CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 22 noviembre 2006

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

Pablo conoció inicialmente a Cristo por el testimonio de la comunidad creyente, como sucede también hoy normalmente. Su encuentro personal con Él en el camino de Damasco le transformó después de persecutor en miembro ferviente y defensor de la Iglesia.

Para el Apóstol, la Iglesia no sólo pertenece a Cristo, sino que en cierto modo se identifica con Él. En efecto, los miembros de la Iglesia son también como los miembros de Cristo mismo, que extienden su presencia personal en el mundo y reciben los diversos carismas, que han de contribuir a la edificación de una comunidad eclesial y a formar un sólo Cuerpo, un sólo Espíritu, según la vocación a la que han sido llamados (cf. Ef 4, 3-4). Pablo utiliza también la metáfora de la Iglesia como esposa de Cristo, indicando así la íntima relación de comunión y amor entre ambos. De este modo, la experiencia y la doctrina de Pablo es una constante invitación a toda la Iglesia para que sea el ámbito donde se viva intensamente la relación con Cristo y el cauce propicio para que todos lleguen a Él.

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Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a las Religiosas de la Compañía de Santa Teresa, a las Siervas del Hogar de la Madre, a los Antiguos Alumnos del Colegio Mayor San Pablo y a los demás grupos venidos de España, México y otros Países de Latinoamérica. Invito a todos a amar a la Iglesia y a vivir gozo en su seno la plena comunión.

Muchas gracias por vuestra presencia.

 

 


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