CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 12 abril 2006

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

Queridos hermanos y hermanas:

Mañana comienza el Triduo pascual. Ayudados por los ritos sagrados reviviremos el misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor, reavivando en nosotros el deseo de seguirlo generosamente.

En la Misa vespertina “in Cena Domini” del Jueves Santo se conmemora el ofrecimiento total que Cristo ha realizado de sí mismo a la humanidad en el sacramento de la Eucaristía, dejándonos el “mandatum novum” del amor fraterno, significado en el lavatorio de los pies. La jornada concluye con la Adoración eucarística, en recuerdo de la agonía del Señor en el Huerto. El Viernes Santo, centrado en la Pasión, es un día de ayuno y penitencia orientado a la contemplación de la Cruz, misterio en el que se cumple el amor en su forma más radical. El Sábado Santo, la Iglesia, que permanece en oración ante el sepulcro, elevará en la solemne Vigilia, el canto gozoso del Gloria y del Aleluya, porque Cristo ha resucitado y vencido a la muerte.

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Saludo a los peregrinos de España y América Latina, especialmente a los del apostolado de los Agustinos Recoletos y a los de la Obra de la Iglesia. También a los de Valladolid, León y Chile y a los estudiantes de Barcelona y Quito. Preparaos a las fiestas de Pascua con una buena confesión. Dejaos reconciliar por Cristo. Su perdón, es fuente de paz y os hace apóstoles de paz en el mundo. Que María Santísima, la cual siguió fielmente a su Hijo en su pasión y compartió la alegría de su resurrección, os acompañe.

 

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