CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 14 de febrero 2007

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

Después de reflexionar sobre los testigos del cristianismo naciente, hoy nos referimos a las mujeres que tuvieron un papel importante en la difusión del Evangelio.

En la vida de Jesús sobresale la Virgen María que, como madre y discípula de su divino Hijo, lo siguió fielmente hasta la Cruz, colaborando de manera singular en la obra de la Redención. Hubo también otras mujeres muy cercanas al Maestro en su misión terrena, como la Magdalena, que lo siguió en la pasión y fue la primera en anunciar su resurrección a los demás Apóstoles y discípulos.

En las primeras comunidades cristianas, destacan algunas otras por la colaboración que prestaron a los Apóstoles o por los dones que recibieron del Espíritu Santo. Como dice San Pablo, en la Iglesia todos tienen la misma dignidad, sean esclavos o libres, hombre o mujer, y contribuyen al bien de la comunidad. Mucho tenemos que agradecer a las mujeres por su valiosa aportación a la vida y la edificación de la Iglesia viva.

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Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en especial a los niños de Irak atendidos en España por la Asociación Mensajeros de la Paz y a la Delegación de Profesionales Paraguayos, así como a los demás visitantes latinoamericanos. Invito a todos a dar elocuente testimonio de la fe y colaborar activamente en la construcción de la Iglesia, a ejemplo de las santas mujeres.

Gracias por vuestra visita.


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