CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 12 de septiembre 2007

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

Mi reciente visita pastoral a Austria ha sido para conmemorar el 850 (ochocientos cincuenta) aniversario del Santuario de Mariazell, símbolo del encuentro entre los pueblos europeos y la fe cristiana. Allí hice un nuevo llamamiento a continuar el proceso de unificación europea sobre la base del patrimonio común de los valores cristianos. Siguiendo el tema central de la visita, exhorté a los fieles a mirar a Cristo con los ojos de María, para descubrir en Él a Dios Amor, que por nosotros se hizo hombre y murió en la cruz. Durante la Misa en la Catedral hablé sobre la importancia del domingo como el día que da sentido al trabajo y al descanso. En la Abadía Benedictina de la Santa Cruz subrayé el valor de la oración como alabanza y adoración a Dios. Por último, manifesté mi aprecio hacia las personas del voluntariado, que se entregan al servicio del prójimo, contribuyendo así a la construcción de la civilización del amor. En Viena y en Mariazell se hizo presente la realidad viva de la Iglesia en la Europa actual: una Iglesia que defiende la vida en todas sus dimensiones y etapas, y que continúa trabajando por la paz y por el verdadero progreso de la humanidad.

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Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En particular, a las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, a los peregrinos de la diócesis de Cádiz y de Querétaro, así como a los distintos grupos venidos de España, Argentina, Ecuador y de otros países latinoamericanos. Que vuestra visita a las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo renueve vuestra fe en Dios y acreciente vuestro amor hacia la Iglesia fundada por Cristo. Muchas gracias.

 

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