CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 7 de marzo 2007

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

En la Audiencia General de hoy el Papa Benedicto XVI prosiguió la catequesis sobre los orígenes de la Iglesia, centrando su atención esta vez en los padres apostólicos. La Audiencia se celebró en la Sala Pablo VI y contó con la presencia de 16 mil personas.

El Santo Padre inició esta nueva etapa de la catequesis hablando de San Clemente, tercer sucesor de Pedro, después de Lino y Anacleto, a finales del primer siglo. Clemente, como atestigua Ireneo, Obispo de Lyon, había encontrado personalmente a los apóstoles y "tenía aún en sus oídos su predicación y ante sus ojos su tradición".

Autor de una famosa carta a los Corintios que "constituye el primer ejercicio del Primado Romano tras la muerte de Pedro", Clemente retoma "la dialéctica teológica perennemente actual entre indicativo de salvación e imperativo de compromiso moral" e invita a responder "al anuncio de la salvación con un camino generoso y valiente de conversión".

La carta da a San Clemente la posibilidad de describir ampliamente "la identidad de la Iglesia y de su misión" y recordando la liturgia de la antigua Israel, "desvela su ideal de Iglesia" donde "la neta distinción entre laico y jerarquía no significa una contraposición, sino la conexión orgánica de un cuerpo, de un organismo con diversas funciones".

Para el padre apostólico, dijo S.S. Benedicto XVI, "la Iglesia no es un lugar de confusión o anarquía sino (...) una estructura articulada donde cada miembro cumple su misión según su vocación (...) San Clemente subraya que la Iglesia tiene una estructura sacramental y no política. La actuación de Dios, que nos sale al encuentro en la Liturgia, precede nuestras decisiones y nuestras ideas".

En la "gran oración" final de la carta, asume una importancia particular, explicó el Papa "la invocación por los gobernantes" que "después de los textos del Antiguo Testamento representa la oración más antigua por las autoridades políticas" y contiene "una enseñanza que guía a través de los siglos la actitud de los cristianos frente a la política y al Estado".

Clemente escribe poco después de la muerte de Domiciano y de las persecuciones contra los cristianos que "incluso sabiendo que estas persecuciones habrían continuado, no dejan de rezar por quienes les habían condenado injustamente".

"Rezando por las autoridades Clemente no sólo reconoce la legítima autoridad de las instituciones políticas en el orden establecido por Dios, sino que también manifiesta su preocupación para que las autoridades ejerzan el poder con paz y mansedumbre. César no es todo. Hay otra soberanía, cuya origen y esencia no son de este mundo (...) la de la verdad, que ante el Estado tiene el derecho de ser escuchada".


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