CIUDAD DEL VATICANO, 4 de julio 2007

 

 

Palabras de SS Benedicto XVI a los jóvenes, a un año de la Jornada Mundial
de la Juventud en Sydney, Australia

 

Queridos jóvenes:

¡Dentro de un año nos encontraremos con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney! Quiero alentarlos a prepararse bien para esta maravillosa celebración de fe, que tendrá lugar en compañía de sus obispos, sacerdotes, religiosos, líderes juveniles, y de todos ustedes. ¡Entren de lleno en la vida de sus parroquias y participen con entusiasmo en sus eventos diocesanos! De esta manera se prepararán espiritualmente para experimentar nuevas profundidades de comprensión de todo aquello en lo que creemos, cuando nos reunamos en Sydney en julio próximo.

«Recibiréis fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos hasta los confines de la tierra» (Hechos 1, 8). Como saben, estas palabras de Jesús constituyen el tema de la Jornada Mundial de la Juventud 2008. Sólo podemos imaginar cómo se sintieron los apóstoles cuando escucharon estas palabras, pero su confusión fue suavizada por un sentimiento de sobrecogimiento y de impaciente espera en la venida del Espíritu. Unidos en oración con María y con los demás reunidos en el Cenáculo (Cf. Hechos 1, 14), experimentaron el auténtico poder del Espíritu, cuya presencia transforma la incertidumbre, el miedo y la división en propósito, esperanza y comunión.

El sentido de sobrecogimiento e impaciente espera describe también la manera en que nos sentimos al preparar el encuentro en Sydney. Para muchos de nosotros, será un largo viaje. Australia y su pueblo evocan imágenes de cálida bienvenida y de belleza maravillosa, de una historia antigua aborigen y de una multitud de vibrantes ciudades y comunidades. Sé que tanto las autoridades eclesiales como las gubernamentales, junto a numerosos jóvenes australianos, están trabajando mucho para que todos vivamos una experiencia excepcional. Les doy las gracias de todo corazón.

La Jornada Mundial es mucho más que un evento. Es un momento de profunda renovación espiritual, cuyos frutos benefician a toda la sociedad. Los jóvenes peregrinos quieren rezar, alimentarse con la Palabra y el Sacramento, ser transformados por el Espíritu Santo, que ilumina el esplendor del espíritu humano y muestra el camino para ser «expresión e instrumento del amor que proviene de Cristo» («Deus Caritas Est», 33).

Este amor, el amor de Cristo, es lo que el mundo anhela. Por este motivo, ustedes están llamados a «ser sus testigos». Algunos de ustedes tienen amigos con pocos objetivos reales en su vida, quizá atrapados en una búsqueda vana de experiencias nuevas sin fin. ¡Tráiganles también a la Jornada Mundial de la Juventud! De hecho, he visto que contra la corriente del secularismo, muchos jóvenes están volviendo a descubrir la satisfactoria búsqueda de la auténtica belleza, bondad y verdad. Con su testimonio, les ayudarán en la búsqueda del Espíritu de Dios. ¡Sean valientes para dar este testimonio! Traten de difundir la luz de Cristo, que guía y da sentido a la vida, haciendo que la alegría y la felicidad estén al alcance de todos.

Queridos jóvenes, hasta que no nos veamos en Sydney, que el Señor los proteja a todos. Encomendemos esta preparación a Nuestra Señora de la Cruz del Sur, Auxilio de los Cristianos. Con ella, recemos: «Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor».

 


Benedicto XVI



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