CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 3 de octubre 2007

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy nos centramos en la figura de san Cirilo de Alejandría. Era aún muy joven cuando fue elegido obispo de esa ciudad, que gobernó durante muchos años con gran energía. Luchó contra la predicación de Nestorio, obispo de Constantinopla, el cual, al separar en Cristo la naturaleza humana de la divina, le negaba a María el título de Madre de Dios. Cirilo, en cambio, predicaba con claridad que las dos naturalezas, humana y divina, están unidas en Cristo, sin ignorar la diferencia entre ellas, pero sin separarlas, de tal manera que hay un sólo Cristo, el Hijo de Dios, nacido de la Virgen. Nestorio fue condenado por el Concilio de Éfeso, donde se le reconoció a la Virgen el título de “Madre de Dios”. Entre los numerosos e importantes escritos de san Cirilo destacan los comentarios a varios libros de la Escritura, así como las obras dedicadas a defender la fe trinitaria y a subrayar la unidad del Verbo encarnado contra las tesis arrianas y de Nestorio. San Cirilo tuvo siempre como base de su enseñanza la tradición eclesiástica, sobre todo los escritos de san Atanasio, su predecesor en la sede de Alejandría, mostrando así la continuidad de su teología con la tradición.

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Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En particular, a los seminaristas de la diócesis de Jerez de la Frontera, con su Obispo, Monseñor Juan del Río, a los distintos grupos venidos de España, México, Costa Rica, Argentina, y de otros países latinoamericanos. Os animo a centrar vuestra vida en Cristo, Dios y hombre verdadero, y a dar un testimonio cada vez más alegre de la fe y el amor que alimentan vuestra existencia cotidiana. Muchas gracias.

 

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