CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 29 de agosto 2007

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

San Gregorio de Nisa, nacido en el siglo IV, destaca en la historia del cristianismo como un pensador original y profundo, abierto a la cultura de su época. Elegido Obispo de Nisa, con su celo pastoral se ganó la estima de aquella comunidad. Participó en el Concilio de Constantinopla que definió la divinidad del Espíritu Santo. Con su aguda inteligencia defendió contra los herejes la verdad de la naturaleza divina del Hijo y del Espíritu Santo, así como la perfecta humanidad de Cristo. Gregorio compuso además varios tratados de doctrina espiritual en los que enseña el camino que lleva a la perfección. Afirmaba que en la creación no existe nada más grande y bello que el ser humano, creado por Dios como reflejo de la belleza divina. El hombre, purificando su corazón, puede volver a ser, como al principio, una limpia imagen de Dios. Enseñaba que la persona humana tiene como fin la contemplación de Dios, que se puede anticipar ya en este mundo a través de una vida espiritual cada vez más perfecta. Ésta es la lección más importante de san Gregorio Niseno: la plenitud del hombre consiste en la santidad.

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Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En particular, a las Siervas de María Ministras de los Enfermos, así como a los distintos grupos y parroquias venidos de España, El Salvador, México, y de otros países latinoamericanos. Os animo a que íntimamente unidos a Cristo en la Eucaristía y viviendo con espíritu de caridad, recorráis con alegría el camino que lleva a la santidad.

¡Que Dios os bendiga!

 

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