CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 11 de marzo 2007

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

En este miércoles después de la Pascua, renuevo a todos mi felicitación pascual.

La liturgia de estos días recuerda los diversos encuentros de Jesús después de la resurrección y nos ayuda a profundizar en el significado de la Pascua. Así, sus apariciones nos enseñan que a Cristo se le reconoce cuando Él llama por nombre y entra por iniciativa propia en el corazón de cada uno; pero este reconocerlo no es volverlo a tener como antes, como si nada hubiera pasado y la Cruz no hubiera existido. Cristo no vuelve a la vida anterior, sino que entra en una vida realmente nueva, una vida gloriosa a la cual nos invita. La Pascua es un paso adelante, no un retorno.

Por eso no lo reconoceremos mirando hacia atrás, sino abriéndonos a la presencia nueva de Cristo en lo más íntimo nuestro ser, en el momento en que se hace pan compartido con nosotros, como ocurrió con los discípulos de Emaús. De este modo gustaremos la alegría de la Pascua y nos haremos gozosos portadores por todo el mundo de esa inefable noticia.

* * *

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en especial al grupo del Seminario de Pamplona, a la Agencia para la Reeducación y Reinserción, de Madrid, así como a los grupos de las diversas Parroquias y Colegios de España, y a los demás peregrinos de Argentina y otros países latinoamericanos. Invito a todos a dejar que Cristo resucitado entre en vuestros corazones y nazca así, en cada persona y en el mundo entero, la vida nueva que ha ganado para nosotros.

Gracias por vuestra visita y, una vez más, Felices Pascuas.


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