisis de la realidad que los obispos están haciendo, se detienen para profundizar en las razones por las que crece la religiosidad pero no la evangelización, por qué siendo un continente mayoritariamente católico permanece y se ahonda la desigualdad y la pobreza, por qué tiene tanta seducción el neopopulismo, la corrupción, y el hedonismo.

Observan y analizan detenidamente la grave situación que atraviesa la familia, la mujer, los migrantes, los indígenas, los jóvenes, los afrodescendientes, los enfermos de sida o por adicciones.

Los obispos advierten que pocos bautizados conocen y ponen en práctica la doctrina social cristiana, de manera que en la política, la economía, la empresa, la escuela, etc. En realidad se vive con criterios del mundo y se piensa que esos son los únicos criterios que existen.

Constatan que vivimos en una sociedad afrodisíaca, individualista, que excluye a Dios de la vida y se guía por algunos medios de comunicación que exacerban los sentidos a través de las imágenes y sobre todo creando expectativas muy grandes, ya que insisten en que todo es posible, todo es accesible, todo se puede, de manera que parece que no hay límites ni normas ni principios universales. Y si todo es posible y algunas personas no logran satisfacer esos anhelos irreales, fantásticos, exagerados, entonces se deprimen, se frustran, se quiebran. Sobre todo ahora que a muchos jóvenes se les ha formado con columna vertebral de gelatina, sobreprotegidos y exageradamente consentidos.

De manera novedosa los obispos han insistido en que los retos del futuro de la humanidad tienen que ver con el clima, el agua, el calentamiento global y en general con el medio ambiente, y lo asumen como un desafío que toca directamente la responsabilidad de los cristianos para el cuidado de la creación.

La realidad se ve compleja y desafiante. En ciertos momentos parece una tarea imposible de enfrentar pero los bautizados confían en que para Dios todo es posible. Además, como expresó el Santo Padre, a realidad más real es Dios y no solamente la pobreza, la corrupción, la desigualdad o el hambre. SI Dios es real y Él ha querido hacerse uno de nosotros en Cristo, entonces podemos enfrentar la vida con Él llenos de esperanza y confiados en la primacía de la gracia, eso significa que la Asamblea General es una oportunidad para la conversión y la renovación de la fe en Cristo.

La V Conferencia General se celebra a los pies de la Santísima Virgen de Aparecida que ora por nosotros y nos guarda en su corazón de Madre. A Ella, la primera laica, la primera cristiana, la primera discípula de Cristo nos encomendamos en esta Asamblea.

 

Manuel Gómez Granados
Delegado laico mexicano en la V CG
Director General de IMDOSOC

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