CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 23 agosto 2006

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

Juan, autor del libro del Apocalipsis, se dirige a las siete Iglesias de Asía exhortándolas a permanecer firmes en la fe, ante las grandes dificultades que tuvieron que afrontar por su testimonio de Jesús. El Vidente de Patmos recibe una revelación, en la que se desvela el sentido de la historia humana a partir de la muerte y resurrección de Cristo, para infundir esperanza. Con sus imágenes fuertes y difíciles: como la del Cordero degollado que está de pie delante del trono de Dios, el libro sellado con siete sellos que sólo puede abrir el Cordero, o la visión de la Mujer que vence al dragón que la persigue, se abre el camino de una esperanza segura que culmina con la visión de la Jerusalén celeste, en donde “no habrá más muerte, ni luto, ni llanto ni dolor, porque el primer mundo ha pasado” (Ap 21, 4). Por eso, Juan, termina el libro invocando con palpitante expectación la venida definitiva del Señor: “Ven, Señor Jesús”. En ella se puede entrever la impaciencia por encontrar definitivamente al Señor, a quien los cristianos han consagrado toda su vida.

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Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española, en especial a las Religiosas Siervas de María Ministras de los Enfermos, a los fieles de distintas parroquias y asociaciones de España, así como a los demás peregrinos de Latinoamérica. Que vuestra peregrinación a las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo os confirme en la fe y en la caridad, y os ayude a superar con esperanza las dificultades y contrariedades sufridas por dar testimonio de Cristo. ¡Que Dios os bendiga!


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