CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 15 noviembre 2006

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

La enseñanza de san Pablo sobre el Espíritu Santo considera no sólo su dimensión dinámica y operativa que impulsa a la acción, sino también su presencia y su influjo sobre el “ser” mismo del cristiano, que caracteriza su identidad más profunda. En efecto, el cristiano ha recibido el espíritu de hijo adoptivo que lo pone en relación objetiva y original con Dios. Por otra parte, el Apóstol explica también que no existe verdadera oración sin la presencia del Espíritu en nosotros, que suple nuestra debilidad para pedir como conviene.

Pablo menciona el amor como primer fruto del Espíritu Santo, ya que él nos introduce en la misma vida divina, que es amor. Al mismo tiempo, puesto que el amor une, el Espíritu Santo es creador de comunión en la comunidad cristiana y en la relación con todos los hombres. Para Pablo, el Espíritu Santo es un don de Dios como garantía de la herencia futura. Su acción orienta nuestra vida hacia los grandes valores del amor, de la alegría, de la comunión y de la esperanza.

* * *

Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En especial a los fieles de diversas parroquias de México y a la delegación de la Academia Militar de la Armada Ecuatoriana, así como a los demás peregrinos de España y Latinoamérica. Os animo a ser dóciles a la acción del Espíritu Santo, que infunde el amor en los corazones para que podáis identificaros cada vez más con Cristo nuestro Señor.

¡Muchas gracias por vuestra visita!


© 2006 CEM :: CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO