CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 30 agosto 2006

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

El apóstol Mateo, autor del primer Evangelio y uno de los Doce elegidos por Jesús, es conocido como “el publicano” porque era cobrador de los impuestos. La primera reflexión que suscita este hecho es que el Señor acoge en su grupo a aquellos que, según la opinión de entonces, eran considerados como pecadores públicos. Cristo, en cambio, no excluye a ninguno de su amistad. El anuncio de la Buena Nueva consiste precisamente en esto: ofrecer la gracia de Dios al pecador. En la figura de Mateo se hace visible la paradoja de que, el que aparentemente está más lejano de la santidad, puede convertirse en un modelo de acogida de la misericordia de Dios. La respuesta inmediata de Mateo a la llamada de Jesús significaba para él abandonar todo, incluso lo que le suponía una ganancia de dinero seguro, aunque con frecuencia injusto. El Apóstol entendió así que el seguimiento de Jesús es incompatible con una actividad que desagrada a Dios, como es el caso de las riquezas injustas.

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Saludo cordialmente a los fieles de lengua española, en especial a los peregrinos de la diócesis de Orense con su Obispo, Monseñor Luis Quinteiro Fiuza, a los visitantes de Venezuela y de otros Países latinoamericanos. Os animo a imitar a san Mateo en su generosa e inmediata respuesta a la llamada de Cristo. ¡Muchas gracias por vuestra visita!


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