CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 14 junio 2006

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

Nuestra reflexión de hoy se centra en el apóstol san Andrés, el segundo entre los Doce. Su nombre griego es signo de una cierta apertura cultural de su familia. Fue el primero en ser llamado por Jesús. Después condujo ante Él a su hermano Simón Pedro diciéndole “Hemos encontrado al Mesías”, lo que demuestra su gran espíritu apostólico. Gozó de preciosos momentos de intimidad con Jesús.

Los evangelios lo citan particularmente en tres ocasiones: en la multiplicación de los panes, donde destaca por su realismo, al indicar la insuficiencia de los pocos recursos de que disponían; escuchando las palabras del Maestro sobre el fin del mundo ante la vista de los muros del templo de Jerusalén; y antes de la Pasión, cuando con Felipe, hace de intérprete de la profecía sobre la extensión del Evangelio a los paganos, a un pequeño grupo de griegos.

La tradición relata su muerte en Patrás, donde sufrió el suplicio de la cruz, pidiendo al igual que Pedro, ser crucificado de manera diversa al Maestro, en una cruz en aspa, que por eso se llama cruz de San Andrés.

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Saludo a los peregrinos de España y América Latina, especialmente a los feligreses de las parroquias de San José de Utrera, San Miguel Arcángel de Lima y Emmanuel de Santiago de Chile. Como el Apóstol Andrés, seguid a Cristo con prontitud, anunciadlo con entusiasmo, cultivad con Él una relación de verdadera familiaridad, conscientes de que las cruces y los sufrimientos adquieren su verdadero sentido si se acogen como parte de la Cruz de Cristo.

 

¡Muchas gracias!

 

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