CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 20 septiembre 2006

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

Deseo compartir hoy algunos aspectos de mi reciente viaje a Baviera, mi país natal, para dar gracias a Dios por lo que en ella me ha concedido y para infundir esperanza en el porvenir, según el lema: “Quien cree nunca está solo”. Después de Munich, donde fui Arzobispo, he implorado la bendición de la Virgen María en su Santuario de Altötting. En Regensburg he encontrado a los estudiantes y profesores de la universidad, reflexionando sobre la relación entre la fe y la razón. Lamentablemente, en este contexto se ha producido un malentendido, al explicar que la religión no va unida a la violencia, sino a la razón. Mi verdadero pensamiento se desprende claramente también de otros pasajes, como cuando en Munich, con gran respeto por las grandes religiones del mundo, también por los musulmanes - que “adoran a un único Dios” -, he subrayado la importancia de respetar lo sagrado y la importancia del diálogo interreligioso y la colaboración común en favor del bien común, la justicia social y los valores morales. Finalmente, he encontrado a los sacerdotes y diáconos en la catedral de Freising, donde también yo fui ordenado presbítero.

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Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a las Carmelitas Misioneras que celebran su Capítulo General: que el Espíritu inspire en ellas el mejor modo de vivir su propio carisma. También a los grupos de las diócesis de Teruel-Albarracín y Huesca, acompañados de sus respectivos Obispos, así como a los Cadetes de la Armada Nacional de la Marina colombiana. Que la fe en el Dios de Jesucristo dé renovado vigor y esperanza a vuestras vidas.


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