CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 7 de febrero 2007

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

Priscila y Áquila era un matrimonio que desempeñó un importante papel al servicio de la Iglesia primitiva, colaborando estrechamente con el apóstol san Pablo, y llegando incluso a arriesgar su vida por él, como atestigua en su carta a los Romanos. Expulsados de Roma con todos los judíos, por orden del emperador Claudio, llegaron a Corinto donde acogieron en su casa al grupo de fieles que se reunían para las celebraciones litúrgicas, como era costumbre entre los cristianos. En verdad, gracias a la fe y a la entrega apostólica de testigos como Priscila y Áquila, el cristianismo ha llegado hasta nosotros. De modo particular, esta pareja nos demuestra cuánto es importante el compromiso de los esposos cristianos en la Iglesia. Además, nos enseñan cómo cada hogar se puede transformar en una pequeña iglesia, donde reine el amor cristiano y donde toda la vida familiar tenga como centro a Cristo.

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Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En especial, saludo a los peregrinos de la diócesis de Plasencia, con su Obispo Monseñor Amadeo Rodríguez Magro, así como a los demás grupos parroquiales de España y de Latinoamérica. Deseo saludar además al grupo de Policías locales de Valencia, que colaboraron en el gran Encuentro Mundial de las Familias. Os animo a todos a seguir el ejemplo de los primeros cristianos, y a ofrecer, en vuestra vida matrimonial y familiar, un testimonio coherente de amor a Cristo y de servicio a los demás. ¡Gracias por vuestra visita!


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