CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 24 mayo 2006

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

Pedro, así como los otros apóstoles, tuvo que recorrer un camino lento, no exento de dificultades, para seguir al Maestro. Con su respuesta de fe superó la prueba que la predicación de Cristo sobre la Eucaristía supuso para muchos de los discípulos. Sin duda la suya era una fe inicial, que llegaría a su plenitud en el momento de la Pascua. Sin embargo, el camino de la fe está lleno de sufrimientos y de amor, de pruebas y de fidelidades. Incluso Pedro llegó a conocer la amargura y la humillación de la negación, llegando a la conversión a través del arrepentimiento.

Junto al lago de Tiberíades Pedro descubre cómo Cristo resucitado se adapta a su pobre capacidad de amar y cómo podrá contar siempre con su presencia. De esto nace la esperanza y la confianza que le permitirán seguirlo hasta el final de su vida, que sellará con el martirio. Y así, él será capaz de describir la verdadera alegría e indicar la fuente dónde se puede conseguir, que es Cristo, creído y amado.

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Saludo con afecto a los visitantes de lengua española, en especial a las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, que celebran su Capítulo General. Saludo también a los diversos grupos parroquiales y asociaciones de España, así como a los peregrinos de Argentina, Colombia, México y a los dominicanos de Santiago de los Caballeros, con su Arzobispo Mons. Ramón de la Rosa y Carpio. Confiad siempre en Cristo, que os ama y está presente en vuestra vida.

 

¡Muchas gracias!


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