CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 6 diciembre 2006

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

Doy gracias al Señor por mi reciente viaje a Turquía, durante el cual me sostuvieron vuestras oraciones. Allí he insistido en la importancia del compromiso de los cristianos y musulmanes por la causa del hombre, de la vida, de la paz y de la justicia.

En el ámbito del diálogo interreligioso, al visitar la Mezquita Azul de Estambul, en silencio me he dirigido al único Señor, Padre misericordioso de toda la humanidad. Los encuentros ecuménicos han servido para consolidar las relaciones fraternas con los ortodoxos. En este sentido, he firmado con el Patriarca Ecuménico Bartolomé Primero una Declaración Conjunta. Asimismo me he reunido con la comunidad católica en la Casa de María, santuario tan querido también por los musulmanes, que acuden a venerar a la que llaman “Meryem Ana”, la Madre María.

He vuelto lleno de gratitud y afecto por los habitantes de aquella amada nación, así como por todos los musulmanes y la civilización islámica. Que Dios omnipotente y misericordioso ayude al pueblo turco, a sus gobernantes y representantes de las diversas religiones, a construir un futuro de paz, para que Turquía pueda ser un puente de amistad y colaboración fraterna entre Occidente y Oriente.

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Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, especialmente a las religiosas de María Inmaculada, a los numerosos fieles de distintas parroquias, cofradías y colegios de España, así como a los de América Latina. Pidamos al Espíritu Santo que haga fecundo este viaje apostólico y aliente la misión de la Iglesia, instituida por Cristo para anunciar a todos los pueblos el Evangelio de la verdad, de la paz y del amor.


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