CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 18 octubre 2006

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

El nombre de Judas Iscariote aparece siempre el último en la lista de los Doce junto con el hecho de su traición a Jesús. En cambio, los evangelistas lo presentan como apóstol a todos los efectos. La elección de Judas por parte de Jesús, así como su suerte eterna, permanecen para nosotros como un misterio insondable. Con todo, no nos corresponde a nosotros el juicio poniéndonos en el lugar de Dios, infinitamente misericordioso y justo. En cuanto a su traición, los evangelistas la explican como una cesión a una tentación del Maligno. Merece la pena observar cómo Cristo respeta siempre la libertad humana, sin forzar nunca la voluntad, quedando por tanto intacta la posibilidad de perversión por parte del corazón humano. El único modo de evitarlo consiste en entrar en plena comunión con Jesús, asumiendo su punto de vista sobre las cosas, es decir, aceptar lo que él mismo ha encarnado en su vida y en su muerte. El papel perverso que Judas ha desempeñado en la historia del Salvador, se inserta también en el misterioso proyecto salvífico de Dios como ocasión de la entrega total del Hijo por la redención del mundo. Después de la Pascua, Matías fue elegido para ocupar el lugar de Judas. De él sólo sabemos que fue testigo de la historia terrena de Jesús permaneciendo fiel hasta el fin.

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Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española, en especial a los diversos grupos parroquiales de España, así como a los peregrinos de México y de otros Países Latinoamericanos. Os animo a que, siguiendo el ejemplo de los apóstoles, deis un testimonio de Cristo cada vez más fiel y coherente, transmitiendo a otros la alegría de la fe y el amor. ¡Que Dios os bendiga!



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