CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 31 de enero 2007

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

Dedicamos la catequesis de hoy a tres colaboradores de san Pablo. Bernabé, que significa “hijo de la exhortación”, fue uno de los primeros judíos que abrazó el cristianismo. Con gran generosidad vendió un campo de su propiedad entregando el dinero a los Apóstoles para las necesidades de la Iglesia. Se hizo garante de la conversión de Pablo ante los cristianos de Jerusalén, que desconfiaban del antiguo perseguidor, y fue su primer compañero de misión. Participó con Pablo en el llamado Concilio de Jerusalén, en el cual se decidió que para ser cristiano no era necesaria la circuncisión.

Silas compartió con Pablo la evangelización en el ámbito cultural griego. Fue encargado de llevar las decisiones del Concilio de Jerusalén a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia.

Apolo, hombre culto, gran conocedor de las Escrituras y lleno de fervor, contribuyó no sólo a anunciar, sino también a profundizar en la naturaleza de la fe en Jesucristo. Pablo, apreciando su trabajo, reprocha a los Corintios que se dividieran en facciones, y les inculca que todos son colaboradores de Dios. Los tres dedicaron generosamente sus vidas a Jesucristo y a la difusión del Evangelio.

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Saludo cordialmente a los peregrinos de España y América Latina, especialmente al grupo de jóvenes universitarios de Chile, así como a los demás visitantes venidos de España, Argentina y México. Estos tres colaboradores de san Pablo nos enseñan a seguir fielmente a Cristo y ser testigos de la salvación que ha traído para todos los hombres.


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